27 de marzo de 2011
27.03.2011

Vidas perras

Es una situación silenciosa, como mucho son unos perros que ladran. Pero la puerta permanece cerrada y no hay rastro de vida

27.03.2011 | 01:00

Es una situación silenciosa, como mucho son unos perros que ladran. Pero la puerta permanece cerrada y no hay rastro de vida, aparte de la animal. Y vivir en la más absoluta oscuridad no siempre está penado por la ley, aunque las imágenes que acompañan estas líneas despierten la sensibilidad hacia los animales.
Es la lucha contra el maltrato animal, enarbolada por muchísimos voluntarios a lo largo y ancho de la provincia que, literalmente, se juegan el tipo buscando en los campos apartados a esos perros que un topo anónimo ha visto en malas condiciones. La Protectora de Animales y Plantas, según cuenta su presidente, Raúl Mérida, recibe denuncias a diario de presuntos casos de maltrato animal. La Asociación Asoka El Grande recibe todos los meses alguna denuncia por este asunto y el Seprona también atiende a diario llamadas de personas que se preocupan por el estado de perros en distintos puntos del mapa provincial.
Así, hemos encontrado diferentes casos: en una casa en medio del monte en Benidoleig, en un sótano maloliente se encuentran separados en dos habitaciones los machos y las hembras, un total de siete perros, dos de ellos cachorros, con los ojos aun entornados. A excepción de los pequeños, todos están encadenados a la pared y junto a sus heces y orines tienen pan duro. Están famélicos y muy asustados. Nos acercamos pero tiemblan de miedo. Ninguna palabra de afecto puede cambiar en unos minutos años de oscuridad. La estancia de las hembras tiene una abertura de medio metro de ancho por uno de alto, pero la de los machos tan sólo está unida al exterior por un pequeño agujero de veinte centímetros. Esa es su ventana con la vida.
En Gata de Gorgos, también en medio del campo, se encuentran unos seis perros, todos atados. Dos están en el exterior, separados uno del otro. Los demás están en una especie de caseta llena de orines y unos cuencos sucios.
En la zona de Foyeta del Conill, en el Maigmó, también encontramos un caso donde más de una veintena de perros están atados, separados unos de otros junto a una casa de campo.
Las patrullas del Seprona se acercan a verificar las denuncias que reciben y a comprobar la documentación de los dueños. "Si el perro no está en una situación en la que su vida peligre o en condiciones muy graves, no es delito", explica el jefe interino de la sección del Seprona en Alicante José Miñano. "En tal caso son infracciones administrativas y se comunican al ayuntamiento pertinente, que es quien tiene la facultad de sancionar", afirma.
El problema es que los ayuntamientos pequeños no suelen gestionar esos expedientes y terminan preescribiendo.
Varios voluntarios han denunciado algunos de los casos que se muestran en las imágenes y sin embargo esta situación lleva vigente en algunos de ellos hasta un año sin que nada haya cambiado.
José Luis Sánchez, delegado en la provincia del Partido Antitaurino y Contra el Maltrato Animal, explica que hay "casos de perros de caza en toda la Comunidad. Están escondidos entre los árboles, atados...Hay una permisividad por parte de las autoridades que no entiendo".
¿Por qué hay gente que tiene a los perros en esas condiciones? La fuerza de la costumbre, algo que han visto toda la vida y el silencio que reina en las pequeñas comunidades son sus aliados.
Según Isabel Leal, psicóloga, se trata de "una forma de manifestar el control y el poder. Suelen ser personas con problemas en su socialización y suelen tener baja capacidad de control de su mundo emocional, una percepción mala de las otras personas y desplazan entonces sus carencias emocionales hacia el control de los animales".
Pero en medio de esa densa oscuridad que preside los días de estos perros atados a sus amos en todos los sentidos están esos voluntarios que luchan por ellos. Desde las asociaciones, desde internet, con todas las herramientas que tienen para ser su voz y defender sus derechos.

Un rayo de esperanza para algunos
Un caso ejemplar es el de Vive, el perro que se ha convertido en la mascota de Asoka. Tenía Leshmania. Estaba a punto de morir porque su amo no le atendía, pero los voluntarios fueron a buscar al animal. Su dueño dijo que su único movimiento iba a ser enterrarlo cuando muriese y no le importó que se lo llevarán. Ahora está denunciado por Asoka dadas las graves consecuencias que tuvo para el perro el hecho de que no le diese los cuidados necesarios. "Cuando lo llevamos al veterinario, nada más recogerlo, íbamos con la intención de sacrificarlo porque estaba muy mal. Pero dijo que si pasaba la noche podían intentar salvarle", explica María Molina, voluntaria de esta asociación. Y Vive pasó la noche y ha pasado los meses, convirtiéndose en el perro de Asoka y en un ejemplo de superación.

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