24 de marzo de 2020
24.03.2020
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Momentos de Alicante

La ermita que creó un barrio

23.03.2020 | 22:33
Dibujo de la ermita de San Roque realizado por Felipe Rovira Sogorb en 1875.

Cuando finalizó la epidemia de peste que en 1559 diezmó la población de la ciudad, los alicantinos construyeron en la Ereta, un cerro situado en la falda del Benacantil, una ermita dedicada a San Roque, en agradecimiento al santo por haber escuchado sus súplicas.

El templo presentaba una planta de nave central con tres capillas laterales a cada lado. Su techumbre era abovedada y en el altar mayor, levantado sobre una plataforma de losetas de Manises, había un retablo con pinturas que representaban pasajes de la vida de San Roque, cuya imagen se hallaba en un nicho central y en una hornacina situada sobre la puerta de la entrada.

La construcción de esta ermita originó la aparición de un caserío, con una calle principal que se llamaría de San Roque o de los Cerdans, que poco a poco fue convirtiéndose en un pequeño arrabal conocido con el nombre del mismo santo.

Prácticamente desde el primer año en que se erigió la ermita, los alicantinos celebraron en este lugar cada 16 de agosto una fiesta en honor de San Roque. Una fiesta que los vecinos del barrio ampliaron posteriormente a cuatro días, adornando las calles, celebrando bailes y organizando corridas de novillos con cuerda. Por ejemplo, en agosto de 1884, a petición del alcalde, el gobernador autorizó que las fiestas de San Roque se celebrasen con bailes en las calles de Cerdans y Subida de San Roque, durante los días 15, 16, 17 y 18, «y en los días 19, 20 y 21 corridas de Toros con cuerda».

Nacimiento del barrio de San Roque


¿Cómo fue construyéndose el barrio de San Roque? ¿Quiénes fueron sus primeros pobladores?

El documento más antiguo que se conserva (en el Archivo Municipal) en el que aparecen nombres de habitantes y calles de este arrabal alicantino es un plano fechado el 1 de enero de 1689.

Titulado «Planta del Barrio de S. Roque», en este croquis apaisado se señala la ubicación de la ermita en la falda del Benacantil con un sencillo dibujo, delante de la cual se sitúa la Placeta de S. Roque (actual calle de San Roque). Al otro lado de esta pequeña placita hay dibujadas dos manzanas de casas (una detrás de otra), separadas por la calle de San Roque o de Cerdans (actual calle Toledo) y flanqueadas al oeste por la calle del Convento del Carmen (actual plaza del Carmen) y al este por la calle de Partición de las dos Parroquias (calle de Pedro Sebastiá). La fachada sur de la manzana más alejada de la ermita da a la Placeta de Fernández de Mesa y al Convento de San Agustín (calle del Carmen y plaza Quijano, respectivamente).

La primera manzana (la más cercana a la ermita) tiene 25 viviendas, numeradas del 27 al 52: 15 dan a la calle de San Roque (27 a 41), 3 a la calle Partición de Parroquias (42-44), 4 a la placeta de San Roque (45-48) y otras 4 a la calle del Convento del Carmen (49-52). Algunas tienen apuntados los nombres de sus propietarios: Cristóbal Cros (34), Juan Burgos (35), Convento del Carmen (36), Nicolás Vinvell (37), Josefa Martínez (38), Pascuala Martínez (39), Pablo y Cristóbal Martínez de Vera (40), Jaime Amat (41), Gaspar Orts y herederos (42 y 43) y Convento de San Agustín (44, 45, 46 y 47).

La segunda manzana tiene 26 casas numeradas entre la calle de San Roque (15-23), el Convento del Carmen (24-26), la calle de Partición de Parroquias (8-14), y la placeta de los Fernández de Mesa y el Convento de San Agustín (1-7), en las que también están anotados algunos de los propietarios: Gaspar Fernández de Mesa (1, 2 y 3), Antonio Alcaraz (4 y 17), Herederos de Matías Blanc (11), Eufrasina Piñuela (12), José Bois (13 y 14), Francisco Guillén (15 y 16) y Ventura Almiñana (18).

Se conserva también en el Archivo Municipal otro plano fechado en 1741, titulado «Nueva Planta del Barrio de S. Roque», muy parecido al anterior pero aún más sencillo e incompleto, en el que «solo se numeran las casas que están censidas (censadas)». Una nota advierte de que «las casas 7 y 8 por estar ciertamente censidas se numeran, aunque su dueño no quiere reconocerlo, y entre la 3 y 5 se dexa la 4 sin numerar; porque no están tan seguro que esté censida». En este plano la actual calle de Pedro Sebastiá se llama División de las dos Parroquias.

Reconstrucción de la ermita


Las lluvias caídas a lo largo de los dos siglos siguientes a la construcción en 1559 de la ermita de San Roque hicieron mella en la fábrica, erosionando sus cimientos y debilitando la techumbre. De ahí que, en 1787, se procediera a la reparación de la bóveda y de los arcos de cantería, así como a la construcción de un muro que diera consistencia a la fábrica.

Pero no había transcurrido otro siglo cuando, en 1867, de nuevo el deterioro del edificio amenazaba ruina. Dos años después el ayuntamiento decidió demolerlo, dejando en pie los seis arcos de cantería.

Pasaron seis años hasta que el consistorio acordó reconstruir el templo, constituyendo una comisión de vecinos que se encargaría de financiar las obras mediante suscripción pública. Así fue como se recogieron 39.000 reales.

El 25 de julio de 1875, concretamente tres minutos antes de las ocho de la tarde, se inauguraron las obras de reconstrucción, que se habían encargado al arquitecto municipal José Guardiola Picó. Los vecinos lo celebraron con música y fuegos artificiales, adornando las calles del barrio con ramas y banderolas, e iluminando las fachadas de sus casas. El pintor alicantino Felipe Rovira Sogorb hizo un boceto que más tarde se convertiría en un dibujo representativo de dicho acto, publicado en la prestigiosa revista madrileña «La Ilustración Española y Americana».

Por cierto, este mismo pintor, Felipe Rovira, dibujaría dos láminas en las que se representaba la ermita de San Roque en su estructura primitiva y nueva, y que ilustrarían junto con otras suyas la «Crónica de la Ciudad de Alicante», obra publicada en 1876, y cuyo autor, Rafael Viravens, levantó acta de la inauguración como secretario de la comisión vecinal.

Pero en enero de 1876 se acabó el dinero recaudado y las obras tuvieron que suspenderse. Fueron finalizadas por fin en 1880, gracias a la generosidad de varios vecinos de la ciudad, especialmente de José Carlos de Aguilera y Aguilera, marqués de Benalúa, quien asumió la mayor parte del coste económico de las obras, así como de las dos campanas que hizo construir en Barcelona para la ermita, entregadas en Alicante el 12 de agosto de aquel año de 1880.

El resultado del trabajo realizado por Guardiola Picó fue una edificación de planta basilical y ábside poligonal, con el eje longitudinal orientado en sentido oeste-este. Hubo de abrir una nueva puerta al colocar el campanario donde estaba la antigua.

Este mismo arquitecto dirigió en 1887 las obras de construcción de una casa que se adosó a la ermita, como residencia y asilo de las Siervas de Jesús y de La Caridad.


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