12 de agosto de 2019
12.08.2019

Fallece Juan Antonio García Solera, el arquitecto de la Alicante moderna

Figura clave en el desarrollo identitario de la provincia con más de 50 años de trayectoria, es autor de edificios emblemáticos como el ADDA, el Colegio de Médicos o el Hotel Don Pancho en Benidorm

11.08.2019 | 21:40
El arquitecto Juan Antonio García Solera, en la presentación de su biografía en el ADDA.

Juan Antonio García Solera, referente imprescindible en la identidad urbanística, de imagen, paisaje y ciudad por y para la modernidad de la provincia de Alicante, falleció en la madrugada del sábado al domingo a los 95 años.

Influenciado por la luminosidad de Coderch y la simplicidad de Ludwig Mies van der Rohe, e inspirado por concepciones que directa e indirectamente enlazan con nuestra idiosincrasia mediterránea, García Solera es autor de una obra amplia, difícil de aprisionar tras más de 50 años ejerciendo la arquitectura, pero fundamental y fundacional en la sensibilidad y creación urbanística.

Sus inicios se remontan a los años 50, recién terminados los estudios de Arquitectura en la Escuela de Madrid. Son tiempos que requieren la búsqueda de un nuevo lenguaje, la ansiada modernidad, como el Hostal San Juan en la playa de Muchavista en El Campello (1955) o, años después, la Escuela de Maestría Industrial y el complejo de San Francisco de Sales en Elda (1957).

Realiza también García Solera diversos edificios que destacan por sus aportaciones como la introducción de fachadas desvinculadas de los criterios clásicos y académicos de composición y, por otro lado, lleva a cabo el uso de materiales -tradicionales y modernos- muy poco utilizados en Alicante. Un claro ejemplo es el edificio de viviendas en la Rambla (1958).

Los años 60 en la creación de García Solera quedan marcados, sin duda, por la coherencia y el detalle en la construcción que plasma en el edificio Vistahermosa (1960) o en la integración de la naturaleza con el edificio del Centro de Estudios Superiores Cesa (1965).

Fueron tiempos muy fructíferos para García Solera, en constante labor intelectual, y donde para el alicantino no solo primaba la estética sino también la mayor calidad posible para sus usuarios. De este modo, García Solera diseña los edificios de viviendas de Virgen del Socorro y Plaza de los Luceros (1965) o el complejo residencial de Vistahermosa (1962) que ya había trabajado previamente en el barrio de San Francisco de Sales en Elda.

Trabajos que, sin duda, alcanzan una calidad poco común a lo visto en la época. También fue de interés para García Solera la arquitectura religiosa, lo que queda probado con sus incursiones en la iglesia de Torrellano (1960), las obras en la capilla del Hogar Provincial (1968) o Santa Pola (1969).

Pero, entre tanto, su labor es encomiable e incansable. De hecho, por entonces, también atiende a la realización de diversas viviendas unifamiliares como la de Markus Noff (1964) con planteamientos minimalistas; o bien a las referencias mediterráneas con la casa para Pérez Devesa en playa de San Juan (1962); o la de Elisa Tovar (1963) en Vistahermosa explorando en las posibilidades compositivas y constructivas siempre encaminándose a la modernidad. Esta es una época intensa en la que tienen cabida la remodelación del barrio del Raval Roig (1961), el bloque de apartamentos de la Albufereta (1962) y el icónico Las Torres (1968), el Hogar Provincial (1968) o el Hotel Don Pancho en Benidorm (1969).

A finales de los 60 y principios de los 70, cabe situar uno de sus trabajos sin duda más relevantes: la redacción del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) que, sin embargo, nunca llegó realmente a ponerse en práctica. Al tiempo, estos proyectos enlazaban con otros distintos PGOU a los trazados para Sant Joan, Mutxamel, San Vicente o El Campello (1968) o bien sobre zonas industriales como el Pla de la Vallonga (1969) o residenciales como el de la Loma Badá en Petrer, Gran Alacant o el de Urbanova (todos ellos de 1969).

