04 de septiembre de 2016
04.09.2016
Tribuna
A sotavento

La mochila

05.09.2016 | 02:22

Tantos años y siempre la misma historia. Aún así sigo sin conformarme. No soporto la letanía interminable de quienes han conformado los gobiernos municipales en el Ayuntamiento de Torrevieja. Hasta en la lejana época de la Dictadura, cuando los alcaldes nombrados a dedo accedían al cargo, les faltaba tiempo para quejarse de la herencia recibida de su antecesor en el cargo.

También ocurría y sigue ocurriendo lo mismo en entidades de todo tipo al cambiar sus equipos de dirección, aunque algunos en lugar de hablar de herencia sean un poco más originales y hacen lo del expresidente del Barcelona, Joan Laporta, sustituyendo este término por el de «la pesada mochila». En nuestros días, quienes entraron en la actual corporación municipal torrevejense lo hicieron libremente, conociendo de antemano la situación de descontrol, desidia, apaños, reinos de taifas y supuestas estafas perpetradas a los ciudadanos durante más de un cuarto de siglo.

A lo mejor se quedaron cortos en sus valoraciones, pese a que algunos de los nuevos gobernantes llevaban más de veinte años denunciándolas. Por ello, no acabo de comprender sus quejas sobre la problemática heredada porque si los ciudadanos les eligieron hace ya más de un año fue precisamente con el fin de que «a lo chano chano» y con una escala de prioridades fueran solucionando, unas tras otras, las deficiencias endémicas de este pueblo de nuestras penas y alegrías.

Entre disgustos y gustos, el equipo de gobierno de Torrevieja parece haberse contagiado de la abulia de un paisanaje históricamente incapaz de idear, reclamar o sumarse a un proyecto de ciudad, aunque sea mínimo.

Se puede entender que el pentapartido, dicho en el mejor sentido de la palabra por aquello de aunar diversos criterios políticos y no emular al de Juan Palomo –el de yo me lo guiso yo me lo como–, todavía ande intentando abordar del mejor modo posible la ardua tarea de ordenar los cajones de la casa consistorial para poner cosas y personas en su sitio y evitar el desvío de fondos públicos a bolsillos privados. Ni derrochando comprensión es posible entender la labor opositora del Partido Popular. Si los que perdieron el gobierno municipal en lugar de sufrir desde entonces un ataque agudo de histerismo tuvieran vergüenza política se esconderían bajo de la cama, como hacen quienes temen a los truenos y rayos de las tormentas.

No es de recibo criticar la falta de repintado de las señales horizontales de tráfico, cuando fuera del centro urbano; es decir, en la mayor parte de los viales de la población no existe señalización vertical. Eso por no dedicarle el espacio necesario a un tema cada vez mas problemático: El de los «descapotables», los scooter para personas con problemas de movilidad. Están proliferando cual caracoles en los solares tras la lluvia. Ni por algunos pasos de peatones de las calles remodeladas integralmente por el anterior equipo de gobierno se puede cruzar montado en este invento. Puede pensarse que está feo hablar de problemas que afectan a uno, pero en este caso los sufren, en diversa medida, docenas de personas. He contemplado más de una vez, incluso protagonizado, la tragicómica escena de ver encajada en una esquina a una persona sentada en estas sillas. Menos mal que hay mas gente buena de la que parece y te sacan del atolladero.

Me he «embalao» y ya no me queda espacio. Por ello antes de finalizar quiero dejar constancia de que este verano ha sido redondo económicamente para el comercio y la hostelería local. Quien diga lo contrario miente o debe de plantearse cambiar de actividad. Ha habido para todos. Y el «penta», sin rentabilizarlo.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine