18 de marzo de 2018
18.03.2018

El Triduo Pascual se encamina hacia la Hora Nona

Una de las acepciones más comunes sobre la Semana Santa es su papel catequista al trasladar los Evangelios a la calle

18.03.2018 | 00:42

Una de las acepciones más comunes sobre la Semana Santa es su papel catequista al trasladar los Evangelios a la calle. Al llegar el Jueves Santo, en Alicante se ve claramente como el Triduo Pascual, los tres días de la liturgia cristiana conmemora la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret, se convierten procesión. La Santa Cena simboliza la instauración de la comunión, que unas horas después, al pasar la media noche y entrar en el Viernes Santo, se convierte en muerte y silencio.

SANTA REDENCIÓN

Fundada por los hermanos Franciscanos como filial del Ecce-Homo en 1959, la Muy Piadosa Hermandad y Cofradía de Nazarenos de la Santa Redención se creó para fomentar la adoración al árbol de la cruz. Y así sigue 60 años después. Su paso de la Santa Cruz Redentora, el primero llevado en Alicante íntegramente por mujeres desde hace 25 años es una cruz desprovista de ningún Cristo, es el madero y el sudario símbolos de la pasión y la muerte, al que sigue María Santísima del Mayor Dolor.

Para hacer visible el XXV Aniversario de las Costaleras de la Santa Redención, la cofradía celebró una misa en la Parroquia de San Antonio de Padua. «A primeros de los 90 -recuerda el hermano mayor Víctor Ruiz-, no se aceptaban pasos mixtos, y la Redención creó el primer paso femenino. A partir de ahí, todo cambió, y luego llegaron los tronos de Santa Cruz, de San Blas y de otras hermandades, pero siempre podremos decir que nuestras costaleras fueron las primeras».

Ruiz destaca la diferencia de estilo de procesión respecto a Ecce-Homo en solo 48 horas: «Comienza el Triduo Pascual y eso se nota en el ambiente, en el incienso que es distinto, en la música con una formación de viento y percusión que interpreta una partitura propia». Y se nota en María Santísima del Mayor Dolor, una de las últimas tallas llegadas a la Semana Santa alicantina, obra de José María Leal Bernáldez. Un dolor que se transmite en una Virgen muy sobria, austera, sin bordados. Una madre afligida por la pena.


SANTA CENA

Cerca de 3.000 kilos, seis metros y medio de ancho, diez metros de largo, 208 personas debajo de un trono con trece figuras. Cifras tremendas, pero la Pontificia, Real, Ilustre y Salesiana Hermandad Sacramental de la Santa Cena no solo saca cada año a la calle el trono de la Santa Cena más grande de toda España. Esta hermandad recorre las calles de Alicante cada Jueves Santo recreando con todo lujo de detalles el momento clave del cristianismo, como es la institución de la eucaristía.

El mimo con que la hermandad prepara su estación de penitencia se traduce en la vajilla, la cubertería, la cristalería y, por supuesto los alimentos que se muestran en la mesa, ante los doce apóstoles. Frutas compradas esa misma mañana en el Mercado Central de Alicante, donde también se adquiere un cordero que se cocina ese mediodía en un restaurante situado frente al colegio Salesianos. Una novedad que el Cristo podrá lucir en la procesión es un nuevo talit, un manto corto hebreo, regalado a la hermandad y traído desde Israel. La Santa Cena es grande porque cuida desde la inmensidad de su trono hasta los más pequeños detalles.

Según el hermano mayor Alberto Guijarro, «este año hay pocas novedades y la mejor noticia es el aumento de hermanos. Han entrado 50 niños más, y ya llegamos a los 150 chavales», muchos de ellos, alumnos del colegio Don Bosco y de las Salesianas.

Desde 2014, tiene lugar el encuentro de los cuatro pasos en la avenida de la Estación, frente a la Diputación. La Santa Cena, el Cristo de la Caída, el Cristo de la Esperanza de los Jóvenes y el palio de María Auxiliadora del Pueblo Cristiano unen sus varales mientras se escuchan versos de la Pasión y piezas de música sacra. Al finalizar su procesión en la intersección entre la Rambla y la Explanada, los cuatro tronos forman una cruz y se levantan a los sones de la Marcha Real.

