12 de agosto de 2018
12.08.2018

La Torre de les Maçanes, seis años después de la tragedia

Miles de pinos, carrascas y arbustos cubren de verde la zona afectada por el incendio que en 2012 arrasó 700 hectáreas de la localidad de l´Alacantí, Penàguila y Benifallim y que se llevó la vida de dos personas

12.08.2018 | 04:15
La Torre de les Maçanes, seis años después de la tragedia
Los pinos brotan con fuerza entre los ejemplares calcinados en la zona donde se inició el incendio de 2012.

El incendio de Llutxent (Valencia) que ha calcinado esta semana más de 3.000 hectáreas de la Vall d´Albaida se une a la triste lista de fuegos forestales que han arrasado los bosques de la Comunidad Valenciana. Y ha coincidido con el aniversario de uno de los más trágicos, el de La Torre de les Maçanes de 2012, que además de quemar más de 700 hectáreas se llevó al vida de dos efectivos de extinción, el brigadista Emili Abargues y el agente medioambiental Ernesto Aparicio, que cumple hoy seis años.

Ahora en Llutxent el panorama es desolador, pero en La Torre, desde aquel fatídico 12 de agosto, la vida se ha ido abriendo paso, en mucho casos entre los esqueletos, desnudos, negros y devastados, de los miles de pinos que empezaron a arder en un fuego que tardó dos semanas en extinguirse y que también afectó a las poblaciones de Penàguila y Benifallim.

Un manto verde cubre buena parte de las 700 hectáreas. En algunos casos, sobre todo en las zonas de umbría, los pinos carrascos han brotado con tal fuerza que pueden llegar a alcanzar casi los dos metros, mientras que las carrascas van a un ritmo mucho menor, pero también se ven nuevos ejemplares e incluso rebotan de árboles parcialmente calcinados. Además, un sotobosque formado por un amalgama de otras especies autóctonas como la aliaga, la coscoja o el enebro se ha ido abriendo paso con gran rapidez.

En las zonas donde entraron las máquinas para retirar los ejemplares calcinados la recuperación es más lenta, mientras que donde el proceso ha sido menos invasivo la naturaleza se ha recuperado más facilmente. El problema es que también quedan miles de ejemplares que no han sido retirados, una cicatriz en el monte que recuerda lo que hace seis años pasó y que suponen un combustible que puede favorecer otro incendio. Permanecen allí, en terrenos privados, según recuerda el alcalde Cristóbal Sala (PP), que vivió en primera línea el desastre medioambiental de 2012, cuando ya era primer edil.

Vicent Alemany tiene una finca en Penàguila que se vio afectada por el incendio, y que rechazó el ofrecimiento de una empresa de retirar los pinos calcinados que se llevó miles de ejemplares de otras parcelas. Él mismo se ha ocupado de la limpieza, y lo cierto es que se nota. Además va talando algunos de los nuevos pinos para favorecer el crecimiento de otros, ya que compiten entre sí y no todos pueden sobrevivir, y mantiene también limpia la zona. Alemany recuerda que el fuego se declaró el día de su aniversario de boda, y estuvo con su mujer contemplando como el fuego devoraba un paraje de un valor medioambiental incalculable por el corazón en un puño.

Aquel voraz incendio, que arrancó en el paraje torruano de La Rabosina por la avería de un vehículo, se propagó rápidamente. Y se convirtió en una trampa mortal para una brigada que estaba tratando de realizar un cortafuego en la carretera que une el Alto de Benifallim con Penàguila. Además de los dos fallecidos, otros seis brigadistas sufrieron heridas de diversa consideración. Y en ese trágico lugar se colocó meses después un monolito en memoria de las dos víctimas mortales. Desde allí, las vistas han cambiado mucho desde entonces. Aunque aún hay zonas donde los pinos y carrascas calcinados se mantienen de pie a duras penas, la mayor parte del valle que desde allí se ve ha sido limpiado, retirándose miles de ejemplares muertos. Un manto verde predomina, con arbustos y pequeños pinos y carrascas que se abren paso lentamente.

El municipio dispone desde 2016 de una brigada permanente de los bomberos forestales, un destacamento del que carecía La Torre y que se instaló en 2014 inicialmente por cuatro meses, y Xixona también dispone de otra brigada permanente desde 2017. Con ello, según destaca Sala, el tiempo de respuesta se reduce notablemente, lo que permite en la mayoría de casos atajar los siniestros y que se queden en conatos. De todas formas, siempre existe el riesgo de que, con determinadas condiciones meteorológicas y por la falta de limpieza de los bosques, el fuego siga haciendo estragos en este pulmón verde.

Seis años después, La Torre de les Maçanes y su entorno disponen de más medios para hacer frente a un incendio, y las 700 hectáreas arrasadas han dejado atrás las cenizas y los colores tristes y mortecinos para abrazar el verde, aunque las dos vidas que segó el fuego no podrán recuperarse jamás.

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