16 de marzo de 2019
16.03.2019

El patrón de Nuestra Madre Loreto visita en Madrid a dos de los inmigrantes a los que salvó de una muerte casi segura

Pascual Durá se fundió ayer en un abrazo y compartió palabras y risas con dos de los rescatados: Frank y Diokel

15.03.2019 | 22:42
El patrón del Nuestra Madre Loreto posa en el centro de atención a refugiados de Vallecas con dos de los inmigrantes a los que rescató, Frank (dcha) y Diokel.

«No paran de dar las gracias», afirma feliz Pascual Durá.

Quería saber de ellos y hasta que no los ha encontrado no ha parado. Pascual Durá, el patrón del pesquero de Santa Pola Nuestra Madre Loreto que el pasado noviembre salvó de una muerte casi segura a un docena de inmigrantes, a los que rescató en altamar cuando se encontraba faenando entre Malta y Libia, se fundió ayer en un abrazo y compartió palabras y risas con dos de ellos: Frank y Diokel. De Senegal uno y de Malí el otro, los ha localizado gracias a la ayuda de Acnur en un centro de acogida a refugiados de Vallecas, en Madrid. Allí viajo ayer para reencontrarse con ellos en tierra firme y en calma tras la tensión de las últimas horas que pasaron juntos, cuando después de una semana negándose a cumplir las indicaciones del Gobierno de que devolviera a los rescatados a Libia, logró que le permitieran hacerlo en Malta. Aunque para eso hiciera falta un golpe de timón y de honestidad con el que puso rumbo a España con ellos a bordo si no le garantizaban un puerto seguro para dejarles.

El compromiso de España con Malta fue acogerles y aquí se encuentran parte de ellos, entre Madrid y Zaragoza. Otros se marcharon a Europa, donde tenían familia, y el chico que fue evacuado antes del desembarco a un hospital de Malta continúa en la isla.

Ayer, en Vallecas, todo era gratitud. «No paran de dar las gracias. Nos hemos dado un fuerte abrazo y hemos hablado a través de la representante de Acnur, que ha hecho de intérprete», relataba ayer sin poder ocular la alegría Pascual, que está viviendo esta experiencia con Jessica, su mujer. «Les hemos contado de dónde somos, los problemas que tuvimos con el Gobierno cuando los recogimos y que mi padre (por Pepe Durá, armador del pesquero) ha rescatado a otros inmigrantes en varias ocasiones anteriores . Después nos hemos intercambiado los teléfonos para seguir estando en contacto. Ha sido muy bonito», resumía feliz el joven armador.

Frank y Diokel, igual de felices por el reencuentro, le mostraron complacidos la habitación que comparten en el centro vallecano sin saber a estas alturas si obtendrán o no el estatuto de refugiado.

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