16 de marzo de 2016
16.03.2016

8 años después

El último presidente del Consell que vino a un acto oficial a Orihuela fue Camps en 2008 en 2 ocasiones

16.03.2016 | 01:36
8 años después

Anecdotario. Orihuela no recibía para un acto oficial a un presidente del Consell desde 2008, la jornada dejó todo tipo de curiosidades, como que Puig no entendía ni su letra «de periodista» o que Karlos Bernabé habla valenciano.

Hasta ayer y para encontrar la última vez que se había visto en Orihuela a un presidente del Consell en un acto oficial había que remontarse a Francisco Camps, en 2008 y por dos veces. El 18 de febrero inauguró el Vivero de Empresas, siendo recibido por una sonora protesta porque los vecinos no querían el vertedero comarcal en Torremendo –lo que ha llovido– y meses más tarde, el 17 de julio, acudió al Día del Pájaro, el día grande de las Fiestas de la Reconquista. Después llegaron las elecciones a presidente provincial del PP en el Casino de Orihuela, el candidato de Camps (Pérez Fenoll) perdió, ganó Ripoll y nunca más se le vio por aquí para acto oficial. Su sucesor, Alberto Fabra, ha venido a actos de partido o acompañando a la ministra de Agricultura a entrevistarse con regantes.

Pero la visita también dejó anécdotas como que el portavoz de Cambiemos, Karlos Bernabé, dirigió sus primeras palabras a Puig en valenciano, ante el asombro de los presentes, empezando por el alcalde, al que se le quedó cara de pocos amigos, especialmente porque una de sus peticiones fue el respeto a las comunicaciones en castellano con la ciudad.

Envidias

La edil de Foro Demócrata, Pepa Ferrando, despertó la envidia de al conseguir su minuto de gloria y trasladar a Puig sus peticiones, que pasaron por la declaración de Bien de Interés Cultural para la Gloriosa Enseña del Oriol, de la cual el presidente recibió una larga explicación en la sala que lleva su nombre o que el Consell asuma las últimas obras de restauración que se han ejecutado en Santa Justa.

Ximo Puig, por su parte, quien fue recibido por todos los concejales alineados, que lo saludaron uno por uno, arrancó las carcajadas cómplices de los asistentes al encontrarse con varias dificultades para entender su propia letra y leer en voz alta la dedicatoria a la ciudad tras firmar en el libro de honores. «Soy periodista», se excusó en tono de broma, en alusión a la mala caligrafía de la que, como a los médicos, se les atribuye a los profesionales de la comunicación.

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