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José Antonio Martínez Perallón

Fan incondicional de todas (o casi todas) las expresiones de cultura popular y conocedor de numerosos datos que queda bien repetir, aunque puede que no valgan para nada.

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Una mirada a las series por las que debes dejarte atrapar y de las que debes evitar.


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  • 22
    Agosto
    2019

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    Alicante TV

    Mindhunter no necesita a Charles Manson

    Mindhunter no necesita a Charles Manson

    La aparición del sociópata Charles Manson en Mindhunter era uno de los principales alicientes para su segunda temporada. Casi parece premeditado que la nueva entrega de esta serie de Netflix haya llegado casi dos años después del estreno de la primera y casi coincidiendo con el estreno de Érase una vez en Hollywood de Quentin Tarantino en la que el mismo actor de la serie interpreta al asesino en serie. Sin embargo, la presencia de Charles Manson en ambas ficciones se ha quedado reducida a la mínima expresión y tampoco es que Mindhunter lo necesitara mucho. La investigación de un pederasta asesino de niños en Atlanta durante los años 80 es el eje de esta segunda temporada, en una trama que empieza poco a poco y va a más, hasta brindarnos un episodio final de casi hora y media de duración vibrante y que mantiene la tensión hasta el final.

    Aquellos que hayan visto la película de Tarantino, ya sabrán que la aparición de Charles Manson es casi anecdótica. Sólo unos segundos en pantalla, ya que en la mesa de montaje se quedaron muchas de sus escenas. Sin embargo, su sombra está bien presente durante el filme. Las actividades de su grupo de seguidores son una parte esencial del argumento. Damon Herriman repite el papel del líder del culto asesino en Mindhunter y es a uno de los dementes a quienes los agentes Ford y Tench van a entrevistar a prisión. Hay que recordar a quienes no hayan visto la serie de Netflix, que los personajes principales forman parte de una nueva unidad del FBI que se dedica a elaborar perfiles de asesinos en serie, a fin de elaborar perfiles que ayuden en la identificación y detención de estos depredadores. En sus entrevistas hurgan en la mente de estos psicópatas para ver qué tienen en común y cómo identificar a uno. Si en la primera temporada, la interpretación de Cameron Britton como el asesino múltiple Ed Kemper fue uno de los platos fuertes; en la segunda debía ser Manson. Pero los protagonistas poco sacan en claro de su entrevista con el líder de la banda que asesinó a Sharon Tate.

    Manson, que no mató a nadie con sus propias manos ya que usaba a sus seguidores para hacerlo, usa el encuentro con los agentes para soltar su perorata y dar poco menos que un mitin de su perturbadora ideología. Eso sí, a los protagonistas les sirve para contarlo entre sus batallitas. "¿Entrevistaste a Manson? Que interesante, cuenta, cuenta". Porque en la segunda temporada de Mindhunter, lo de las entrevistas en la cárcel para ir acumulando perfiles parece que es algo del pasado. Es la hora de poner en la práctica todo lo que aprendieron en la primera temporada para la investigación de un asesino real. Esta vez tienen la facilidad de que el equipo cuenta con nuevo jefe, un superior que sí que cree en el trabajo que hacen y está dispuesto a darles los medios que necesiten para que lleven a cabo su labor. Por cierto, que vuelven a coincidir en pantalla Michael Cerveris y Anna Torv tras el final de Fringe. El calvo y Olivia, juntos de nuevo.

    Como decíamos, es la historia de la caza y captura de un asesino en serie en Atlanta el eje del argumento de esta segunda temporada y que se dedicó a matar a niños de color, dejando un reguero de veinte víctimas mortales que conforme iban apareciendo, iban encendiendo los ánimos en la comunidad convirtiéndose en un problema racial. ¿Es la guerra racial que quería provocar Manson? La comunidad negra estaba convencida de que tras los crímenes estaba la mano de Ku Klux Klan. Sin embargo, el perfil que ha elaborado Holden Ford (Jonathan Groff) apunta a que el asesino es de procedencia afroamericana. La polémica racial está servida y la política no tarda en meterse por medio. La identidad del asesino no se revela hasta el último episodio, en el que asistimos a todo un juego del gato del ratón entre los agentes y el sospechoso. La historia está contada desde el punto de vista de Ford y por tanto vemos que él está convencido de que Wayne Williams es su hombre. A pesar de que éste se encuentra hoy en día cumpliendo condena por los asesinatos, lo cierto es que sólo le pudieron imputar dos de los crímenes. Y la serie nos cuenta sin tapujos que la investigación estaba un poco cogida por los pelos. Así que deja en el aire las inquietantes preguntas de si verdaderamente se cogió al asesino de niños o si se detuvo a un cabeza de turco para acallar a las masas indignadas. Ford insiste en que el detenido es el asesino y que se ajusta al perfil. Pero lo cierto es que las dos únicas víctimas por las que fue a la cárcel nada tienen que ver con el perfil que se elaboró. Mindhunter no duda en mostrarnos tanto los puntos fuertes de la investigación, como aquellos donde más cojeaba, dejando al criterio del espectador si Williams es o no el asesino. Al más puro estilo true crime.

    Como ha venido haciendo desde su primer episodios, Mindhunter sigue ofreciendo retazos del próximo enemigo a quién se enfrentará esta unidad: un tipo bastante inquitante y que podría ser el asesino apodado BTK. Las siglas corresponden a las palabras bind, torture y kill (atar, torturar y matar). El asesino estuvo actuando durante décadas y burlando a las Fuerzas de Seguridad, pero llegó a estar inactivo durante más de 15 años. No fue atrapado hasta el año 2005. El mismo ego que muestran los asesinos a los que entrevistan Tench y Ford a lo largo de la serie es precisamente el que causó la caída de BTK, cuando los periódicos empezaron a recordar los crímenes sin resolver que había dejado a sus espaldas y que nadie se acordaba ya de él. El intento por salir del olvido llamando anónimamente a la prensa y enviando pruebas de sus trofeos acabaron sembrando el camino que llevó al FBI hasta él. Sin embargo, hay rumores de que esta serie, al igual que GLOW, está en la cuerda floja de Netflix y que podría ser complicado que viéramos una tercera temporada. Por lo que toda esta trama podría quedar en agua de borrajas. La serie estaba planificada para tener un total de cinco temporadas. No sé si es la propia Netflix la que lanza estos rumores para testear cuál es la reacción de los fans. De todas maneras sería otra cancelación injusta. Mientras este mismo viernes la plataforma estrena la totalmente innecesaria tercera temporada de Por trece razones. El streaming también tiene sus injusticias.

     

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