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Ana María


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  • 29
    Octubre
    2019

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    Alicante

    El Envejecimiento y la Discapacidad

    En la actualidad, se calcula que el 15% de los ciudadanos de todo el mundo, es decir, alrededor de 1.000 millones de ciudadanos, sufren una o más minusvalías. Alrededor de más del 46% de los ancianos, es decir, los que tienen 60 años o más, padecen discapacidades y más de 250 millones de personas experimentan discapacidades de leves a severas.

    Mirando hacia el futuro, es posible que las tendencias globales en el proceso de envejecimiento de la sociedad y el aumento del riesgo de discapacidad en la tercera edad provoquen nuevos aumentos en la población que padece de discapacidad. Con los resultados de World Population Prospects: the 2015 Revisión (Naciones Unidas, 2015), el aumento del número de personas de edad ha sido considerable en los años recientes en la mayor parte de los distintos países y en la mayoría de las regiones, y se pronostica que ese incremento se acrecentará en los próximos decenios.

    Se estima que entre el año 2015 y 2030 se producirá un aumento del 56% en el censo mundial de la población de 60 años o más, de 901 millones a 1.400 millones de habitantes, y que la población mundial de personas de la tercera edad alcanzará los 2.100 millones de personas para el año 2050.

    Asimismo, el hecho de que las tasas de discapacidad más altas entre las personas de edad, como consecuencia de la acumulación de factores de riesgo para la salud a lo largo de una vida de enfermedades, traumatismos y dolencias crónicas, agravan las tasas más elevadas de discapacidad de las personas de más edad, hace un llamamiento a los países para que examinen y amplíen la complementariedad entre los discursos que se formulan sobre la cuestión de la vejez y de la discapacidad.

    El Envejecimiento y la Discapacidad

     

    Los minusválidos en el mundo entero se encuentran con una serie de barreras de actitud, medioambientales e instituciones que impiden su completa e igual implicación en todos los ámbitos de la vida. A su vez, los ancianos con discapacidad se hallan a su vez entre los más perjudicados, enfrentándose a nuevas limitaciones de edad en la sociedad.

    La tarea de promover y defender los derechos y la dignidad de las personas ancianas y promover su completa integración en la sociedad es un elemento integral de la consecución de los objetivos del Programa de Desarrollo Sostenible de 2030, en el cual se proclama que no se abandonará a ninguna de las personas de edad avanzada.

    Las Metas de Desarrollo Sostenible (MDS) del Programa 2030 incluyen referencias específicas a la tercera edad y a las de las personas con discapacidad en cuanto a la reducción de la pobreza, la salud y el bienestar, el trabajo digno y el desarrollo de la economía, y la sostenibilidad tanto de las ciudades como de las comunidades, en la medida en que el crecimiento y la sustentabilidad de las urbes no se alcanzarán si no se hace de manera y consciente, y de una forma intencional, la mayor cantidad de personas mayores, ya sean las que tienen o no una discapacidad. Es una plataforma fundamental para que los países se ocupen de las consecuencias interrelacionadas del problema del envejecimiento y la discapacidad a escala global, pero hay que explorar, comprender e incorporar plenamente las posibilidades y los retos en los programas y en las políticas de desarrollo y los programas sociales de los países.

     

    El Envejecimiento y la Discapacidad

     

    A la vez que la esperanza de vida en general se incrementa, es de prever que los individuos con discapacidades que llegan a la tercera edad contribuyan al aumento general de la población de las personas de la tercera edad con incapacidades.

    Esto resalta la importancia de que los gobiernos de los países apliquen un planteamiento a mayor plazo a la hora de invertir en la planificación, el diseño-construcción de sus ciudades, con el objetivo de asegurar la integración y la posibilidad de acceso al medioambiente, con el objetivo de crear una sociedad que satisfaga las necesidades y las capacidades de los diferentes sectores de la población.

    Esto demuestra una evidente y necesaria tarea de comenzar a formular políticas y los programas relativos al proceso de envejecimiento teniendo en consideración los elementos transversales que existen entre la tercera edad y la discapacitación y la manera en que la sociedad puede asegurar la eficacia de los programas y los mecanismos que han sido concebidos para hacer frente a las necesidades con que cuenta para hacer frente a las necesidades de una población que se hace mayor.

    Hay que deliberar sobre las consideraciones generales de política y seguir examinándolas en el marco de la evolución mundial en materia de población que envejece y un desarrollo que incluya a los discapacitados.

     

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