15 de septiembre de 2019
15.09.2019
Consecuencias de un temporal dramático

El corazón de la Vega Baja, anegado por su río Segura

La riada afecta a más municipios y se multiplican los angustiosos rescates de personas en sus casas

14.09.2019 | 21:59
Vista aérea de las calles de Dolores completamente anegadas por el agua y que parecen canales.

Desesperación entre los vecinos que se quedan sin agua potable y desabastecimientos en supermercados.

La rotura por varios puntos diferentes del cauce del río Segura provocó ayer nuevos desbordamientos que extendieron la riada a más municipios de la Vega Baja como Dolores, Daya Nueva y Daya Vieja, que quedaron completamente aislados. Las localidades que ya se encontraban anegadas volvieron a sufrir más inundaciones, como Almoradí, la que se puede considerar como la zona cero de la riada. A última hora de la tarde estaba prácticamente arreglado el muro de contención que se vino abajo el viernes por la mañana en Algorfa y solucionada la brecha en la mota del río en el Azud de Alfeitamí. Esas roturas, paradójicamente, aliviaron a otras poblaciones como Rojales o Formentera del Segura al evitar desbordamientos en sus núcleos urbanos. Tras el arreglo del muro de contención en Algorfa, el agua fue disminuyendo en Almoradí, pero el río llevó más agua camino de Rojales. Al cierre de esta edición quedaba solo un palmo para que el Segura se desbordara en este municipio y el Ayuntamiento estaba evacuando a todas las personas que viven en casas bajas junto al cauce y poniendo contenciones.

Rojales es la única localidad junto a Orihuela donde el Segura discurre dentro de la ciudad.

Dolores sí amaneció anegada. Las calles del casco urbano tenían más de un metro de agua y la situación fue muy complicada allí. El alcalde, José Joaquín Hernández, dijo ayer que «ya sabíamos lo que venía tras la suelta de agua de Santomera y la rotura en el Segura y necesitamos todoterrenos, camiones y cubas de agua y así que si pueden venir cualquier ayuda es buena». El municipio se quedó sin suministro eléctrico, que recuperó por la tarde, y sin servicio de agua potable. Precisamente, la falta de agua para beber o asearse está siendo un problema en muchos de los municipios de la comarca, que se han quedado sin suministro, como Benferri, Bigastro, Dolores o Almoradí. En Benferri se instaló una cuba junto al Ayuntamiento. En Almoradí, se formaron largas colas junto a los camiones cuba situados junto al tanatorio, puerta del casino, Cruz de Galindo y Casa Verde. Este municipio sufre ya dos días de aislamiento y la llegada de esos camiones fue muy complicada. Los militares desplegados en la Vega Baja, como los del Mando de Operaciones Especiales, también ayudaron al reparto de agua y comida. Hoy está previsto que lleguen más hasta que pueda repararse la avería que impide el servicio de agua potable lo que podría realizarse entre hoy y mañana si el polígono industrial rebaja el nivel del agua.

Desesperación entre los vecinos afectados por esa falta de agua potable y también por el desabastecimiento de los supermercados. En los que ayer pudieron abrir en Almoradí, gracias a los empleados que viven en la localidad, se formaron largas colas. Empieza a haber problemas de desabastecimiento en supermercados y tiendas no solo en este municipio, en toda la Vega Baja, ya que los camiones y furgonetas no pueden entrar a reponer y aún se desconoce cuándo podrán hacerlo. Muchas carreteras de la Vega Baja sufren importantes daños, socavones o levantamiento de asfalto. Incluso, la AP-7 sufrió ayer la caída de parte de un carril en el kilómetro 737 entre Almoradí y Dolores. «No había visto nada igual, ni en el 87, todo está perdido», comentaba angustiado Carlos Sigüenza, un vecino de Dolores. Luisa Gómez, también vecina de allí, se quejaba de que no acudieran los equipos de emergencia a su vivienda «ya que el párking está inundado y no viene nadie».

La situación en la comarca es muy angustiosa. Los rescates se multiplicaron en el día de ayer debido a las nuevas inundaciones que afectaron a más municipios que hasta ahora se habían librado de la riada. Se cuentan ya por miles. Solo la Guardia Civil lleva rescatadas a casi 700 personas y más de 200 vehículos en estos tres días de gota fría en la provincia de Alicante con un total de 1447 efectivos desplegados en las diferentes zonas afectadas. A ellos hay que sumar los que han llevado a cabo los militares, los bomberos y otros cuerpos de seguridad y emergencias. Ayer las labores de rescate se centraron en vecinos que quedaron atrapados en sus casas de la huerta. Con la ayuda de helicópteros y lanchas los equipos de rescate fueron sacando de las zonas más inundadas a las personas que corrían peligro. Hubo quien, incluso, quiso salvar a su vecino a bordo de una barca hinchable, ante el desespero de no ver llegar a los rescatadores, que como es evidente, tuvieron muchísimo trabajo y estaban desbordados.

En Daya Nueva y Daya Vieja vivieron una angustiosa jornada desde primera hora de la mañana al ver como el agua llegaba a sus núcleos urbanos. Impotencia es lo que señalaban sus vecinos al ver que era imposible frenar la fuerza de la corriente. Muchos optaron por tapiar y poner sacos en las puertas de sus casas y comercios. «Estamos preocupados por la crecida del agua y toda precaución es poca», comentaba un vecino de Daya Vieja mientras terminaba de poner ladrillos en la entrada de su vivienda. La solidaridad de los habitantes de la Vega Baja salió en un episodio tan dramático como este, ofreciendo las viviendas donde no había peligro de inundación a quienes habían tenido que abandonar sus hogares, sin saber lo que se van a encontrar cuando puedan regresar. También la solidaridad entre ayuntamientos. Rojales ofreció su Policía Local a Daya Vieja, que hizo un trabajo excepcional en el municipio vecino.

En la desembocadura del río en Guardamar del Segura cañas y todo tipo de objetos testigos de la gota fría llegan por cientos de miles y el Ayuntamiento ha tenido que abrir el dique de contención para darle más salida a la riada.

Alcalde de Daya Vieja: «No he visto ni a una pareja de la Guardia Civil»

El alcalde de Daya Vieja, José Vicente Fernández, hizo ayer un llamamiento desesperado de ayuda tras comprobar cómo el agua que llegaba de la riada anegaba su municipio. «Pido ayuda para que, si llega el momento, tener que evacuar a la gente de mi pueblo, no puedo hacer nada más», señaló a este diario antes de romper en lágrimas. Fernández explicó que su municipio «se ha convertido, gracias a las carreteras y a las urbanizaciones, en una auténtica balsa». En este sentido recriminó no haber recibido ningún tipo de ayuda, salvo de Rojales. «No he tenido ni una pareja de la Guardia Civil, me he cansado de llamar al 112 durante toda la noche; quizá, se podría haber hecho algo más, pero ahora solo podemos dejar pasar el agua, no podemos hacer otra cosa», señaló entre impotente y enfadado.  
«El pueblo ha hecho todo lo que estaba en sus manos, hemos puesto diques de contención, pero ha sido inútil», lamentó. El regidor, que vio pasar por allí a varios camiones de militares cargados con agua en dirección a Almoradí, se quejó de que no pararan en Daya Vieja donde hubo que rescatar a varias personas en la huerta. Una treintena de vecinos llevan dos días durmiendo en dependencias municipales. 
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