20 de abril de 2018
20.04.2018

La negativa de la tránsfuga Belmonte a dar su voto al PSOE devuelve el gobierno de Alicante al PP

20.04.2018 | 01:48
El popular Barcala, junto a parte de su grupo municipal y otros militantes, tras ser investido alcalde.
La negativa de la tránsfuga Belmonte a dar su voto al PSOE devuelve el gobierno de Alicante al PP

El voto en blanco de la tránsfuga Nerea Belmonte, exmilitante de Podemos que logró el acta de concejala por Guanyar (marca blanca de EU en el Ayuntamiento de Alicante) y que participó en el 15M y en Stop Desahucios, permitió ayer que el PP regrese a la Alcaldía de la capital alicantina, de la que fue desalojado hace menos de tres años tras la unión de conveniencia de PSOE, Guanyar y Compromís, que dio vida a un tripartito que nació de la desconfianza y que fue foco de un ruido por el que ayer sólo de disculpó, públicamente, la socialista Eva Montesinos.

El regreso de los populares al gobierno municipal, con Luis Barcala al frente, constata el fracaso del ejecutivo de izquierdas, que intentó negociar hasta última hora el necesario apoyo de la tránsfuga Belmonte, que fue expulsada del tripartito a principio de 2016 por adjudicar contratos menores desde la Concejalía de Acción Social a una empresa de su entorno. Sin embargo, las conversaciones no llegaron a buen puerto ante la negativa rotunda de Guanyar a dejar por escrito el compromiso de facilitarle un sueldo en el Ayuntamiento. En el entorno socialista, al igual que en el resto de fuerzas progresistas, existía el convencimiento real, desde la noche previa a la investidura, de que si le concedían esa petición, Belmonte iría aumentando sus exigencias con tal de no llegar a ningún acuerdo, una idea que se reforzó a primera hora de la mañana de ayer, cuando los intentos de retomar las conversaciones con la ex de Guanyar fueron en balde. Ni se vieron las caras.

Vídeo-resumen del pleno

Belmonte, como ajena a todo, llegó al Ayuntamiento de Alicante unos minutos antes del inicio de la investidura. Poco después, los ex del tripartito dejaron la Alcaldía en la que volvieron a verse las caras por enésima vez en las últimas horas y se dirigieron al Salón de Plenos, con unos gestos de tristeza, rabia y decepción que presagiaban el desenlace de una votación que se presumía ajustada: Montesinos necesitaba 15 votos para ser investida como nueva alcaldesa; de no lograrlos, la vara de mando recaería en el popular Luis Barcala como el candidato de la lista más votada en las elecciones municipales de mayo de 2015. Y así fue: la socialista se quedó en los 14 apoyos [los concejales de PSOE (entre ellos, Miguel Castelló, que tomó posesión al inicio del pleno), Guanyar y Compromís].

Ni Ciudadanos ni PP (que se votaron a sí mismos), ni Belmonte, que lo hizo en blanco, ni Sepulcre, que optó por papeleta nula, dieron pie a que la izquierda siguiera al frente de una ciudad tras un gobierno de menos de tres años marcado por las desavenencias internas y por los dos procesamientos judiciales contra el ya exalcalde de Alicante, el socialista Gabriel Echávarri, a quien ayer no se vio por el Ayuntamiento, como tampoco a los populares Sonia Castedo o Luis Díaz Alperi ni al socialista Ángel Luna. Desde primera fila, en cambio, siguió el pleno Miguel Valor (PP).

