31 de mayo de 2012
31.05.2012

Cómics atrapados en la pantalla

31.05.2012 | 02:00

Humorísticos, incorrectos y gratuitos. Así son en su mayoría los cómics creados para Internet, un nuevo fenómeno potenciado por el carácter abierto de la red, lo que no ha impedido su trasvase al papel

Después de la revolución que supuso el 2.0, parece que Internet está empezando a entrar en una edad adulta, o al menos en una fase donde todas sus potencialidades están desarrollándose cada vez más hacia cambiar definitivamente algunos de nuestros modelos sociales. En lo que atañe al mundo de la cultura, que es lo que nos ocupa en Arte & Letras, ya hemos asistido a la transformación radical del negocio musical, y en menos tiempo de lo que tardó en popularizarse el fonógrafo hemos pasado a consumir rápida y definitivamente las canciones de una nueva forma. En estas mismas páginas hablamos hace poco de los riesgos que corre el propio sector editorial si no sabe adaptar todas sus facetas a las nuevas formas de consumo y distribución. Dentro de este campo, queremos prestar atención a un fenómeno que no es nada nuevo, pero que ya tiene su propio lugar en los salones del cómic: los webcómics.

La primera puntualización que cabe hacer es que los webcómics no son las publicaciones que, habiendo salido en papel, tienen una versión para leer en el ordenador, el móvil o el iPad, sino que se trata de publicaciones que de forma independiente aparecen en la red, generalmente por parte de autores desconocidos y con vocación de ser consumidas rápidamente. El fenómeno comenzó hace algunos años, y su precursor en nuestro país fue, quizá, la Tira Ecol, dedicada a contar las andanzas de un grupo de programadores informáticos. Actualmente, un webcómic se define en origen por varias características comunes a muchos de ellos: un autor particular, con o sin pretensiones de unirse a la industria de las viñetas, con el único soporte de su lápiz, su escáner y su conexión a Internet; una extensión cercana a la tira cómica de un periódico tradicional, y también generalmente con el humor como soporte; cierta regularidad y, aunque parezca sorprendente, no es necesario tener una gran calidad gráfica. La audiencia potencial es la misma que puede tener cualquier otro autor, la verdadera clave del asunto es conectar con un tipo de público al que fidelizar y, como ya hemos visto con otros tantos fenómenos que nos han llegado a través de la red, tener el golpe de suerte que multiplique exponencialmente el número de lectores. Carlos Azaustre, autor de una parodia de la serie Lost llamada Pardillos (www.pardilloscomic.com), ejemplifica perfectamente este escenario: el propio autor explica que únicamente quería crear la parodia para sí mismo, y que al ir colgándola descubrió que había mucha gente que comentaba a través de las redes sociales sus cómics y los compartía con sus amigos, según Carlos, "los lectores que te dejan un comentario o se te acercan en los salones del cómic son el mayor aliciente para mantener el webcómic". Esa es otra de las características: al tratarse de autores que sólo en algunas ocasiones tienen formación en Bellas Artes, la máxima de que el principio para triunfar es sencillamente tener una buena historia que contar se cumple en muchos casos. La calidad del dibujo o su acabado no es, en este soporte, tan importante, ya que el público destinatario prioriza otros valores relacionados con la forma que tiene de consumir el material gráfico.

Obviamente, realizar un webcómic tiene ventajas, pero no es una tarea para meros amateurs o donde lo habitual sea "que suene la flauta". El guionista de Diagonal TV Andrés Palomino resalta la necesidad de que haya una continuidad que enganche a los lectores: "empecé por diversión, para hacer una tira sobre mis amigos frikis y yo mismo, y ahora ya he superado las mil tiras. El ejercicio de pensar y ejecutar técnicamente una tira diaria requiere mucha disciplina, y desde hace tiempo me lo tomo ya como un trabajo profesional". Los personajes de su webcómic, Crónicas PSN (www.cronicaspsn.com) están entre los más seguidos de la tebeosfera española, y como la mayoría de los que la pueblan, utilizan el humor. No en vano, hay que pensar que el lector de Internet es muy diferente al que lo hace cómodamente desde su sofá, y tener en cuenta los hábitos del lector en Internet es básico para tener éxito con un webcómic. Pese a que todos los autores consultados recalcan que "no todo es humor", admiten que es el contenido que más buscan los internautas, y que tiene mayor potencial para ser compartido: el clásico "boca-oreja" de otros tiempos está dejando paso al nuevo "compartir en el muro" o "colgar en mi tumblr", formando a una nueva generación de lectores que preferirán tener la última viñeta en su smartphone donde quiera que estén a tener que pasar por la tienda de cómics a ver si ha llegado ya a la estantería de novedades. "La industria debe hacer un esfuerzo para entender el potencial de promoción y difusión que tienen los webcómics e integrarlos en su modelo de negocio", señala Palomino. Y es que se trata de lenguajes complementarios, y algunos autores como Mauro Entrialgo (www.mauroentrialgo.com) o Manel Fontdevila (www.manelfontdevila.com) así lo han entendido, y ofrecen a sus lectores material adicional al que ve la luz en papel. De hecho, una de las tiras en activo más populares del mundo, Dilbert, de Scott Adams, se publica al mismo tiempo a través de su página oficial que en numerosos diarios norteamericanos, y sus versiones editadas siguen teniendo el mismo éxito de ventas.

