15 de mayo de 2019
15.05.2019

Entrevista a Begoña Ibarrola, Licenciada en Psicología y autora de cuentos infantiles

«Cuando los niños ponen nombre a sus emociones, empiezan a poderlas manejar»

Begoña Ibarrola estará el próximo 25 de mayo en el evento Gestionando Hijos para hablar de la gestión de las emociones

15.05.2019 | 04:15
Begoña Ibarrola es muy conocida por sus cuentos infantiles para educar.

Begoña Ibarrola es Licenciada en Psicología, ha trabajado en centros educativos durante veinte años y es muy conocida por sus cuentos infantiles. Su primer libro, Cuentos para sentir: educar las emociones (que lleva ya 22 ediciones) incluye 46 cuentos que, como dice la autora, «de alguna manera ayudaron a muchos niños a superar situaciones personales difíciles y a manejar mejor su mundo emocional».

El 25 de mayo estará también en el Auditorio de la Diputación de Alicante (ADDA), en el evento de Gestionando hijos, para hablar de la gestión de las emociones.

- Begoña, se habla mucho de inteligencia emocional. ¿En qué consiste exactamente educar las emociones de nuestros hijos?

La educación emocional es fundamental para preparar a nuestros hijos a enfrentarse a los retos que la vida les depare. Educar las emociones significa enseñar lo que es la conciencia emocional para que los hijos se den cuenta de lo que sienten y aprendan a descubrir las causas de sus emociones.

Se trata también de ayudarles a desarrollar una sana autoestima. Comprender y mejorar su autocontrol o la regulación emocional para hacer frente a problemas y situaciones emocionalmente intensas y aprender a transformar estados emocionales negativos en positivos. Pero educar las emociones de los hijos implica también desarrollar en ellos la conciencia social y la empatía para comprender los sentimientos de los demás y tener relaciones interpersonales satisfactorias.

- ¿Sabemos enseñar a nuestros hijos a gestionar las emociones?

En general no hemos recibido una buena educación emocional, ya que el mundo de las emociones era dejado de lado, tanto en la familia como en la escuela. Pero los descubrimientos de la neurociencia sobre el cerebro nos aportan herramientas muy valiosas ahora a las familias para poder educar las emociones de nuestros hijos a la vez que los adultos aprendemos también a gestionarlas.

A medida que enseñamos a nuestros hijos a manejar su mundo emocional, les estamos dando recursos y estrategias para saber qué pueden hacer cuando se sientan enfadados o tristes o sientan miedo, qué potencial tiene esa tristeza, ese miedo o ese enfado, qué mensajes nos quieren dar esas emociones pero también cómo ayudarles a salir de esas emociones, que son legítimas pero que deben aprender a manejar.

- ¿Consideras que le damos la importancia suficiente a la gestión de las emociones?

Todavía no se conoce de forma generalizada la influencia que tienen las emociones sobre la conducta, el aprendizaje, incluso la salud. Poco a poco se publican libros, investigaciones y ya existe suficientes argumentos que apoyan la necesidad de una buena gestión emocional para potenciar el bienestar personal y social. Pienso que dentro de unos años nadie podrá comprender cómo en la escuela no se enseñaban esas habilidades tan importantes para la vida y el bienestar, pero estamos en el camino.

- ¿Qué consejos les darías a las madres y padres para tratar las emociones en casa?

En primer lugar, es necesario legitimar todas las emociones que sienten, tanto adultos como niños, acompañar a nuestros hijos en su alegría, consolarles cuando están tristes, entender sus enfados y aportarles herramientas para entrar en calma, comprender sus miedos y protegerles, a la vez que les animamos a enfrentarse a ellos. Nunca debemos ridiculizar ni reprimir sus emociones.

En definitiva, para ayudar a nuestros hijos a tener una buena gestión emocional, primero deben aprender a nombrar las emociones. Cuando ponen nombre a sus emociones, empiezan a poderlas manejar. Deben aprender a regular su expresión, es decir, a expresarlas de manera adecuada, sin reprimirlas pero tampoco haciendo daño a otros con su expresión.

