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  • 26
    Febrero
    2017

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    KUWAIT, EL PAÍS DEL SUPERLUJO

    Los vehículos más lujosos: Ferraris, Porsches, Rolls Royces; los rascacielos más imponentes, los centros comerciales con las firmas internacionales más exclusivas y joyerías donde el oro se vende como las pipas en España. Incluso se creen que el dinero todo lo puede y se han atrevido hasta a construir una réplica de una de las joyas de la humanidad: ¡el mismísimo Taj Mahal!  Parece jauja, aunque oficialmente se llama Kuwait.

    KUWAIT, EL PAÍS DEL SUPERLUJO

    Tres superdeportivos en las calles de  Kuwait

    Febrero 2017.  Llego a Kuwait, con su fama de país de jauja por la inmensa fortuna que genera el petróleo, ya que pese a su pequeño tamaño, con una superficie que apenas equivale al triple de la provincia de Alicante, su subsuelo almacena la sexta mayor reserva mundial de crudo. Lo primero que me llama la atención es que apenas veo árabes ya que la mayoría de gente con la que me cruzo se nota que son inmigrantes. No es nada extraño, pues resulta que en Kuwait, con sus casi tres millones de habitantes,  hay más extranjeros que nativos. Lo primero que se aprecia en la ciudad es la proliferación de elevados rascacielos, con sus imponentes fachadas cubiertas principalmente de acero y cristal.

    KUWAIT, EL PAÍS DEL SUPERLUJO

    Panorámica de algunos de los rascacielos de Kuwait

    Aunque los rascacielos te invitan a mirar hacia arriba, no se me escapa la vistosidad de los turismos y pronto veo estacionado en plena calle un llamativo Porsche. Aunque no soy un fanático de los deportivos, ni mucho menos, e incluso tengo alergia a la Fórmula Uno, me paro unos segundos para contemplarlo y pronto reanudo la marcha.

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    Un Porsche estacionado en plena calle 

    Apenas unos más y veo otro coche de esos que llama la atención por allí donde pasa, es nada menos que un Ferrari de color rojo que refulge con su impecable carrocería. Está estacionado frente a la torre Kipco, uno de los más bellos rascacielos del país, recubierto de vidrio,  y el tercero más alto, con 240 metros. Me acerco a ver el Ferrari y constato con asombro que a su lado están aparcados otros dos singulares modelos: un Porsche y un Aston Martin. “La madre que los parió”, me digo para mis adentros.

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    Un Bentley deportivo

    Para terminar, y ya sin más capacidad para la sorpresa, a unos metros me espera la guinda, que son dos flamantes Rolls Royce. Allí están, en plena calle, sin la menor precaución por parte de sus propietarios. Me imagino que ante tan abundante parque de vehículos de súper lujo no hay riesgo de sustracciones.

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    Un imponente Rolls Royce 

    Me dirijo a una casa de cambio, de camino a la zona comercial, para cambiar euros por la moneda local, el dinar. Menos mal que estoy advertido pues de lo contrario seguro que habría pensado que me han estafado, ya que por 50 euros apenas me dan 16 dinares. El cambio es correcto, pues la moneda de este país es, ni más ni menos, que la más cara del mundo, y tienes que dar más de tres euros para conseguir un dinar.

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    Los porsches menudean por la ciudad

    Son todavía las 5 de la tarde pero ya se está poniendo el sol y aunque se pueda pensar lo contrario, hace frío, especialmente por un viento gélido que ha rebajado la temperatura a menos de 10 grados. Eso sí, en verano se pueden alcanzar los 45 grados.  Me dirijo hacia el Zoco Mubarakiya, un laberinto de calles cubiertas, que protegen del frío y  del calor. Me sorprende lo bellamente iluminadas que están las calles y la limpieza y pulcritud de los comercios, agrupados por géneros y productos.

