16 de febrero de 2016
16.02.2016
TRIBUNA
Hoy es martes en Orihuela

Este pueblo amenaza ruina

16.02.2016 | 07:25
Este pueblo amenaza ruina

Parafraseando el título de la peli sobre una «casa», protagonizada por Tom Hanks, podemos decir, sin temor a equivocarnos, que «este pueblo amenaza ruina». El problema, como en el «filme», es que los protagonistas desconocen que la vivienda -en este caso pueblo- está prácticamente en el suelo y «los esfuerzos para recuperarla resultan baldíos», lo que afecta la relación de los «protas» hasta el punto de que se producen situaciones tensas por un «ataque de cuernos» tras una «presunta infidelidad».
Lo anecdótico de la «piluquila» es que la fachada de la casa hace pensar que está impecable, pero la vivienda, por dentro, es una auténtico desastre; más o menos como Orihuela, que, por su monumentalidad, es una pena no visitar, pero en realidad lo que es una pena es ver que se cae y nadie parece hacer nada –¡digo parece!– por evitarlo. Oleza, antes, apenas si tenía infraestructuras para «explotar» sus recursos naturales –léase turismo–, ahora, y pese a la «machacona» asistencia a ferias –¡tal vez las más importantes del mundo!–, tampoco se tienen.
Me refiero a la ciudad, no a la costa, donde –¡allí sí!– hay establecimientos hoteleros salpicados de numerosos locales gastronómicos y otros atractivos en forma de campos de golf, de propiedad privada, no pública. ¡Aquí un hotel y dos hostales para hospedar al turista!
La semana pasada me presentaron a un profesor de la UA que me preguntó por la posibilidad de iniciar un expediente para conseguir la declaración de Patrimonio de la Humanidad para Orihuela. ¿Patrimonio de la Humanidad? Mi respuesta fue contundente; «es un proyecto ilusionante y sería muy bueno para poner en el mapa a la villa y corte», dije. Pero, para que esto sea posible, el pueblo debe reunir una serie de condicionantes. Y lo digo porque viví el proceso que se siguió para conseguir la misma consideración para el Palmeral de Elche y el Misteri, impulsados por el profesor Miguel Orts y la Universidad Cardenal Herrera-CEU, de Elche.
Al «profe» le planteé la posibilidad de iconseguir ese objetivo siempre que se tratase de cuestiones concretas, como la figura –¡única en el mundo!– del Caballero Cubierto. Me argumentó la inconveniencia de que se declarase Patrimonio de la Humanidad algo tan puntual como la procesión del Sábado Santo, pese a que su historia se remonta a varios siglos.
El docente basaba su afirmación en que tal evento sólo se produce una vez al año, por lo que casi no tendría repercusión –ni mediática, ni económica– para el patrimonio monumental de la ciudad. ¡Coño, el Misteri d´Elx se representa durante tres días al año y no pasa nada!
En Orihuela hay cinco monumentos nacionales, palacios, palacetes y casas solariegas, pero parece –¡digo parece!– que eso no es suficiente aliciente como para arbitrar medidas, en forma de ayudas, con el objeto de poner en valor un pueblo que amenaza ruina. Sólo hay que darse una «vuelta a los puentes» para comprobarlo. Nos daríamos cuenta ­–¡reconociendo lo evidente!– que Orihuela es una «ciudad bombardeada», con innumerables solares en pleno casco histórico –¡valga como muestra la calle Mayor!–; con viviendas apuntaladas y una imagen nada estética –¡por ejemplo, el edificio de la «clausurada/tapiada» Confitería Mari o el solar en el que se levantaba el popular bar «Los Mariscos», en la misma acera de los desaparecidos Cine Novedades o Bar Zara!–.
Solo hay que dejarse caer por el Rabaloche para comprobar que, frente a la Iglesia de Santiago –Monumento Nacional en el que los Reyes Católicos, a su paso para la reconquista de Granada, celebraron Cortes– hay un palacio, Rubalcaba, que está en ruinas –¡maldita la gracia que me hizo la foto publicada por el diario el 10 de febrero!– y por el que parece –¡digo parece!– nadie se preocupa, hasta el punto de que, desde la Casona de la Esquina del Pavo, se reconoce que se ha perdido una subvención de 600.000 euros para su rehabilitación.
¿Se quiere impulsar un expediente de ésta «magnitud» para una ciudad en la que se permite que, en pleno centro, exista una especie –¡digo una especie!– de «gueto», aunque, entre otras edificaciones, está la casa en la que vivió Sara Montiel y, prácticamente –¡digo prácticamente!– no se hace nada por rehabilitarlo? ¿De verdad se pretende auspiciar una declaración de estas características cuando, desde el propio gobierno local, ni se han habilitado, ni se habilitan ni se habilitarán ayudas para incentivar un comercio tradicional, que languidece a pasos agigantados y revitalizar la economía doméstica?
De verdad se pretende esto sin que el pueblo tenga accesos en condiciones por «culpa» –¡a alguien hay que echársela!– del Ave, con calles «bacheadas» que dan imagen de república bananera. ¿Estamos en condiciones de incoar un expediente para conseguir la declaración de Patrimonio de la Humanidad teniendo el cauce urbano del Segura como lo tenemos, con lodos aflorando y una «peste» que tira de espaldas y que en nada contribuye a que el visitante venga a participar –¡ya que estamos en la fecha!– en lo que se considera nuestra Semana Grande?
El pueblo amenaza ruina, pero se piensa en ser Patrimonio de la Humanidad. ¡A lo mejor, los de la UNESCO –los que conceden tal privilegio– consideran que somos como el Partenón, que también está en ruinas, y nos otorgan la «distinción»!. ¡Así sea!

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