28 de julio de 2010
28.07.2010

Las tribus del desierto se suman al Califa

La Vila recupera una segunda fortaleza que emula la embajada beduina y aumenta las huestes de los infieles

28.07.2010 | 02:00

Lejos de la costa las huestes moras se reagrupan. El líder musulmán llama a la contienda y a su embajada acuden los infieles para conquistar la tierra ansiada. Una unión de las tribus beduinas a las huestes del califa cuya representación tuvo lugar ayer en el castillo ubicado en lo alto de la muralla, en la plaza de la Generalitat, recuperando el uso de esta segunda fortaleza (aunque en distinta ubicación), como se hacía durante el siglo XIX para diferenciar la localización de ambos actos, según recuerda el historiador Vicente Márquez. Allí tenía lugar la unión de fuerzas de las tropas filisteas en el lejano oriente, mientras que en el de la playa se incorporaban los corsarios cristianos al legítimo ejército de la villa.
Habían pasado las nueve y media de la noche cuando la música anunciaba ayer la llegada, a su atalaya del desierto, el Rey Moro 2010, Juan Lloret Infante. Llegó, como gran defensor de la palabra del profeta, portado en una espléndida carroza, la misma que mostró días atrás en su "entrada" y que recordaba la estampa de las gestas del otrora aclamado rey persa Jerjes. Su favorita iba junto a él, para ubicarse después a su diestra en lo alto de la fortaleza. Desde ella vieron ver desfilar, con cada capitán al frente, las comparsas sarracenas que se sumaron a su causa.
Una hora después comenzaron a llegar las tribus beduinas para aunar sus espingardas al objetivo del musulmán: "La perla grandiosa" que sobre una playa de arena pusieron el nombre de la "Vila Joiosa". "Rica, heroica y engalanada, mora al pie del Puig Campana", deseada por las huestes infieles que persiguen arrasarla como castigo a la "supina ignorancia de su puebloÉ que nada respeta y que causa horror a la ley de Mahoma".
El monarca, agradecido por la ayuda de los "rostros pardos y sañudos" que llegan a su llamada desde el desierto, les ofrece riquezas y honor a cambio de su lealtad, convencido de que "armados con su arcabuz, humillarán toda lanza que se escude tras la Cruz" Y así quedan las fuerzas completas emplazadas y prestas a partir hacia la costa levantina en busca de la victoria que les entregue todos los tesoros de La Vila Joiosa.

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