María de los Ángeles Sirvent Pinar. Fisioterapéuta, especialista en la reeducación y capacitación del suelo pélvico. Profesora de la UMH

¿Es importante el suelo pélvico en mis relaciones sexuales?

14.01.2017 | 01:53

En esta ocasión comienzo el artículo con una pregunta elaborada a partir de otras muchas que se repiten en mi consulta y que englobaría la preocupación de quien sufre una disfunción sexual. En realidad, algunas de las preguntas serían las siguientes: ¿qué me pasa en esa zona que no parece parte de mi cuerpo?, ¿es normal que ya no note mi cuerpo en las relaciones sexuales?, cuando tengo relaciones sexuales, el orgasmo apenas lo siento, ¿es normal?, ¿volveré a sentir mi cuerpo igual que antes?, ¿podré recuperar mis erecciones tras la cirugía?

Para poder contestar es necesario saber qué es el suelo pélvico. Como su nombre indica, es el soporte formado por distintos músculos, sobre el que se asientan nuestras vísceras de la pelvis, como son la vejiga, la matriz y el recto en la mujer y la vejiga y el recto en el hombre. Sobre este suelo se apoyan las vísceras abdominales, como son las asas intestinales, el colón, el hígado, el estómago y el páncreas. Como techo se encuentra el músculo diafragma, que participa en nuestra respiración y como paredes encontramos los músculos del abdomen. Por tanto, tenemos por debajo, por encima y a los lados, musculatura y estructuras en forma de ligamentos y tejido conjuntivo que contribuye a mantener nuestros órganos en su sitio. A parte de esta función general de soporte de las vísceras, el suelo pélvico también participa en el mecanismo de continencia de orina y de heces, y en las relaciones sexuales por medio de contracciones intensas en el orgasmo, tanto en la mujer como en el hombre. Además, en la mujer contribuye a dar mayor apoyo durante el embarazo y con el aumenta del peso del bebé, a distenderse y contraerse en el trabajo del parto llegando en las mejores condiciones posibles para «dar a luz».

Volviendo a la pregunta del principio, me atrevería a afirmar apoyándome en la anatomía y fisiología, sin caer en frivolidades y en su justa medida, que sí que es importante el suelo pélvico en mis relaciones sexuales. Pero también me gustaría señalar que, en la disfunción en la erección del hombre tras la operación de próstata, la rehabilitación del suelo pélvico no es tan prometedora como la rehabilitación para la incontinencia de orina, que puede aparecer tras esta misma intervención. Sin embargo, la disfunción sexual femenina que puede aparecer tras los embarazos y partos, provocada por la debilidad de la musculatura del suelo pélvico y que puede conllevar una disminución e incluso ausencia de los orgasmos, en este caso, la rehabilitación del suelo pélvico cobra relevancia, así como el dolor en las relaciones sexuales, que se abordará en otro artículo.

De forma muy resumida, la relación sexual se compone de una fase de deseo-excitación, una fase de orgasmo y una fase de resolución. El deseo sexual es un estado mental que precisa de estímulos internos y externos que inducen a la necesidad o voluntad de la actividad sexual, va a venir mediado por mecanismos biológicos regulados por las hormonas y por mecanismos de origen cultural según se viva o permita vivir la sexualidad. En la fase del orgasmo y asociada a una adecuada estimulación sensitiva de los genitales, se producen contracciones fuertes de los músculos del suelo de la pelvis con una duración de 1 segundo y a razón de unas 3 a 7 contracciones por orgasmo. La complejidad de la respuesta sexual precisa por tanto de un cuerpo sano en su globalidad y de una atención multidisciplinar desde los profesionales de la salud (médicos, psicólogos, fisioterapeutas), para poder abordar correctamente las disfunciones sexuales. Desde la fisioterapia especializada en suelo pélvico abordamos las disfunciones en ausencia de enfermedades crónicas que puedan afectar la respuesta sexual, enfermedades neurológicas, enfermedades psiquiátricas, toma de fármacos que puedan afectar a esta respuesta y siempre y cuando la persona haya tenido experiencia previa positiva y de calidad en sus relaciones sexuales.

En este contexto la disfunción sexual más tratada en nuestras consultas va enfocada a la mujer sobre todo, y en el postparto, como bien he apuntado en párrafos anteriores. El tono y fuerza de la musculatura del suelo pélvico y del abdomen tras el embarazo y el parto se ve disminuida e incluso puede perderse la capacidad para contraer el suelo pélvico, y/o tener pérdidas de orina durante las relaciones sexuales. Los músculos del suelo de la pelvis son muy activos durante la fase orgásmica, además los músculos con bajo tono tienen un menor aporte sanguíneo por lo que la fase de excitación previa al orgasmo también puede verse afectada. Podría hablarse, por tanto, de una disfunción sexual en la fase de orgasmo, secundaria a una debilidad de los músculos del suelo de la pelvis.

Los tratamientos que realizamos van enfocados al conocimiento de la importancia de la integridad de las estructuras que forman el suelo pélvico en la respuesta sexual, al aprendizaje de las contracciones del suelo pélvico, y a la mejora del tono y la fuerza de los músculos y de su integración en el orgasmo. Es un trabajo destinado a devolver la función sexual perdida de forma autónoma y desde la propia persona afectada. Al fin y al cabo, contribuimos a devolver el control y seguridad sobre su propio cuerpo y a integrar a la pareja en este proceso de pérdida de calidad en las relaciones sexuales.

El embarazo y el parto es una experiencia de vida única para quienes decidan vivirla, pero los problemas de esta índole que pueden acontecer tienen solución, y esta solución parte de la información y de no aceptar aquello que resulta inaceptable y que se disfraza bajo la resignación. No notar mi cuerpo en las relaciones sexuales, tener un orgasmo de mínima intensidad, y el no disfrutar de las relaciones sexuales, no es normal. Tras la maternidad seguimos siendo mujeres y las relaciones sexuales son una parte importante en nuestras vidas. Hagamos caso a nuestra intuición y busquemos ayuda.

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