Psicología

El acoso cibernético, menos dañino que el acoso en persona

Un estudio concluye que el ciberacoso no es emocionalmente más perjudicial que el acoso que se produce en persona

30.07.2015 | 11:07
El acoso cibernético también se conoce como cyberbullying.

El acoso cibernético, también conocido como cyberbullying, que se inicia y se mantiene 'on line' no es emocionalmente más perjudicial para los jóvenes que el acoso que se produce en persona. Además, puede ser menos preocupante porque es más probable que sea de corta duración y no implique desequilibrios de poder significativos, según concluye un estudio publicado por la Asociación Americana de Psicología.

Investigadores de la Universidad de New Hampshire, en Estados Unidos, analizaron datos del Estudio de Victimización por Acoso Tecnológico, financiado por el Instituto Nacional de Justicia. Se centraron en entrevistas telefónicas realizadas en 2013-2014 con 791 jóvenes de América de 10 a 20 años (49 por ciento hombres). De éstos, el 34 por ciento informó de 311 incidentes de acoso el año anterior, que fueron: el 54 por ciento en persona solamente; el 15 por ciento, a través de la tecnología, y 31 por ciento, mediante una combinación de los dos.

Aunque los incidentes a través de la tecnología fueron más propensos a involucrar a un gran número de testigos, era menos probable que implicaran a múltiples autores, según el estudio. Asimismo, si bien los incidentes en los que se emplean medios tecnológicos solamente fueron más propensos a involucrar a los extraños o autores anónimos, esto parece ser menos doloroso para los jóvenes que el acoso por parte de compañeros y otros conocidos.

"Los incidentes sólo mediante medios tecnológicos fueron menos propensos que los que se realizan en persona a provocar lesiones, implicar una diferencia de poder social y suceder en repetidas ocasiones", dice la investigadora principal, Kimberly J. Mitchell, del Centro de Investigación Infantil contra Crímenes de la Universidad de New Hampshire.

"Los episodios mixtos, los que se producen tanto en persona como a través de elementos tecnológicos, son más propensos que los que emplean sólo la tecnología a involucrar a los autores que sabían cosas embarazosas sobre la víctima, se producen en diversas ocasiones, duran un mes o más, implican daño físico y comienzan como broma antes de convertirse en algo más grave. Son estos episodios mixtos los que parecen ser los más angustiantes para los jóvenes", detalla esta experta.

Muchos investigadores y defensores han asumido que el acoso basado en la tecnología sería especialmente perjudicial para las víctimas porque los acosadores digitales pueden enviar fotos o vídeos de forma anónima y para grandes audiencias y debido a que la agresión puede llegar al objetivo en cualquier momento del día o de la noche. Sin embargo, los nuevos hallazgos sugieren que la tecnología por sí misma no necesariamente aumenta la gravedad y el nivel de estrés asociado con el acoso entre iguales.

"En cambio, los datos de este análisis indican que factores como la duración, el desequilibrio de poder, las lesiones, el contenido sexual, la participación de múltiples autores y el odio son algunos de los factores clave que aumentan la angustia entre jóvenes acosados", subraya la co-autora de este trabajo, Heather Turner.

Los autores explican que la encuesta fue diseñada de una manera que les permitió reunir amplios detalles sobre los incidentes de acoso por separado y examinar las nuevas tecnologías como un aspecto de incidentes con muchas posibles características agravantes. La investigación sobre el acoso cibernético hasta la fecha se ha realizado sobre todo de manera independiente de o en paralelo a los estudios sobre el acoso en persona, añaden.

"Creemos que centrarse en los incidentes de acoso que se producen tanto en persona como con elementos de las nuevas tecnologías debe ser una prioridad para los educadores y expertos en prevención que están tratando de identificar y prevenir la intimidación más grave y perjudicial", concluye Mitchell, cuyo trabajo se publica en la revista 'Psychology of Violence'.

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