Orihuela

Cuando los vikingos tomaron Orihuela

La exposición del MARQ recuerda la incursión en la que los normandos remontaron el Segura

21.06.2016 | 01:05
Cuando los vikingos tomaron Orihuela

Ataque normando. Atónitas se quedarían las cristianas gentes de la Orihuela del siglo IX al ver una flota de barcos vikingos subiendo, aguas arriba, por el río Segura. Era el año 858 del Señor, también pudo ser uno o dos años después, y aquellos Hombres del Norte de largas cabelleras que llegaban, temerarios, con extraños navíos de proas amenazantes, tomaron la Uryula de entonces para pasar el invierno en la tranquila Vega de la Cora de Tudmir.

El episodio, en general poco conocido pero del que se habla en múltiples fuentes, regresa a la actualidad coincidiendo con la exposición que el MARQ dedica a la cultura de estos antiguos pueblos escandinavos en su largo periplo por las costas de la Península Ibérica y a la que encontraron al llegar. Ocurrió en los albores de la Edad Vikinga.

Con excelentes conocimientos de geografía y astronomía, y una avanzada tecnología de construcción naval que hacía de sus barcos de quilla plana, los drakkars, veloces embarcaciones de extrema maniobrabilidad, se lanzaron a la exploración del mar de países lejanos. Hacia el oeste llegaron a Groenlandia y las costas americanas de Canadá. Hacia el sur, después de las Islas Británicas y la Francia atlántica, fueron bordeando el litoral peninsular español desde Galicia hacia el golfo de Rosas en sucesivas expediciones, encontrando un territorio dividido entre los Reinos cristianos del norte y las provincias de Al-Andalus al sur. Fue entre el 858 y el 861 cuando en una segunda oleada exploratoria, una expedición vikinga consiguió cruzar el estrecho de Gibraltar, deambulando en sucesivas incursiones por el litoral del Levante peninsular. Los ataques vikingos se producían siempre en lugares cercanos a la costa, o penetrando escasamente hacia el interior a través de los ríos que ofrecían posibilidades. Tal fue el caso del ataque a Orihuela.

No era todavía una ciudad importante dentro de la creciente geografía de Al-Andalus. Se correspondía más con la imagen de una pequeña urbe de tradición cristiana protegida por las defensas que en altura coronaban el cerro de San Miguel. Como centro organizativo y defensivo tenía influencia sobre un extenso territorio circundante, jalonado de pequeñas aldeas dedicadas a cultivar las fértiles riberas del Segura.

Eran los tiempos del Emirato de Córdoba, y por cronistas árabes como Ibn al-Qutiyya se sabe que estos guerreros del mar fueron conocidos con el nombre de «mayus», los paganos, o «lordomani». Mientras en las oraciones de los monjes cristianos eran citados con temor con el de «Normannum»: «A furore Normannorum libera nos Domine» (de la furia de los Hombres del Norte líbranos Señor).

Flota de 60 naves
Con más de 60 drakkars -en cada uno podían viajar alrededor de 120 hombres- navegaba esta gran flota vikinga dirigida por personajes como Hastings y Björn Jaernside, hijo del legendario Ragnar Lodbrog, rey de Suecia y Dinamarca. Algunos de estos navíos llegaron a la desembocadura del Segura y, encontrando las facilidades de acceso que ofrecía el cordón dunar de Guardamar a sus barcos de poco calado, siguieron río arriba hasta alcanzar Orihuela, donde las crónicas dicen que tomaron el castillo y establecieron un asentamiento temporal para pasar el invierno antes de continuar hacia las isla de Baleares y las costas de Francia e Italia. Sin crónicas de lo que aconteció aquellos meses, a los detalles del ataque solo cabe echarle imaginación. Pero la exposición del MARQ deja claro que la extendida visión de estos pueblos como bárbaros guerreros dedicados al saqueo y al pillaje, enmascara una realidad que habla también de los viajes de los vikingos como exploraciones de territorios con interés para el comercio o para establecer nuevos asentamientos en una época de crecimiento demográfico en sus lugares de origen.

No permanecieron mucho tiempo en tierras peninsulares los vikingos, al contrario de lo que hicieron en tierras Británicas o en Francia, donde regiones como Normandía llevan en el nombre el legado de esta cultura escandinava. En su «periplo español» abandonaron el país tan rápidamente como lo habían ocupado, y Orihuela no fue una excepción.

El ataque y posterior asentamiento vikingo sirvió para que fuera tenida muy en cuenta la vulnerabilidad defensiva en la desembocadura del Segura y la población de la antigua Almodóvar (la Guardamar musulmana) sería fortificada en años posteriores al ataque de los Hombres del Norte, los Guerreros del Mar. Más de mil cien años después llegaría otra invasión, pacífica y esperada, de escandinavos a Orihuela y la Vega Baja. Esta vez para quedarse al sol.

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