03 de junio de 2014
03.06.2014

La Corona española, una institución en crisis

La monarquía ha experimentado en los últimos tiempos un deterioro importante en su imagen pública

03.06.2014 | 01:07

La caída del nivel de popularidad del Rey se produjo tras la cacería en Botsuana

La monarquía española en general y el Rey en particular han experimentado en los últimos años un incesante declive en su popularidad, algo que no había ocurrido desde que don Juan Carlos inició su reinado en el año 1975. Las últimas encuestas realizadas evidencian que el apoyo a la Corona ha sufrido en los últimos años una importante caída, una tendencia que se ha acrecentado en los últimos meses y en la que se ha visto especialmente perjudicada la imagen del Rey. Fue precisamente en el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de marzo del 2011 cuando don Juan Carlos obtuvo su primera valoración negativa. Recibió una nota de 4,89, un suspenso que propició que desde entonces el CIS no haya vuelto a preguntar a los españoles sobre la opinión que le merecen la institución monárquica y sus representantes.

En cualquier caso, otros estudios de opinión realizados recientemente confirman la tendencia a la baja de la valoración de los miembros de la Casa Real y especialmente de don Juan Carlos, cuya imagen se ha visto seriamente deteriorada por los recientes escándalos que han sacudido a la Zarzuela. Esta circunstancia ha provocado que vuelva a resurgir, y esta vez con más fuerza que nunca, el debate entre Monarquía o República.

Aunque la figura del Rey ya venía siendo cuestionada de antes, el punto de inflexión que agravó el cambio de tendencia en la valoración de don Juan Carlos se produjo el 13 de abril del 2012. Aquel día se dio a conocer el accidente del monarca mientras participaba en una cacería de elefantes en Botsuana. Aquel incidente no solo causó la rotura de la cadera del monarca, sino que además movió también los cimientos de la Casa Real. Y es que a raíz de aquella caída del Rey trascendieron los lujosos gastos del viaje al país africano, en plena crisis económica, y apareció también por primera vez el nombre de la autoproclamada princesa Corinna zu Sayn-Wittgenstein, una intrigante mujer que ha sido bautizada como «la amiga del Rey» y alrededor de la cual se han tejido buena parte de las críticas que ha recibido el monarca en los últimos tiempos.

El descubrimiento de las lujosas «actividades extraoficiales» de don Juan Carlos en un momento en el que la cifra de parados ya superaba los 5,5 millones de españoles y en el que el Gobierno ya había empezado a aplicar duros recortes económicos no solo provocó el enfado ciudadano, sino que motivó un importante cambio de rumbo respecto a la percepción social de la Corona y de su máximo representante. Pese a que después de su operación el Rey protagonizó un histórico gesto al pedir públicamente perdón desde el hospital, con su ya célebre frase «lo siente mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir», aquellas disculpas no sirvieron para apaciguar a la opinión pública española, que ha visto como en estos últimos meses otros escándalos han sacudido intensamente a la Casa Real.

Entre ellos, ocupa un lugar destacado el caso Nóos, que ha jugado sin duda un papel muy importante en la crisis monárquica. Todo empezó en julio del 2010, cuando el juez instructor del caso «Palma Arena», José Castro, decidió abrir una pieza separada por los pagos efectuados al Instituto Nóos por parte del gobierno balear. A partir de entonces, la justicia puso en evidencia las numerosas irregularidades que se cometieron desde este instituto gestionado por Iñaki Urdangarin, que terminó imputado y ha colocado a la Casa Real en una situación realmente comprometida.

Poco después, el yerno del Rey fue apartado de la vida oficial de la familia real, desvinculación que a día de hoy todavía se mantiene y con la que Zarzuela ha pretendido crear un cortafuegos para aislar al Rey de la figura y las actividades de Urdangarin. Sin embargo, las informaciones que han ido apareciendo en el caso Nóos, incluido el hecho de que el monarca era conocedor desde hace años de los negocios poco claros de su yerno, no han servido para impulsar la imagen de la Monarquía ante los ciudadanos. No solo eso, sino que la imputación de la infanta Cristina, en abril del 2013, colocó todavía en una posición más delicada a la Casa Real.

En cualquier caso, la pérdida de apoyos de la Corona entre los españoles no solo se explica por el caso Nóos. La publicación en 2012 de las cifras básicas de las cuentas de la Casa Real tampoco tuvo el efecto deseado. Así, aunque con esta medida Zarzuela quiso subrayar su voluntad de transparencia, lo cierto es que la difusión limitada y parcial de las cuentas tuvo el efecto contrario, ya que la opinión pública interpretó el gesto como insuficiente y como una mera maniobra de distracción forzada por las circunstancias.

Tampoco sentó bien la defensa que el Rey hizo a mediados del 2012 de las medidas económicas impulsadas por el Ejecutivo de Mariano Rajoy. «El Gobierno está acometiendo reformas de gran calado que no tardarán en dar fruto», dijo el monarca durante un discurso en Brasil mientras los españoles ya se movilizaban en la calle contra los recortes y los ajustes y mientras el paro proseguía su escalada imparable. Por si las aguas no estaban suficientemente revueltas, en marzo del 2013 se hizo público que don Juan de Borbón, padre del Rey, dejó a su muerte una herencia de más de cerca de 1.100 millones de pesetas, de los cuales 375 los recibió don Juan Carlos a través de cuentas en bancos suizos. Pese a que tanto el PSOE como IU, UPyD, ICV y BNG han preguntado sobre este asunto en el Congreso de los Diputados, Zarzuela ha preferido optar por el silencio, provocando un nuevo motivo de enfado entre los ciudadanos.

Y mientras las críticas y el descontento hacia la Monarquía de una parte importante de la sociedad española han seguido creciendo durante estos últimos meses, al mismo tiempo han surgido también mensajes aduladores de una parte del llamado establishment. La entrevista que Jesús Hermida realizó en TVE al Rey, y que muchos criticaron por ser demasiado «cordial», fue probablemente el ejemplo más evidente de esta voluntad de intentar resarcir la imagen del jefe de la Corona.

Pero no solo los escándalos han provocado dolores de cabeza a don Juan Carlos. La salud también ha sido fuente de disgustos que han sido utilizadas por algunos para dejar constancia de que a los escándalos se ha unido también el deterioro físico del Rey.

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