TRIBUNA

Día internacional de...

11.05.2016 | 09:02
Día internacional de...

Los días internacionales, de lo que sea –cualquier excusa es buena para conmemorar algo-, están proliferando como los níscalos -esa seta tan apreciada en gastronomía- que crece en «pinares y bosques mixtos», aunque por esta zona, salvo en Guardamar, hay pocos pinos, ya que los de las sierras de la Muela, Callosa o Redován no cuentan porque se los ha «cargao» el bicho, y en Campoamor no hay mucha humedad que digamos, por lo que no se dan las condiciones para que los robellones nazcan, crezcan, se multipliquen y vayan a parar a los fogones de los «vegabajeros».
El próximo 26-J, los españoles –aunque no está reconocido por la Unesco, el Parlamento Europeo o la ONU- conmemoraremos el Día Internacional de los Derechos del Gilipollas, que diría mi amigo José María Ballesteros, puesto que hay que serlo -¡y mucho!- para no ponerse de acuerdo y tener que repetir unas elecciones que, si no lo remedia nadie -¡y parece que nadie lo va a remediar!-, están abocadas a dar los mismos resultados que las del 20-D. ¡Eso se llama hacer el canelo!. ¡Y habrá que pactar!, pero ¿quién pacta con quién y en qué condiciones?. Bien es cierto que la política hace extraños compañeros de viaje o de cama, como ha quedado demostrado en las negociaciones que han mantenido los partidos para formar gobierno, porque lo que interesa -¡que se lo pregunten a «monsieur coletè»- es el sillón, no quien paga el sillón; o sea, nosotros.
¡Y hablando de pagar!; ¿quién paga la «porrá» de millones que cuestan las nuevas elecciones?. Según parece, la broma nos va a costar del orden de los 136 millones de euros (votemos o nos abstengamos) de los que 49 se destinan a la distribución de la propaganda de las distintas formaciones que concurren a los comicios. Hay otra partida, de 12,7 millones de euros, que es inamovible, puesto que es para la seguridad en los colegios electorales, con más de 90.000 agentes de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Otra, de casi 12 millones de euros, para los gastos que supone movilizar a los miembros de las mesas. La incompetencia de los políticos lleva al pueblo a afrontar un gasto que no puede asumir y que -¡«dulsísimo» nombre de Jesús y de María!- conllevará que la Hacienda Pública anuncie recortes para cumplir con las exigencias de la Unión Europea. ¿Paganos?; ¡los de siempre, nosotros, que somos los que menos culpa tenemos de que peperos, urbanitas, podemitas y «sosiatas» no se entiendan en el reparto de carteras!.
Dice Sánchez, Pedrito, que le comunicó al Rey que no estaba en disposición de afrontar una nueva investidura!. ¡Coño, tampoco lo estaba para la primera ocasión y se presentó a sabiendas de que iba a hacer el ridículo más espantoso del mundo mundial, lo que supuso dejar a la clase política española con el culo al aire ante el resto de Europa. Sánchez no quiere volver a hacer el ridículo, pero quien sí se empeña en hacerlo, una y otra vez, por su actitud chulesca, prepotente e irreverente, dando una imagen rebelde e inconformista -al estilo James Dean- , es Pablo Iglesias, a quien, al final, se le termina viendo el trasero. Me da lo mismo lo que haga en su vida privada, pero me repatea «los colindrones» la falta de respeto que tiene para con las instituciones del Estado, por ejemplo para con el Rey, a quien -en plan chulesco- le regaló una temporada de «Juego de Tronos» o le hace esperar más de 20 minutos porque al chaval le pasa por el arco del triunfo. Además, se presenta en Zarzuela con vaqueros y camisa, mientras que a una gala más burguesa que los que asisten al Baile de la Rosa en el Principado de Mónaco -aunque Antonio Resines se empeñe en convertirla en un acto reivindicativo del cine español-, lo hace con smoking y pajarita. ¡Simplemente, patético y lamentable!. ¡Y a mí que me da que este chico, además de su egocentrismo recalcitrante, tiene un defecto!; ¿no os parece contrahecho? (con todo el respeto para los contrahechos). El jefe podemita, por no respetar, no respeta ni la voluntad de los suyos, a los que amordaza al más puro estilo del «absolutismo bolivariano» venezolano, que viene a ser poco menos que como el que tuvimos en España durante casi 40 años, pero de distinto color político, pese a que al final una dictadura, sea de derechas o de izquierdas, no deja de ser un totalitarismo despreciable. ¿La democracia que defiende Iglesias es la que se vio el otro día en una calle de la capital de Venezuela, donde apalearon al jefe de la oposición al régimen de Maduro o es la misma que mantiene encarcelado a Leopoldo López por discrepar con la política del camionero convertido en presidente a dedo?.
El 26-J celebraremos el Día Internacional de los Derechos del Gilipollas. A quienes vayan a votar les darán dos medallas: una por hacerlo y otra por si la pierde, por gilipollas. Valer no va a valer para mucho y lo que hasta hace poco era la Fiesta de la Democracia en España se quedará en una mera declaración de intenciones para conseguir algo que, por suerte o por desgracia, no podrá ser. ¡Al tiempo!

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