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    El zoco de Kuwait es ideal para las compras

    En la zona comercial y a las horas del atardecer ya abunda la población autóctona. El contraste es brutal, con mujeres kuwaitíes con el niqab que apenas le deja a la vista los ojos y las manos, y las inmigrantes y extranjeras que, por el contrario, lucen al aire  gran parte de su epidermis. El país, al igual que Dubai y los Emiratos, es muy liberal al respecto y deja que todo el mundo vista como quiera sin ningún problema.

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    El niqab confiere un aspecto sombrío a las mujeres

    Localizo un restaurante de pescado con buena pinta y precios asequibles y pido una dorada salvaje a la plancha. Mientras ceno constato que se hace el silencio en el restaurante cuando aparece un personaje en la pantalla del televisor con pinta de gerifalte. No entiendo nada pero al terminar pregunto al camarero, que habla inglés, y me comenta lo sucedido. Resulta que es otra de las suyas de Donald Trump, ya que no sólo ha dictado una orden para prohibir la entrada en Estados Unidos a ciudadanos de siete países musulmanes aunque dispongan de visado, sino que ha añadido que dicha medida la ha secundado también otros países árabes como Kuwait.

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    Fachada de dos bancos iluminadas con la bandera de Kuwait

    Las manifestaciones del gerifalte kuwaití en la tele, que es el ministro de Asuntos Exteriores, son precisamente para desmentir las palabras del nuevo presidente de Estados Unidos, ratificando que Kuwait no cierra la puerta a residentes de ningún país árabe.  Lo de Trump sería de chiste, pero tratándose de quién se trata, es más que preocupante.

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    Kuwaitíes con narguiles en una cafetería junto al mar 

    Tras la cena cojo un taxi para regresar al hotel y, al igual que casi siempre suelo criticar a los taxistas, esta vez tengo que reconocer todo  lo contrario, y es que si por lo general tratan de aprovecharse de los extranjeros, en esta ocasión no sucede lo mismo. Así, cuando estoy entrando en el hotel tras pagarle la carrera oigo que me llama y regreso extrañado al taxi. El conductor me dice que la cuenta no es correcta y lo primero que pienso es que me pide más dinero. Sin embargo, acto seguido me muestra el dinero que le he pagado y compruebo que en lugar de los dos billetes de un dinar que tenía que darle, me había confundido y le había dado un billete de uno y otro de cinco dinares, lo que supone casi 13 euros más. Me sorprende gratamente la honestidad del taxista y se lo agradezco con una propina.

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    La imagen del emir prolifera por todas partes

    Al día siguiente voy primero a la Gran Mezquita porque las visitas de la mañana para turistas  terminan a las 11. Por fuera no es nada del otro jueves pero el interior responde a mis expectativas y a las alabanzas generalizadas de que es una de las más bellas del mundo. El gobierno, presidido por un emir de la dinastía reinante, se volcó en su construcción, que se prolongó 7 años, hasta 1986, con un coste de casi 50 millones de euros. En la entrada me dicen que debo ir acompañado de un guía oficial y que lo espere en una especie de cafetería anexa, en la que me sirven un pequeño desayuno con té, galletas y zumo. 

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    La amplia sala de oración de la Gran Mezquita

    Llega el guía, un joven sirio que habla perfectamente inglés y que me explica los pormenores de la mezquita al tiempo que me indica que puedo hacer fotos de todo. Entre los puntos más destacados me quedo con la gran sala de oración y  una salita anexa inspirada en la  Alhambra de Granada. Cuando termino la visita el guía me invita a volver a la cafetería para otro té. Pido la cuenta y ante mi sorpresa me dicen que todas las consumiciones son gratuitas. Luego le pregunto al guía por su tarifa y me responde igualmente que su trabajo es gratuito y que tampoco admite propinas. Me marcho agradeciendo tanta gentileza y sin poder evitar comparaciones con las elevadas tarifas por las visitas a los templos en otros países que prefiero no citar.