Les tenemos que enseñar a entrar en calma y a manejar la frustración, un aspecto muy importante para el bienestar y que cada vez está menos presente en los niños, porque se la van a encontrar en su día a día y no la podemos evitar. Y por último, aprender a pensar en positivo y a ser resilientes. Todas las oportunidades de la vida, del día a día, pueden ser oportunidades para una buena educación emocional.

- ¿Las emociones se «contagian»? ¿Cómo afectan las emociones de los padres a las emociones de los hijos?

Sí, las emociones se contagian pero depende de la influencia y el poder personal, unas personas pueden tener más facilidad para contagiar a otras o dejarse contagiar por otras, en parte depende del nivel de conciencia que una persona tenga y de su atención. Los padres si ven con naturalidad las emociones y las expresan de forma adecuada están dando dos lecciones a sus hijos: por un lado, ven que es algo natural sentir emociones, adultos y niños, todo el mundo; por otro lado, se dan cuenta de cómo las expresan sus padres, y así ellos aprenden.

El problema surge cuando en la familia no se tienen en cuenta o se expresan de forma inadecuada. Entonces el aprendizaje más directo, que es a través del ejemplo, no se realiza correctamente. Por otra parte, si los padres disimulan constantemente o reprimen sus emociones le mandan un mensaje al hijo de que las emociones no se deben expresar o son algo molesto e inadecuado, promoviendo su represión y las consecuencias que de ello se derivan.

- ¿Cómo gestionamos nuestras emociones cuando el niño está en una rabieta monumental?

Una rabieta puede tener diferentes orígenes o ser la expresión de diferentes emociones, incluso es diferente y tiene diferente objetivo dependiendo del entorno donde se produzca. Hay que tener en cuenta que nuestro hijo lo está pasando mal y por tanto nuestra primera actitud debe ser de empatía para descubrir qué la está provocando. A veces está causada por una frustración, otras veces simplemente como reacción a una orden en un momento en el que el niño quiere demostrar a sus padres que no tiene por qué hacer lo que le digan, que es un signo, por otro lado, de su proceso de autonomía, perfectamente comprensible entre 2 y 3 años.

Pero en ocasiones está motivada por los celos, la frustración o incluso por el cansancio, o puede ser también una forma de llamar la atención del adulto. Por eso no se puede simplificar su abordaje, aunque hay unas claves importantes para los padres: la primera ya la he comentado, empatía; la segunda, no unirse a su caos, no dejarse llevar por las emociones de su hijo, sino mantener la calma, tranquilizarle y después ofrecerle contención, protección o atención, lo que necesite en ese momento, pero siempre con cariño.

Pero hay ocasiones en las que la rabieta está planificada y dirigida a llamar la atención o a conseguir algo. En este caso, debemos ignorar su conducta, dejar que se calme solo y después hablar con él para que comprenda que ese nunca va a ser el método para conseguir lo que quiere, o que así no va a conseguir nuestra atención.

Otra clave importante es aprender a gestionar nuestra vergüenza cuando la rabieta se produce en público, lo que suele ser muy a menudo, dado que piensan que así tendrán más oportunidades de tener éxito con su «actuación».

- ¿Qué mensaje les quieres dejar a los padres con tu ponencia?

Educar es siempre emocionante y generar un apego seguro y amoroso va a garantizar que el camino que se crea cuando son pequeños entre el corazón del niño y el del adulto, va a permanecer siempre abierto, a pesar de que pasen momentos de incomunicación o cierto alejamiento emocional.

La educación emocional de vuestros hijos es además un factor de protección contra muchos de los problemas de nuestro tiempo: estrés, ansiedad, depresión, consumo de drogas, suicidio, fracaso escolar, violencia, etc. Ya existen muchas investigaciones que lo demuestran, por eso merece la pena ayudarles a gestionar sus emociones mientras nosotros también aprendemos con ellos.

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