TRIBUNA
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Desencuentros

02.02.2016 | 08:14
Desencuentros

Cantan Héroes del Silencio, con Enrique Bumburi a la cabeza: «De cada mirada, por dios/ardía el recuerdo en mi interior/pero ya he desechado/por siempre la fruta prohibida» (Mar adentro). En cualquier faceta de la vida -y sobre todo en la política- hay historias de encuentros y desencuentros y, en cuanto al segundo de estos -desencuentros-, la gente es muy dada a tener que constatar que, para aparcarla/romperla, la relación no «progresa adecuadamente», aunque la amistad perdure en el tiempo. ¡Tanta paz lleves como descanso dejas!. Y eso -cuentan- es lo que se piensa en el Hospital de San Bartolomé; dicen que hay quien ha dejado tanta calma que el centro parece otro.

¡Vamos a ver!. En política no es oro todo lo que reluce y, cuando uno se da cuenta de que la cosa no funciona, lo mejor es hacer la maleta y ¡«pa» la casa que llueve!, pero ¡a «toa» leche, que «pa» luego es tarde!. Sin embargo, en esto de la vida pública, no todos actúan según piensan y, claro, a más de uno se le ve el plumero y es entonces cuando los demás nos damos cuenta de que no basta con «cambiarlo todo para que todo siga igual» -al más puro estilo «lampedusiano»-, sino que se mantienen -cueste lo que cueste- en una «butaca» que no les corresponde y cobrando una pasta gansa por pasear calles y papeles, como «los señores», que «pa» eso me han «votao».

El otro día me sorprendí -aunque en política local, y a estas alturas, hay pocas cosas que me sorprenden- leyendo que Paco Ruiz había dimitido -verbo de difícil conjugación en este país- como concejal por -¡éste sí!- «motivos personales». Lo leí en el diario y me dije: ¡siete meses, ha durado, siete meses!. ¡Ya estamos con la burra en el trigo!. Seguí leyendo y vi que el «sosiata», responsable de un colectivo deportivo, «Pasico a Pasico», decía que «la política no es lo que esperaba». Y me vino a la cabeza aquello de «zapatero a tus zapatos», pero también me pregunté, ¿qué tendrá el sillón que todos lo repudian/critican y nadie, salvo en contados casos, lo abandona?. ¡Se va quien llegó para trabajar y se queda quien hace poco y jode lo poco que hace!. ¡Algo falla!. ¡Cosas veredes, amigo Sancho!, dijo Don Quijote a su escudero.

¿Una muestra, a modo de ejemplo?. Me llamó, no hace mucho, un amigo, el verderol Manolo, y me dijo que nuestra primera autoridad, don Emilio, me querría poco, pero es que, como canta Loquillo: «no vine aquí para hacer amigos» (Feo, Fuerte y Formal). Y todo a cuenta de Dinoco. Bascu se comprometió, con los papás y mamás de los niños y niñas que precisan del Servicio de Atención Temprana a que arreglaría su problema, pero lo cierto es que se ha hecho todo lo contrario y me cuentan que desde la Casona de la Esquina del Pavo no se han «atendido» unas «facturicas» por importe de 60.000 pavos, aproximadamente. Las cosas se podrán entender y explicar de una u otra forma, pero esta es una realidad palpable e irrefutable; ¿no os parece?. Dicho lo dicho, los problemas del colectivo necesitado de tal servicio parecían estar en vías de solución, ya que Dinoco sería gestionado por una empresa municipal, Uryula Histórica, pero -¡cágate lorito!- en su consejo de administración no están representados los afectados o, lo que es lo mismo, «gobernar para el pueblo pero de espaldas al pueblo», al más puro estilo del despotismo ilustrado francés. Los papás y mamás, como se preguntaba el miércoles pasado su representante, Francisco Javier Caamaño, quieren saber «¿por qué no nos quiere, señor alcalde?», pero, una vez más, se quedarán sin respuesta, porque los únicos que han dado muestras de una cierta sensibilidad con el asunto son los de Ciudadanos, que han ofrecido su plaza en el consejo para que los «necesitados» conozcan de primera mano lo que se quiere hacer con lo que realmente les preocupa, sus hijos. ¡Zasca, Emilio!.

Hay quien viene para servir y otros parece que lo hacen para servirse. Pepa Ferrando ha desvelado que a Víctor Valverde, concejal de Pedanías -de quien me han hablado muy bien- le han subido el sueldo y cobrará, desde ahora, 42.000 euros/año. Y se hizo con la oposición de, ¡cómo no!, «repareitor». ¡La próxima semana, hablaremos del Gobierno! (Tip y Coll).

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