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    Sala de la Gran Mezquita inspirada en la Alhambra de Granada

    Prosigo mi visita con un bonito palacio situado frente a la Gran Mezquita. Es una mansión utilizada ocasionalmente  por el emir de Kuwait para actos y recepciones especiales. Destaca especialmente su torre con reloj. Obviamente saco varias fotos del edificio y continúo mi marcha. Apenas unos instantes después escucho a un vehículo circular a toda velocidad y al volverme me inquieto  al comprobar que se para en seco justo a mi altura. Es un todoterreno del que bajan dos militares armados que se acercan a paso ligero hacia mí. Enseguida deduzco que vienen a pedirme explicaciones por las fotos. Miro alrededor y no encuentro ningún cartel que advierta de la prohibición de imágenes. Efectivamente, lo primero que me preguntan es qué estoy haciendo. A mi respuesta de que estoy contemplando el palacio me replican que está prohibido sacar fotos de todas las dependencias y palacios del Emir y me ordenan que borre todas las fotos del lugar. 

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    Rotonda con uno de los palacios del Emir al fondo

    Por supuesto que borro de la cámara todas las imágenes del palacio mientras soy estrechamente vigilado por los guardias,  aunque enfatizo en mi defensa que no hay ningún cartel indicando la prohibición. Acto seguido me reiteran que puedo fotografiar todo en la ciudad menos los aposentos del líder del país, y se marchan sin más incidencias, por lo que todo queda en un anecdótico incidente.  Lo que no saben es que también he utilizado el móvil para poder enviar una foto del palacio por whatsapp, que la sigo conservando y que es la que se reproduce a continuación.

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    Esta imagen está prohibida por ser una residencia del Emir

    Más tarde, paseando por el paseo marítimo llego hasta el flamante mercado de pescado, situado junto a la dársena de la flota pesquera integrada por los dhow, unos barcos a vela típicos de los países árabes a los que se les ha incorporado el motor.

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    Los dhow, barcos de la flota pesquera de Kuwait

    Como en todos los trabajos no administrativos de Kuwait la gran mayoría de los pescadores y vendedores de pescado son inmigrantes y es que las cifras son contundentes al respecto: del millón largo de mano de obra existente en el país más del 75 por cien son extranjeros. Por tanto, del casi millón y medio de nativos, apenas hay 300.000 trabajando y en más de un 90 por ciento son hombres. El resto deduzco que debe vivir de rentas. No es extraño que a la pregunta de qué hacen las mujeres, la respuesta sea “ir de compras a los centros comerciales cuando cae la tarde”.

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    Al Hamra, el rascacielos más alto, supera los 400 metros

    En efecto, ir de compras es la principal Actividad de ocio de los kuwaitíes, especialmente de los más adinerados, para lo cual tienen donde elegir ya que en Kuwait City y su entorno, que es la única gran aglomeración urbana del país, hay más de 30 grandes centros comerciales, lo que debe ser el porcentaje más elevado del mundo, incluyendo el de “Las Avenidas”, considerado uno de los más grandes del planeta, con más de 800 tiendas.

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    Centro comercial en el rascacielos Al Hamra, el más alto

    En casi todos ellos se localizan las firmas internacionales más exclusivas en moda, complementos y joyería. Visito alguno de estos centros y me asombro de cómo las mujeres, cubiertas casi totalmente con niqabs,  compran escotados modelos para lucirlos en la intimidad.

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    Las firmas más exclusivas en los centros comerciales de Kuwait

    Muy distinta es la vida de los inmigrantes, que se ocupan de todos los trabajos que requieren esfuerzo físico y que los kuwaitíes desechan.  Los salarios son miserables ya que en muchos casos no llegan a los 200 euros mensuales por alrededor de 48 horas semanales. Además no pueden obtener la nacionalidad del país incluso aunque se casen con una mujer nativa. Estos salarios, en un país con los alimentos muy caros ya que prácticamente todo es importado, es la otra cara de la moneda de la riqueza de Kuwait.