PIEDAD Y CARIDAD

Las distancias no son infranqueables para la Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad y Caridad y Cristo de la Paz. Casi tres kilómetros separan su sede, en la Iglesia de San Juan Bautista, en Benalúa, de la plaza del Ayuntamiento, donde acaba la procesión. Por el camino, cuatro encuentros marcan el recorrido. El primero en la plaza Navarro Rodrigo de Benalúa, el segundo frente a la Iglesia de Nuestra Señora de Gracia, el tercero en la plaza de Ruperto Chapí, donde María Santísima del Mayor Dolor de la Santa Redención sale al paso del Cristo de la Paz, y el cuarto y último, en la misma plaza del Ayuntamiento. El hermano mayor, José Box destaca que «cada vez acude más gente», aunque la peculiaridad de juntarse con una imagen de otra cofradía hace que el encuentro con María del Mayor Dolor sea único en Alicante.

Box asegura que este año viven un «compás de espera para restaurar el trono del Cristo», cuyas reformas deben estar acabadas para la Semana Santa 2019. La cofradía ha confiado en el escultor Joaquín Mayans, autor de la Virgen de la Caridad que desde 2004 acompaña al Cristo de la Paz, un crucificado que en 1984 recibió la advocación «de la Paz» porque en esos años ochenta «ETA estaba en pleno apogeo y decidimos ponerle ese nombre tan conveniente», explica José Box.

Ni en sus orígenes ni en la actualidad, la cofradía «ha tirado del barrio de Benalúa» para nutrirse de costaleros. Lo cierto es que hay cofrades de Benalúa, como también hay de Carolinas, de la Playa San Juan o de la Florida. Este año, gracias a un llamamiento por Facebook, «en dos días se apuntaron vecinos de San Gabriel como costaleros para el trono de la Virgen», que andaba corto de efectivos.

PERDÓN

Poco antes de las once de la noche, se apaga la luz de la Plaza de Abad Penalva y la calle Labradores. La Hermandad Penitencial del Perdón sale de la concatedral de San Nicolás. El Cristo del Perdón, entre los dos ladrones, avanza entre el silencio que solo rompen unos tambores sordos, el rezo del rosario y el crepitar de las antorchas. Los caramelos se sustituyen por el incienso y las vestas de yute, de tela de saco, marcan un camino de recogimiento y quietud. En ese ambiente se desarrolla la procesión del Perdón, cuyo hermano mayor, Fernando Dolera, explica que «se vive la Pasión del Señor de una forma muy digna, seria y recogida».

Entre las novedades de 2018 está la adquisición de cuatro tambores más que amplían el grupo de percusionistas de la propia hermandad, y el estreno de un fajín de tela que lucirá María Medianera de Todas las Gracias, traído desde Jerusalén por su vestidor, Pepe Espadero. La Virgen, iluminada por unas velas, también mostrará un nuevo ribete en el rostrillo que rodea su cara.

BUENA MUERTE

Y tras el Perdón, llega el Silencio. Dos de las joyas de la imaginería religiosa alicantina, el Cristo de la Buena Muerte -de autor desconocido, datado entre finales del siglo XVI y principios del XVII- y Nuestra Señora de las Angustias -una Piedad que Francisco Salzillo talló en 1762 y que es el único salzillo superviviente de la Semana Santa alicantina- abandonan la Concatedral y recorren el casco antiguo y la Rambla con ritmo rápido y rasgado. Dos imágenes que son, a su vez, de las más veneradas de la ciudad. Prueba de ello son las más de 1.500 personas que cumplen promesa cada noche de Jueves Santo, para rememorar aquella Hora Nona en la que cuentan que Cristo murió en la cruz.

La única música que se escucha son los «misereres» que cantan un coro gregoriano, interrumpido por el paso firme de los cargadores del Cristo, que marcan el ritmo golpeando el suelo con unos cayados. El hermano mayor, Juan María Matas es partidario de «mantener ese espíritu de humildad, de silencio, de evitar las estridencias». Parte de ese carácter de respeto y veneración viene dado por las imágenes titulares de la hermandad. Las dos tallas se cuidan con esmero todo el año. «Si estuviesen en un museo no nos podríamos acercar a menos de un metro. Controlamos su estado de forma permanente, pero sabemos que son dos imágenes para un pueblo».

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