03 de noviembre de 2013
03.11.2013

«Josemi, el tabarquí», el último pescador de Benidorm

El descendiente de una saga de pescadores alerta de la pérdida de «artes» locales por la legislación

02.11.2013 | 23:30

El fin de una época. Cada día decenas de turistas fotografían a Jose Miguel Martínez, único benidormense que mantiene vivo el oficio del que vivió la gente del lugar hasta que llegó el turismo, la pesca.

Hace casi un siglo, en 1921, se fundó la Cofradía de Pescadores de Benidorm. Entonces eran 50 los barcos que salían a faenar en un pueblo que vivía del mar sin imaginar en qué se convertiría. Una treintena de aquellas naves eran sardineras y 18 trabajaban con «mamparras», luces que ayudaban a tender las redes en la oscuridad. Entre todos, Bartolomé Silvera Ballester pasó a la historia sin querer por ser el primero en tener un bote a motor (según documentó el historiador inglés Charles M. Wilson hace más de una década). Hoy, la Cofradía de Pescadores de Benidorm sigue viva, pero del medio centenar de barcos de pesca que cobijaba sólo restan dos. En uno, el «Cayetano Francisca II», faena José Miguel Martínez, conocido como «Josemi, el tabarquí», pasará a la historia por ser el último pescador nacido en la localidad.
Como era tradición «Josemi» aprendió el oficio de su padre y de su tío. No en vano, es desciende de una saga de pescadores apodada «Els Tabarquines», recordada -junto a otras familias de pescadores locales- en placas de cerámica dispuestas en la Placeta dels Tarrafers, a la entrada del puerto.

«Al principio salía para ayudar a mi padre, luego él se jubiló y yo continué... ahora sería muy difícil dedicarme a otro oficio acostumbrado a trabajar en un entorno natural. Además, en este vives cada día una aventura porque nunca sabes lo que te vas a encontrar», relataba ayer mientras preparaba, junto a su ayudante marroquí, las redes que aguardaban regresar al mar enmarañadas tras un mes de parón biológico.
Pero no era Josemi es el único que arreglaba redes en Benidorm. Junto a su barco había otro, «El Cartagenera», que también tenía a gente trajinando. Se trataba del barco en el que faenaba su tío, José Martínez, hoy retirado pero «activo» como Patrón Mayor de la Cofradía de Pescadores de Benidorm, su nave está ahora en manos de una familia de El Campello.

No queda otra de Benidorm que quiera dedicarse a este oficio pudiendo comer del maná del turismo. Un sector que resta no sólo mano de obra sino también espacio en el puerto para los barcos de pesca, a los que van comiendo terreno embarcaciones de recreo. Tampoco hay lonja. Ni la hubo. Cuando aún quedaban 14 o 15 barcos el pescado se vendía en el mismo puerto. Ahora al genero del de Benidorm se le da salida en Altea.

Tampoco son grandes cantidades las que captura. A diferencia de otros grandes barcos, el suyo realiza una pesca artesanal y captura una media diaria de 60 kilos, que pueden crecer hasta los 500 kilos en un buen día. «Aquí nunca se sabe, una semana ganas una fortuna y luego te vienen tres que las ves pasar... Eso sí, sabes que hayas hecho lo que sea, el viernes cobras y eso hoy no lo tienes en cualquier profesión», reconoce.

También defiende que aunque es duro salir ciertas jornadas, hoy ser pescador es casi un privilegio por el tiempo libre que deja para disfrutar de la familia. «Solo podemos salir de lunes a viernes y hay días que no lo hacemos por mal tiempo». Es el único motivo por el que su hijo, alguna vez, se ha mostrado interesado por su oficio. Pero aún es joven para decidirse.

No le apena. «Josemi» sabe que su profesión no está en peligro de extinción. Lo que le preocupa seriamente es la desaparición de las artes de pesca tradicionales de Benidorm.

Según explica, la legislación las ha prohibido y eso hará que un día la gentes olvide cómo se ganaban la vida sus antepasados.
Por ello, solicitó permiso para pescar con las técnicas ancestrales al menos un día al año, «como algo festivo», a modo casi de exhibición, pero se lo denegaron. «Una pena», incide. Así que a quien pregunta se las recuerda: «Se pescaba l'Agulleta», cercando bancos de esta clase de pez con bandas hasta «el copo», que lo recepcionaba; se pescaba «el Boliche» en la playa, y también estaba el arte de «l'oroneta», lanzando la red a la superficie...

Mientras él habla, varios turistas toman posiciones en un lugar próximo y empiezan a fotografiar. Lo que no saben es que hoy no «pescarán» buenas tomas. Para esas hay que esperar al atardecer, cuando regresa de su faena a tierra el último pescador profesional de Benidorm.

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