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    La Bolsa, símbolo de la riqueza del pequeño emirato

    Durante mi estancia de Kuwait vuelve a ser noticia de portada Trump en los diarios árabes porque varias multinacionales norteamericanas rechazan el boicot de su presidente a determinados países musulmanes. No es ninguna sorpresa, basta pasear por cualquier país musulmán, con sólo muy escasas excepciones, y se comprobará que son un inmenso negocio para firmas como Coca Cola, Starbucks, McDonald´s y un sinfín de negocios de bebidas, comida rápida y cafeterías, que son establecimientos que te encuentras por todas partes. Una medida recíproca de boicot de los países árabes a los productos USA provocaría una auténtica catástrofe económica a las grandes multinacionales, de ahí su rechazo a las medidas de Trump.

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    Concentración de rascacielos en el centro urbano

    El día siguiente lo dedico a contemplar los grandes e imponentes rascacielos. Empiezo por las Torres de Kuwait, que las tengo a apenas 500 metros del hotel y que son el icono del país. La principal de las tres torres alcanza los 187 metros de altura y tiene una gran esfera con restaurante y plataforma de visión giratoria.  

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    Las torres de Kuwait bellamente iluminadas

    Mucho más alta es la Torre de la Liberación, llamada así porque se completó cuando el país fue liberado por las invasoras tropas iraquíes de Sadam Hussein, en 1991. Tiene 372 metros de altura y también cuenta con plataforma de observación y restaurante giratorio pero en la actualidad están cerrados y no hay previsión inmediata de su reapertura.

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    La Torre de la  Liberación

    Una de las cosas más llamativas y positivas de Kuwait es la seguridad y tranquilidad que se respira por todo el país pese a que tienen “al enemigo al lado”, y nunca mejor dicho, ya que a sólo una hora en coche de Kuwait City, a 120 kilómetros, se encuentra la frontera con Irak, por donde en el año 1990 entraron las tropas invasoras y sometieron a todo el país hasta su liberación por las tropas internacionales siete meses más tarde, en la conocida como “Guerra del Golfo”.  No sólo tienen a Irak tan cerca, es que, me comentan que a apenas 200 kilómetros se localiza un bastión del Daesh, controlado por las tropas terroristas del Estado Islámico. 

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    El precioso rascacielos Kipco, el tercero más alto 

    Dejo para el final la visita a la réplica del Taj Mahal porque se encuentra a unos 20 kilómetros del aeropuerto internacional. La única forma de llegar hasta allí es en taxi. El recorrido me permite ver la sequedad de las tierras de kuwait, cubiertas en su inmensa mayoría por el desierto lo que obliga a construir torres para almacenar el agua en las pequeñas concentraciones urbanas que se esparcen por el país. A lo lejos se pueden observar las plataformas petrolíferas trabajando noche y día.

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    Torres para almacenar el agua para las poblaciones 

    Me llama la atención la reacción de consentimiento por parte de las autoridades indias por este plagio del Taj Mahal, muy distinta de las amenazas y denuncias a Bangladesh por otra imitación similar. La riqueza de un país y la pobreza del otro quizá sea la clave de la diferencia de trato.

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    La réplica del Taj Mahal construida en Kuwait

    En cualquier caso, el Taj Mahal de Kuwait es una edificación que para quien conoce la sublime obra original le parecerá un burdo remedo pero a quien la desconozca podrá parecerle un bonito templo. En fin, no es visita obligada ni mucho menos pero ya que estás en Kuwait no está de más acercarte y conocer esta curiosa copia.

    KUWAIT, EL PAÍS DEL SUPERLUJO Anochecer sobre el skyline de Kuwait

    TODAS LAS IMÁGENES DE MANUEL DOPAZO

     

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