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José Antonio Martínez Perallón

Fan incondicional de todas (o casi todas) las expresiones de cultura popular y conocedor de numerosos datos que queda bien repetir, aunque puede que no valgan para nada.

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Una mirada a las series por las que debes dejarte atrapar y de las que debes evitar.


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  • 30
    Agosto
    2018

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    Alicante TV

    Heridas abiertas, ¿un nuevo True Detective?

    Heridas abiertas, ¿un nuevo True Detective?

    El final de Heridas Abiertas (Sharps Objects) el lunes en HBO pilló a más de uno descolocado. Un puñetazo en la mandíbula que nos dejó en estado de shock y en el que, si uno se perdía unos pocos segundos, no habría entendido nada. Aunque a la mitad de la temporada a algunos se les hizo la trama cuesta arriba, en el episodio final se pisaba el acelerador. El desenlace ha confirmado que Heridas Abiertas es todo un serión y uno de los mejores estrenos de este año. HBO ha esperado al verano para su emisión, como esos libros que nos guardamos para disfrutarlos durante las vacaciones. La serie nos ha tenido en vilo durante todo el periodo estival para, semana a semana, ir contándonos los misteriosos asesinatos de adolescentes en el decadente pueblecito sureño de Wind Gap y visitando la atormentada mente del personaje que interpreta Amy Adams

    Para aquellos que esperan la segunda temporada de Big Little Lies, éste era uno de los mejores sucedáneos que iban a poder encontrar para calmar el mono. Las dos series cuentan con el mismo equipo creativo, están protagonizadas por un grupo de mujeres y son adaptaciones literarias de alta calidad. Jean-Marc Vallée es el director de todos los episodios, como ya hizo en Big Little Lies y se rodea del mismo equipo creativo de entonces, lo que garantizaba una continuidad de estilo. Susan Jacobs se ha vuelto a encargar de elegir la banda sonora. Los títulos de crédito de cada episodio son diferentes versiones de la canción de Franz Waxman para la banda sonora de la película Un lugar en el sol (1951). La base literaria en la que se apoya la serie es el libro de Gillian Flynn (autora de Perdida) con guión de Marty Noxon, que en el catálogo de Amazon tiene ahora mismo  Dietland. Al frente del reparto, una estrella de la gran pantalla como Amy Adams, en el papel de la atormentada protagonista; la veterana Patricia Clarkson, como la opresiva madre; y la joven Eliza Scanlen, en el papel de hermana pequeña y rebelde adolescente. De toda esta mezcla, cabría esperar otra serie que tuviera el mismo tono que Big Little Lies. Sin embargo, las sequoias y las playas que rodeaban al pueblecito californiano de Monterrey, se convierten aquí en los pantanos y la opresiva atmósfera sureña de Wind Gap. A muchos nos gustaría vivir en Monterrey. Los oscuros secretos de Wind Gap nos invitan a marcharnos, como su protagonista hizo años antes de que arranquen los hechos de la trama. En Big Little Lies había un hueco para la esperanza, en Heridas Abiertas estamos ante una historia mucho más oscura. Hasta el punto de que tiene más en común con otra de las incunables series de la HBO: True Detective.

    Amy Adams interpreta a una periodista con problemas con el alcohol enviada a su pueblo natal por su redactor jefe a cubrir unos macabros sucesos en torno a adolescentes desaparecidas. La experiencia será una forma de enfrentarse a las viejas heridas del pasado y que aún no se han cerrado. Las imágenes de su adolescencia vuelven a ella una y otra vez para seguir doliendo. Un trauma que nace de la muerte de su hermana y de la tormentosa relación con su madre. En el reencuentro con ella al volver a casa, casi se podría decir que cuelgan los carambanos de hielo del techo. La relación ha sido tan inexistente que durante su estancia crea un vínculo con su hermana pequeña, con quien apenas tuvo trato desde que se marchó. Salvarla del asesino se convierte para Camille en una especie de segunda oportunidad por la otra hermana que perdió. Mientras que el Rust Cohle que interpretaba Mathew McConaughey en True Detective tenía un cierto aire de superioridad moral a pesar de su dolor, el personaje de Camille se ve directamente como un guiñapo y con la autoestima por los suelos. Todo en su vida personal es un desastre, mientras que las viejas amigas de la infancia al reencontrarse con ella la miran por encima del hombro por el hecho de no haber sido madre todavía. Hay que esperar unos cuantos capítulos para comprobar cuán profundo es su dolor. La investigación de los asesinatos da pie a los autores para tocar otros temas y mostrar cómo la aparente tranquilidad de ese pueblo de la América profunda donde nunca parece pasar nada, esconde una realidad mucho más turbulenta. 

    La historia arranca con fuerza pero sí que es cierto que va perdiendo fuelle hacia la mitad de la temporada. La trama se enreda en una extensa maraña para presentar a posibles sospechosos, cuando en realidad lo que queremos es saber más sobre Camille y su tormentoso pasado, los continuos enfrentamientos con su madre y los juveniles intentos de rebeldía de su hermana. Un apasionante juego de quién controla a quién y que estallará con un giro inesperado cuando en el último episodio conozcamos la identidad del asesino. El final deja alguna que otra pregunta sin respuesta, motivo por el que algunos ya se aventuran a ver la posibilidad de que haya una segunda temporada. Una revelación final similar a la de la aparición del picahielos bajo la cama de Sharon Stone en el desenlace de Instinto Básico. En aquella ocasión, aún había quien tenía dudas a pesar lo explícito de la imagen. Aquí no se andan con ambigüedades, y hay una escena en mitad de los títulos de créditos finales en las que con cuatro planos se dice lo que había que decir. Es cierto que se insinúa la posibilidad de la existencia de una nueva víctima más del asesino, pero francamente no creo que ese cabo suelto justifique una nueva temporada. El desenlace es tan desolador el del clásico de Alfred Hitchcock, Vertigo. Camille, como James Stewart en aquella película, nunca podrá superar sus traumas tras creer haber alcanzado un pequeño atisbo de felicidad.

     

     

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