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José Antonio Martínez Perallón

Fan incondicional de todas (o casi todas) las expresiones de cultura popular y conocedor de numerosos datos que queda bien repetir, aunque puede que no valgan para nada.

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Una mirada a las series por las que debes dejarte atrapar y de las que debes evitar.


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  • 06
    Mayo
    2017

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    Alicante TV

    Feud ajusta cuentas con el Hollywood clásico

    Feud ajusta cuentas con el Hollywood  clásico

    HBO España ha terminado de emitir esta semana al completo la primera temporada de Feud, la nueva serie de Ryan Murphy que cada año se dedicará a explorar rivalidades célebres. Para estos episodios, el showrunner más cotizado de la Fox ha dirigido su mirada al conflicto entre dos grandes divas del Hollywood clásico en el ocaso de sus carreras: Bette Davis y Joan Crawford durante el rodaje de Qué fue de Baby Jane. El propio título lo dice todo, porque la traducción de la palabra inglesa Feud al castellano es enemistad. Posiblemente se sentirá decepcionado aquel que sólo espere encontrar a dos viejas brujas sacándose los ojos. Feud no se recrea en el momento en que Bette empujó por las escaleras a Joan, ni en la preparación del estofado de rata, por citar dos célebres momentos de la película. Feud no es una serie de peleas sensacionalistas, sino que su argumento ha servido a Ryan Murphy para ajustar cuentas con el Hollywood clásico y reivindicar a las dos estrellas. La serie nos cuenta cómo la llamada Meca del cine trataba y sigue tratando a sus actrices maduras. Tirándolas a la basura como juguetes rotos y convertidas en una patética caricatura de lo que fueron en sus días de esplendor. Feud es la historia de dos veteranas estrellas en el inicio de su decadencia y que se resisten a permanecer con la etiqueta que el sistema les ha dado.

    ¿El enfrentamiento de las dos divas era real o postureo para vender más entradas o más periódicos? A lo largo de la serie queda claro cómo ambas fueron manipuladas y manejadas como marionetas para alimentar la hoguera del odio mutuo. Que se tiren de los pelos, mientras nosotros nos forramos. Para ellas era un constante desgaste emocional, mientras para el resto, sólo entretenimiento. En el último episodio, no tenemos una gran pelea climática entre las dos rivales. El final es anticlimático en un conflicto que se prolongó de manera absurda durante años. Sólo nos queda un regusto amargo y una sensación de vacío ante la inmensa soledad en la que ambas acabaron sus días. La moraleja es que las dos hubieran podido ser amigas, sin que tuvieran la oportunidad de perdonarse.

    Ryan Murphy parece alejarse de sus habituales histrionismos y bebe de los mejores clásicos para mostrarnos cómo era la meca de del cine durante los años 60. Un gran reparto, una gran ambientación y una enorme banda sonora que la colocan dentro de esa lista de series que hay que ver. El gran reclamo de Feud es el duelo interpretativo de dos estrellas de la talla de Jessica Lange, como Joan Crawford, y de Susan Sarandon como Bette Davis. No es la primera vez que Lange y Ryan Murphy trabajan juntos, ya que ella fue la musa del showrunner durante las cuatro primeras temporadas de American Horror Story. Con Feud, Murphy ha conseguido otra serie que sin duda será tan premiada como American Crime Story

    El reparto femenino se completa con otros pesos pesados de la pantalla como Catherine Zeta-Jones, como Olivia de Haviland; Kathy Bates, también reclutada para otras series de Murphy, que aquí interpreta a la actriz Joan Blondell; y Judy Davis, habitual del cine de Woody Allen, en el papel de una veterana columnista sobre chismes de Hollywood. Los aficionados a las series reconocerán a otras dos actrices del reparto. Una de ellas es Allison Wrigth, que se ganó un hueco en el corazón del seriófilo en su papel de Martha en The Americans, y que aquí interpreta a Pauline Jameson, la eficiente secretaria del director. La otra es Kiernan Shipka, quien fuera hija de Don Draper en Mad Men, que aquí encarna al adolescente retoño de Bette Davis. Otra presencia destacada es la de Jackie Hoffman, que da vida a Mamacita, la inseparable y fiel asistenta de Joan Crawford.

