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  • 13
    Marzo
    2018

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    Identidad y bien común

    A vueltas con la identidad

    Por sugerencia de un amigo he leído un escrito de Mark Lilla sobre los “liberales”, progresistas o socialdemócratas en América.   https://www.nytimes.com/2016/11/20/opinion/sunday/the-end-of-identity-liberalism.html

    El párrafo fundamental es una declaración de intenciones: «El liberalismo americano ha caído en una especie de pánico moral ante la identidad racial, sexual y de género que ha deformado su mensaje e impedido que se convierta en una fuerza unificadora capaz de gobernar».

    La razón de que la caída en el “identitarismo” sea nefasta para la izquierda, no es solo porque impide ser una fuerza capaz de gobernar, sino, a mi entender, por motivos políticos y éticos más profundos. Cuando se pierde de vista la globalidad, el bien común que decían los clásicos, para defender una parte de esa totalidad, bien sea una parte geográfica, personas de un color, de un sexo, de un origen determinado o de una sola extracción social, se está perdiendo la perspectiva global que debe ser lo fundamental de un programa político. Esta manía por la identidad no es garantía de progreso ni de solidaridad. Ejemplos no faltan, pues, como dice el artículo de Lilla, el Ku Klux Klan era y es un grupo identitario de extrema derecha que defiende la supremacía de la raza blanca.

    Mal vamos si en un programa de gobierno solo encontramos una lista de colectivos a los que favorecer. Seguro que en la lista siempre faltarán muchos que se pueden sentir excluidos. Una política progresista debe ser, antes que cualquier otra cosa, un proyecto de sociedad  y de futuro y no un conglomerado de favorcitos y promesas a pequeñas partes.

     

     

     

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