Entretanto, Juan Antonio García Solera ejerció de arquitecto municipal en Benidorm de 1969 a 1975 con una obra en el que materiales como el hormigón se envuelve de revestimiento. De ahí el Hotel Don Pancho (1969) a otras construcciones como el Complejo Barceló o los apartamentos Cervantes de Benidorm (ambos de 1970). Tiempo en el que también indagó en lo cultural con la Biblioteca Gabriel Miró de la Fundación Caja Mediterráneo (1970); la confección del Conservatorio Óscar Esplá (1974); o el Aula de Cultura de la CAM o el Casino de Alicante (de 1980).

Tal y como señala Justo Oliva, un viaje a Finlandia y el conocimiento de la obra de Hugo Alvar Henrik Aalto, condiciona e influye de manera determinante en la producción de Juan Antonio García Solera en los 80, lo que puede comprobarse en la sede del Colegio Oficial de Médicos de Alicante (1982). Los elementos decorativos del interior, la planificación de un gran vestíbulo o la introducción de claraboyas en la bibliotecas evidencian estos ensayos.

En cualquier caso, sin duda fue el proyecto de la Escuela Nacional de Policía en Ávila (1981-1989), uno de sus trabajos más complejos pero, también, más impresionantes, donde es posible encontrar estas referencias a la obra del finlandés Hugo Alvar Henrik Aalto, al que visitó en su propio estudio en 1987. Así, en la Escuela Nacional de Policía en Ávila, se desarrolla un amplio tejido con numerosas zonas deportivas, aulas, viviendas, talleres, campo de tiro, comedores con espacios cuidados al detalle de la luminosidad.

A partir de los 90 aborda otros muchos trabajos, pero sobre todo su trayectoria está cosida a grandes proyectos públicos que, por su escala y calidad, son un hito en la provincia. De este modo, cabe resaltar el encargo de la Escuela de Óptica en el campus de la Universidad de Alicante (1997), con paneles prefabricados de hormigón que juegan con el volumen y las líneas del edificio; el proyectado Palacio de Congresos del Monte Benacantil, no realizado y que el mismo García Solera consideró como uno de los más arriesgados y difíciles (1997); o los proyectos del Auditorio de la Diputación de Alicante en el Paseo de Campoamor que, después de varios intentos cuando fuera arquitecto por oposición de 1959 a 1983, se impulsan por esta época hasta su finalización.

De hecho, el actual Auditorio de la Diputación de Alicante (ADDA) no se culminó hasta el 2006, que sin duda resolvieron uno de los desafíos y retos más importantes de García Solera. En el 2004, llevó a cabo la reforma del Hotel Palas, actual sede de la Cámara de Comercio de Alicante.

La familia relata que murió arropado por los suyos

En declaraciones a este medio, el hijo del fallecido, Javier García-Solera Vera, manifestó que su padre «murió sin sufrir, rodeado de los suyos». También agregó que los últimos dos años su padre había tenido un «bajón» de salud. «Estamos muy orgullosos de su trabajo y de todo lo que deja en Alicante», indicó. García-Solera Vera añadió que su padre pasó los últimos días «entre barcos y disfrutando del buen tiempo de la ciudad». También destacó que tuvo «una vida completa y muy activa».


Reconocimientos a toda una carrera

García Solera posee la distinción de Mestre Valencià de L'Arquitectura, un especial reconocimiento del Colegio de Arquitectos de la Comunidad Valenciana en 1996. Además, en el año 2011, recibió el Premio Importantes de INFORMACIÓN, y en 2015 fue reconocido con el Premio Maisonnave que entrega la Universidad de Alicante. Además de su oficio como arquitecto, García Solera no cesó en su labor de docente y divulgador, bien como articulista o impartiendo numerosas conferencias en universidades y congresos académicos nacionales e internacionales. También fue miembro de tribunales de concursos y oposiciones. Su última biografía es obra de Martín Sanz. 
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