¿Qué ofrece un webcómic a su autores? Por un lado, y en el lado negativo, menor beneficio. Pero por otro, mayor libertad a la hora de contar historias y también mayor posibilidad de difusión. Juanjo Escofet, autor de Runtime Comics (www.runtimecomics.com) afirma que los cómics en internet ya tienen más lectores que los cómics en papel, y en su caso muchas veces sus tiras van más allá de lo políticamente correcto y consiguen provocar a los que se pasan por su página: "empecé sin ánimo de ser profesional, y ahora vivo de ello", dice Escofet, que aclara que los ingresos provienen sobre todo de los encargos que le realizan, y que difícilmente hubiesen sido posibles sin el escaparate de internet.

Escofet recalca, como hacen muchos autores, que su principal motivación es el feedback que recibe de los lectores, además de este último aspecto que señalamos: la libertad creativa para expresarse. En su caso, el material que previamente había visto la luz en Internet tuvo su correspondencia en papel, en una pequeña editorial, "prácticamente autoeditado", que es para el autor la mejor opción, ya que se ahorra muchos intermediarios que no participan del proceso creativo. Ese mismo camino siguió Carlos Azaustre, después de recibir peticiones de sus lectores para tenerlo en formato físico. Después de tratar de seguir el camino tradicional a través de varias editoriales y fracasar en el intento, se decidió por la autoedición, y la jugada le salió bien a tenor de las ventas que consiguió.

La reacción habitual de la industria ante este tipo de venta es que si un material es de distribución pública a través de Internet, los lectores no querrán adquirirlo en papel. Sin embargo, cada vez son más numerosos los casos donde esto no ocurre así: los autores de la tira El joven Lovecraft (www.eljovenlovecraft.blogspot.com) han colgado íntegramente todos sus dibujos en su blog antes que en papel, con el resultado de que ya van por el tercer volumen y han sido traducidos a varios idiomas, yendo el primer volumen por su cuarta edición. Esto choca con la imagen que intenta darse de que el consumidor de Internet es un ser rácano que se aprovecha del talento de los demás: los internautas están interesados en consumir productos culturales, sean o no gratuitos. Alguno de los candidatos a presidir la SGAE en sus últimas elecciones les calificaba como "cuatro gatos que hacen mucho ruido", despreciándoles y demostrando que van varios pasos por detrás en este cambio de paradigma. Un buen ejemplo de esto es el webcómic Bunsen (www.heroeslocales.com/bunsen), que narra las aventuras de un grupo de científicos en un laboratorio. La tira se hizo tan popular, que aparecieron versiones pirata de la aplicación para smartphones que permitía leerlas en el móvil. El autor no se lo pensó dos veces: inmediatamente publicó que no le importaba que se la pirateasen, ya que eso significaba mayor difusión, pero en un golpe de sentido del humor y practicidad, ofreció su propia versión "pirata" para móviles crackeados, invitando a los usuarios a comprar la oficial si les gustaba mucho el contenido, desde el "Por favor, ¡pirateen mis canciones!" de Ignacio Escolar no habíamos presenciado un gesto como este, y son pocas las grandes bandas musicales que "regalan" sus temas on line.

Aunque quizá sea demasiado pronto para saber si estamos ante una nueva manera de consumir cómics, lo que sí podemos decir es que una vez más vemos como el talento se abre camino y ve la luz gracias a Internet, y aunque sea improbable que dejen de publicarse cómics en papel, los webcómics han venido para quedarse, y hacerse al menos un hueco en la carpeta de favoritos.

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