    Entre las estrellas masculinas del reparto están Alfred Molina, como Robert Aldrich, el director de la película que enfrentó a las dos divas, y Stanley Tucci, como Jack Warner, el jefe del estudio. A lo largo de los ocho episodios de la temporada, el cinéfilo podrá reconocer a grandes estrellas de la época, interpretados por actores que hasta tienen cierto parecido físico con ellos, como Gregory Peck, Joseph Cotten, Marilyn Monroe, Frank Sinatra, Ann Bancroft o Lee Remick. Los planos de la serie son cine puro, con secuencias que beben tanto de Alfred Hitchcock como de El Crepúsculo de los Dioses de Billy Wilder. Al fin y al cabo, el destino de las dos estrellas no es muy diferente al de Norma Desmond que inmortalizó Gloria Swanson. Por su parte, la excelente banda sonora no sólo se nutre de algunas de las canciones más conocidas de la época, sino que la partitura de Mac Quayle (otro habitual en las series de Murphy) se inspira en el trabajo de otros compositores clásicos del cine como Bernard Herrmann y Henry Mancini. La secuencia de los títulos de crédito te deja rendido desde el primer momento y es un homenaje al trabajo del legendario Saul Bass. 

    Posiblemente Joan Crawford y Bette Davis hoy podrían haber continuado en las series de televisión sus carreras como actrices. La televisión es el medio en el que hoy muchas actrices pueden continuar con sus carreras, cuando dejan de llegarles papeles en cuanto aparece la primera arruga. Por el contrario, los hombres pueden seguir haciendo de galanes en la gran pantalla, con independencia de la edad y sin que nadie se lo cuestiones. En la época de los dos grandes divas, la televisión era una medio totalmente denostado. La pequeña pantalla era una especie de cementerio de elefantes a donde iban a parar todos aquellos que estaban acabados. En cierta manera puede que siga siendo así, pero hoy ha recuperado el prestigio crítico que no tenía entonces. En los 60, había toda una generación de legendarias estrelllas en el ocaso de sus carreras que eran relevadas por otros artistas más jóvenes. Joan Crawford y Bette Davis se resistieron a que las guardaran en el armario a acumular polvo y pretendieron relanzar su actividad profesional con Baby Jane. Lo que debía ser una sana rivalidad por ver quién lograba la mejor interpretación, se acabó convirtiendo en una guerra sucia y una lucha de egos, alimentada por la prensa y por el estudio, conscientes de que a mayor polémica más ventas.

    En Feud vemos a muchos más personajes que pretenden salir del rol en el que el sistema pretende que se queden. Bette y Joan luchan por mantenerse en el estrellato con la duda de si cada trabajo que les llega acaso no será su útlima interpretación. Robert Aldrich quiere sacarse de encima la etiqueta de director de películas de bajo presupuesto y dirigir trabajos más dignos. Mientras que su secretaria Pauline intenta romper moldes y convertirse en directora, un trabajo que los grandes estudios tenían vetado para las mujeres.

     

    En una escena de Feud, el productor Jack Warner, se vanagloria de haber sido el creador de un nuevo género cinematográfico. Películas de terror en las que viejas estrellas de Hollywood son humilladas. Como Bette y Joan otras veteranas divas tenían que dejarse hacer todo tipo de perrerías  ante la cámara con la condición de poder seguir gozando de su huequecito en el firmamento de la fama. En el caso de Baby Jane, la rivalidad entre las dos consiguió que se creara una gran película. que trasmite una atmósfera opresiva y una enorme tensión al espectador.

    Sin embargo, después, las dos actrices continuaron con su guerra, mientras los estudios las seguían ninguneando y dándoles papeles bochornosos. La enemistad va mucho más allá de los momentos del rodaje y persistió en la promoción del filme, y hasta en la gala de los Oscar. Hasta hubo un intento de volver a reunirlas para repetir el éxito de Baby Jane que no pudo culminarse. Crawford fue reemplazada a mitad de rodaje por Olivia de Havilland en la película que en España se estrenó como Canción de cuna para un cadáver. En el caso de Crawford, su carrera agonizó con cine medio gore con cabezas de plástico cayendo por las escaleras o el terror barato de la Hammer con Trog, el troglodita encontrado por una expedición científica viviendo en una caverna. Feud demuestra cómo si se quiere puede haber grandes papeles para estas viejas estrellas. Tanto Lange como Sarandon se han dado cuenta del gran potencial para sus carreras que suponía esta serie y aparecen como productoras. Para la segunda temporada de Feud, Murphy nos promete la historia de la relación entre Carlos de Inglaterra y Diana de Gales. ¿Será un spoiler de la temporada final de The Crown? ¿Cuántos miembros del reparto repetirán en la segunda temporada?

     

     

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