21 de marzo de 2010
21.03.2010
DE MANO EN MANO

La historia de un casino sin suerte

La historia del casino de La Vila, que dio trabajo a más de 300 personas en la comarca de la Marina Baixa, se cuenta desde dos perspectivas

21.03.2010 | 01:00
Retazos de su historia La mayor parte de los beneficios de la sala de juegos llegaban de la ruleta francesa. Imagen tomada justo hace una década. El 16 de junio de 2009, tras el despido de 21 trabajadores, los empleados se concentraban por primera vez a las puertas del establecimiento. Anuncio publicado el 18 de abril de 1979 en INFORMACIÓN para buscar personal para trabajar de croupiers. La vedette francesa Marlene Mourreau, actuando como madrina del Casino en el 25 aniversario. Croupiers de la sala en 1998, cuando la gerencia estaba en manos de la Consellería de Hacienda. Torneo de póquer en el Casino. A comienzos de este mes, el casino albergó su último evento: la clausura de la Mostra Gastronómica de La Vila. En la imagen, el alcalde entregando galardones. información

La historia del casino de La Vila, que dio trabajo a más de 300 personas en la comarca de la Marina Baixa, se cuenta desde dos perspectivas: el de la sucesión de gestores y el de la fidelidad de sus trabajadores. Por él pasaron Lola Flores, Norma Duval, Isabel Pantoja, Manolo Escobar, Marlene Morreau, el Dúo Dinámico y muchos más artistas. Durante décadas fue uno de los mejores de España

El 13 de septiembre de 1979 el inglés Gerald Kushler, primer director de juego del casino de La Vila Joiosa (entonces "Casino Costa Blanca") afirmaba a INFORMACIÓN que en los 4 primeros meses de vida de la sala pasaron por la misma 35.000 jugadores. El máximo premio pagado fue de "2,5 millones de pesetas a un señor de la región" y, contra los pronósticos de la gerencia, la mayoría de clientes eran españoles. Entre ellos ya había nombres conocidos, como Mari Carmen (que según la crónica de la época quiso cobrar algo que no ganó) o Lola Flores, sobre quien Kushler dijo que había "ganado o perdido, con toda corrección". La inversión fue de 10 millones de dólares, según la Dirección, con capital "íntegramente español, como la mayoría de sus empleados", llegados de todos los puntos de la comarca, que aprendieron allí el oficio (hace 5 años, Orxeta se situaba a la cabeza de Europa en número de habitantes cuya profesión era de croupier).
Corrían aires nuevos, tiempos de transición, con una sociedad ávida de libertad y ruptura de las prohibiciones de la larga dictadura franquista, como era el juego. Aun así, y pese a que sus puertas abrieron con un alcalde socialista, J. Francisco Riquelme, lo cierto es que el casino pudo ver la luz gracias al último alcalde vilero del régimen, Jaime Botella Mayor, y a las influencias de un pariente del dictador, Nicolás Franco, según recordaba Jaume, uno de aquellos croupiers, al tiempo que pregunta si hay que hacer mucha cola en la oficina del paro de La Vila.
El casino (hasta ayer anunciado en la Web "Casinos del Mediterráneo" a pesar del cierre) era un reclamo para potenciar turísticamente la imagen del municipio y la comarca. No en balde, su licencia, una de las primeras 17 dadas para este tipo de negocio en España, incluía en su texto legal la posibilidad de "efectuar cambios de moneda extranjera en sus dependencias de caja o instalar oficinas dedicadas a ello".
Aun así, antes que atracción al turista extranjero, se convirtió en lugar de encuentro de la sociedad de la provincia, que encontraba en él un enclave glamuroso para celebraciones de postín. Por el casino, desde entonces, fueron pasando, como clientes o como artistas, personajes como Manolo Escobar, Norma Duval, Carlos Sainz, Isabel Pantoja, el Dúo Dinámico o Marlene Morreau, que actuó como madrina de honor en la fiesta del 25 aniversario.
Los espectáculos, las presentaciones o galas provinciales se sucedían y los beneficios fueron la tónica de su primera década. Incluso, en 1984, tras una inversión extraordinaria para sanear sus primeros números negativos, el casino se posicionó quinto de España en volumen de facturación. La buena racha quedaría truncada en la siguiente década. En marzo de 1995 el grupo accionista hizo públicas sus negociaciones para vender las acciones, y saltaron las alarmas. Según dijeron, el casino arrastraba 4 años de pérdidas. Meses después, el Consell suspendía su cierre para negociar la deuda, al tiempo que daban comienzo las primeras movilizaciones de los trabajadores. Pensaban, como ahora, que la sala era rentable. Según el Registro mercantil la Gerencia desviaba los beneficios obtenidos de la sala de juego a las empresas que gestionaban los restaurantes y la seguridad.
Y llegaron los años en la cuerda floja. En mayo de 1996 el francés Roch Tabarot se hacía con su explotación y anunciaba su compra. Los propietarios intentaron vender el negocio, o salir de él con una subasta, teniendo a la Consellería de Hacienda sobre ellos por sus impagos de tasas. Al final, el Consell embargó el establecimiento el 25 de febrero de 1997.
Con Hacienda al frente, la deuda (más de 1.400 millones de pesetas) bajó. "Nos gustaría que una empresa se hiciera cargo y pudiera afrontar el problema" declaraba el conseller José Luis Olivas. Roch Tabarot, titular de la empresa Benilexa que explotaba la sala, negaba haber tenido un trato de favor de Consellería por intervenir y evitar la subasta. Y aquel octubre INFORMACIÓN publicó: "El casino no va más". La deuda recuperada era insuficiente. La subasta volvía a ponerse sobre el tapete mientras la prensa daba cuenta de dudosos avales de Tabarot. Aquel año se conoció que la sala cerró con 110 millones de pesetas más de ingresos que el año anterior, y se posicionaba séptimo de España en facturación.
En 1999 salió a subasta y quedó en manos de "Casinos del Mediterráneo",siendo llamado por un tiempo "Royal Palm Casino". Y comenzó otra década de altibajos. En 2002, un expediente de regulación de empleo. En 2008, se conocía que la gerencia proyectaba levantar sobre él un rascacielos, al tiempo que anunciaba la apertura de uno nuevo en Alicante. La gerencia decía, sin embargo, que la sala de La Vila no cerraría, que sería una sucursal... y las mesas y ruletas fueron marchando hacia el muelle alicantino. Era la penúltima crónica de una muerte que ya tiene fecha, 19 de marzo.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook