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José Antonio Martínez Perallón

Fan incondicional de todas (o casi todas) las expresiones de cultura popular y conocedor de numerosos datos que queda bien repetir, aunque puede que no valgan para nada.

Sobre este blog de TV

Una mirada a las series por las que debes dejarte atrapar y de las que debes evitar.


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  • 12
    Diciembre
    2019

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    Alicante TV

    Foodie Love o la gastronomía en los tiempos de Tinder

    Foodie Love o la gastronomía en los tiempos de Tinder

    Isabel Coixet, una de nuestras cineastas más internacionales, ha tenido el honor de ser la responsable de la primera serie de ficción española de HBO. Foodie Love es una comedia romántica con toques de gourmet, que dejará más que satisfechos a los seguidores de la directora, pero que podría indigestar a sus detractores. Sobre el papel, la primera serie de ficción española de HBO iba a ser Patria, adaptación de la novela de Fernando Aramburu, pero su estreno ha venido aplazándose y finalmente parece que en mayo de 2020 la esperada serie verá la luz. Puede que Foodie Love tenga menos pretensiones y levante menos callos que Patria, pero al menos es un prometedor aperitivo de una apuesta por la calidad. La clásica historia de chico conoce a chica, aderezado con los mejores platos y en la que aborrece a aquellos instragamers que fotografían su comida y no la disfrutan. Puede que sean problemas del primer mundo, pero la serie no engaña nadie y, en el fondo, a esto es a lo que habíamos venido. Tampoco Foodie Love es estrictamente la primera serie española de la plataforma, porque este verano tuvimos El Pionero, el reportaje al estilo true crime que nos repasaba la biografía del polémico, Jesús Gil. Por eso recalcaba lo de que es la primera serie española de ficción. Por cierto que Amazon también se ha sumado a esto de las series producción española con una dedicada a la vida de Hernán Cortés.

    Laia Costa y Guillermo Pfening interpretan en Foodie Love a una pareja a la que ha unido el algoritmo de aplicación de citas para amantes de la gastronomía. No sabemos sus nombres. Para nosotros son simplemente ella y él y generan la química suficiente en sus diálogos para tenernos enganchados a todos sus encuentros. Entre sobremesa y sobremesa, asistimos a la experiencia de su enamoramiento. Ambos superan ya la treintena y todavía albergan las cicatrices y el dolor de pasadas relaciones que no terminaron bien. Por eso se enfrentan a sus citas con miedo a entregarse fácilmente a la otra persona, pero estimulados por los prometedores nuevos sabores que insunúan ante ellos. Conforme se van sucediendo las citas, el hielo se va derritiendo y las barreras entre ellos van cayendo. A golpe de emoticono también vemos algunos de sus pensamientos y reacciones a lo largo de sus conversaciones. 

    Cada episodio va simbolizando los distintos estadios por los que atreviesa su relación. Es inevitable que el primero de todos sea el del café. Ese momento en el que dos desconocidos empiezan a dejar de serlo mientras comparten una taza del mejor expreso con toques cítricos. Para la segunda cita, pasamos del café a la copa y la pareja protagonista disfruta de los mejores cócteles en un peculiar local que regenta un personaje interpretado por Yolanda Ramos y que es uno de los cameos más destacados de la serie. En la tercera, pasamos a la tapa y la caña del bareto de toda la vida antes de irse a disfrutar del ramen japonés. Esto es la nada disimulada admiración por la comida japonesa de Coixet. Todavía estamos en los prolegómenos y el cuarto episodio es el primero de la serie en el que los protagonistas no están juntos. Él está en Italia por trabajo, donde se le presenta la tentación de irse con un antiguo amor; y ella está en su casa en Barcelona, víctima de la gripe. En una escena que podríamos equiparar al sexo virtual, él antes de irse al coite seguro y ya conocido, prefiere elegir la novedad y se adentra por Roma en busca del mejor helado de toda Italia, siguiendo las indicaciones que por teléfono le da de su futura amante. Ya ha elegido.

    Puede que sea un spoiler, pero el momento más esperado no llega hasta el quinto episodio. La noche de la experiencia gastronómica definitiva en la que a la pareja protagonista le espera un elaborado menú degustación de la mano de uno de los restaurantes más prestigiosos de la nueva cocina en Barcelona. Es la velada en la que los dos deciden desprenderse de sus barreras y por fin van a consumar la relación. Irónicamente, en su camino, cuando se dirigen a casa, se interpone el atropello de un repartidor de comida a domicilio por un conductor que se da a la fuga. ¿Un guantazo de realidad frente a la burbuja en la que ambos viven? Precariedad y comida callejera frente a sus vidas sin apreturas económicas y con manjares selectos. La que iba a ser la velada perfecta, se la pasan en Urgencias interesándose por el repartidor herido. A pesar de todo, sí que consuman la relación. En el episodio siguiente amanecen juntos y compartiendo desayuno. La experiencia gastronómica gira esta vez en torno al cruasán, uno de los bollos imprescindibles para alguno en la primera comida del día.

    El séptimo capítulo es el segundo que transcurre fuera de Barcelona, tras el periplo por Italia. Es el primer viaje de la pareja a un restaurante del sur de Francia, concretamente a Montolieu. Para su sorpresa descubren al llegar que el local está cerrado por reformas. La moraleja de este argumento es que los mejores planes son aquellos que no tienes programados. El episodio final lleva por título "Una ofrenda de tabaco, cerceza y chocolate". No contaré el desenlace, pero mucho me temo que todos estos productos se refieren a esas experiencias culinarias que se utilizan como sustitutivas del sexo. ¿Hemos llegado a la crisis definitiva de la pareja? ¿Se atreverá Coixet a volver a retomar sus historias?

     

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