Final de la esperanza

Y pese a que esa esperanza de que Belmonte apoyase finalmente a la candidata de izquierdas llegó viva hasta el momento en el que la tránsfuga enseñó su voto en blanco antes de depositarlo en la urna, las sensaciones entre la izquierda empezaron a torcerse la noche del pasado miércoles, cuando apenas faltaban doce horas para la investidura y tras acordar, a nivel interno, un documento de 18 puntos que permitiría a Belmonte recuperar sus derechos políticos (presentar mociones o acudir a comisiones, entre otras cuestiones) y que además le abría la puerta a que volviera a disponer de sueldo. Con todo, el resultado de la reunión que se mantuvo esa noche previa entre representantes del extinto tripartito, con Montesinos al frente como candidata a la Alcaldía, y Belmonte, que acudió junto a su amiga Elsa Martínez, que fue directora de Ciudad de la Luz con el PP al frente de la Generalitat Valenciana, no resultó nada halagüeña. Todo lo contrario. A Belmonte no le valía que la izquierda firmase un escrito en el que se comprometía a «tramitar y aprobar en el plazo más breve posible -antes de agosto- la reforma del Reglamento Orgánico de Pleno [ROP] incluyendo las propuestas [...] de PSOE, Guanyar y Compromís y la propuesta normativa presentada por Belmonte, [...] a fin de favorecer la democracia participativa y la restitución de los derechos de los ediles no adscritos». Belmonte quería, por lo pronto, que el extripartito dejara por escrito su compromiso de votar en el pleno a favor de su sueldo. Y hasta ahí llegaron las concesiones de la izquierda.

Eva Montesinos y José Muñoz, tras el pleno

Los exsocios volvieron a verse las caras en Alcaldía minutos antes de que arrancase el pleno de investidura, aunque sin ningún resultado efectivo ya que Belmonte no dio señales de vida, lo que hizo que el desánimo cundiera aún más entre los concejales del PSOE, Guanyar y Compromís. Ya sin posibilidades de llegar a un acuerdo firme, las sensaciones de la izquierda empeoraron, más si cabe, cuando la tránsfuga renunció a sus tres minutos para intervenir en el pleno. Ahí, mientras los gestos de la bancada de la izquierda empeoraban por minutos, empezaban a dibujarse tímidas sonrisas entre los concejales del PP, que aseguraban ayer que, pese a tener la confianza de que Barcala pudiera acceder a la Alcaldía ante la incapacidad de Montesinos de lograr 15 votos a su favor, no se lo creyeron hasta que Belmonte mostró su voto en blanco. La confirmación llegó un instante después, cuando el otro tránsfuga, ex de Cs y que mantiene al gobierno del popular César Sánchez en la Diputación, enseñó su papeleta: tampoco había una cruz en la casilla de Montesinos. Así, sólo faltaba esperar al recuento final, que supuso la confirmación de que el PP, tras pasar menos de tres años en la oposición municipal, regresaba al mando del gobierno alicantino.

Vídeo: Belmonte y Pavón, tras la investidura de Luis Barcala

Barcala, ya como alcalde, invitó a Ciudadanos a sumarse a su nuevo ejecutivo. La incertidumbre ante la propuesta duró apenas unos minutos, ya que la portavoz de Cs, Yaneth Giraldo, se apresuró a rechazar la invitación, eligiendo continuar en la bancada de la oposición hasta el final de un mandato al que le queda poco más de un año. El gobierno popular, cuyo reparto se desvelará hoy, estará formado por ocho concejales (dos más que el calificado «minigobierno socialista»), entre los que se encuentra Carlos Castillo, que es vicepresidente de la Diputación, lo que puede comprometer su dedicación en el Ayuntamiento.

Estas han sido las primeras declaraciones de Barcala como alcalde


«Belmontazo»

Y mientras el PP celebraba una Alcaldía que no esperaba recuperar, al menos, hasta 2019, las fuerzas de izquierdas comenzaron a hablar de «Belmontazo», en alusión al «Tamayazo», el caso de transfuguismo de dos socialistas en el Parlamento de Madrid que le dio el gobierno a la popular Esperanza Aguirre y en el que sobrevoló la duda de la compra de los votos. En el PSPV, mientras tanto, se mantuvieron firmes en su decisión de forzar la dimisión de Echávarri pese a no tener cerrar la investidura de Montesinos, anteponiendo la «ética» a la Alcaldía. Y así fue.

Vídeo íntegro del pleno de investidura en Alicante

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