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Manuel Pamies Andreu

Colaborador de INFORMACIÓN durante más de tres décadas. Interesado siempre por lo que pasa alrededor.

Sobre este blog de Vega Baja

Torrevieja, ayer y hoy.


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  • 08
    Marzo
    2016

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    Alicante Vega Baja

    Un hecho insólito

     

    Ocurrió un hecho insólito. Fue cuando a la llamada de Manolo, el patriarca del triunvirato de «Los Cabesotes», se congregaron unas quince personas para dar cuenta de unos gazpachos manchegos.

    El alboroque tuvo lugar en la caseta de aperos agrícolas de la amplia parcela del anfitrión, situada en las cercanías de la laguna salinera en Urbanización Los Balcones de Torrevieja.

    La «sartená de gazpachos» fue tan apoteósica que tentado estuve de inyectarme más de una ración en vena. Los condimentó Vicente «El Seva», quien con el paso de los años ha perdido su mote de «El Negro», mientras sigue aumentando sus dotes de cocinero.

    A su vera formando el equipo de cocina «Antoñico, el de la Serradora», entrañable pese a su apodo, y «El Pacheco», otro manitas a la hora de hacer arroces, aunque sea con chinas de la playa.

    Entre todos ellos pusieron para los gazpachos ocho perdices, o pichones, dos pollos camperos, una liebre, un conejo de campo y (por lo menos) un saco de cebollas.

    Creo que del pulpo en sangochao se encargó Rafaelico el de «La Isla», nacido en Tabarca y toda la vida en la mar, principalmente a bordo de yates de postín.

    Como sé que ha ocurrido en otras ocasiones, del «companaje» de encargó Manolo, «El Murciano» con un alarde de embutidos de su tierra. También aportó este mecánico, y con buen cartel como persona en Torrevieja un buen vino catalán. No me enteré de quien trajo las habas tiernas.

    El Moyi, –qué boda sin la Tía Juana– exsalinero, artesano, (y con ello está todo dicho) –e hijo del único anarquista con vida en Torrevieja, que a sus ciento cuatro años de edad mantiene una memoria histórica privilegiada–, ofreció, un botellón de vino de Toro.

    Allí estuvimos comiendo y bebiendo con moderación, «El Saurdas», maestro electricista exsalinero, y seguidor del Barsa, Geromo, «El Albañil», maestro albañil de reconocido prestigio en el gremio, «El Mudo» de Agamed, buen gestor junto con otros compañeros de la misma empresa.

    Junto al afable Manolo, hasta su jubilación empresario inmobiliario y muy ligado al gremio de la construcción, completan el clan varonil de «Los Cabesotes» Francisco, y Antonio.

    El primero de ellos persona de varios oficios y opiniones, según estas le vienen en gana, y cuya actividad principal fue la de salinero. Me presentó con orgullo a un comensal norteafricano diciéndome que llegó un día en patera y hoy cuenta con una empresa de cincuenta trabajadores.

    Antonio, por su parte es punto y aparte. También tuvo como oficio primordial el de salinero. Este hombre, ve, oye, habla lo justo y hace un favor a todo el que puede.

    A la mayoría del elenco mencionado les une además de estar jubilados, ser amantes de la buena mesa y acreditados pescadores deportivos desde embarcación.

    El hecho insólito enunciado en el principio y muy difícil de creer, fue que a lo largo de mas de tres horas en común ninguno de los presentes llegó a abrir la boca para hablar de política. Desconozco si lo harían antes, o en la sobremesa, cuando ya conducía en dirección Torrevieja.
     

     

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