TRIBUNA

Mi experiencia

11.01.2016 | 04:36

No hace mucho que soy socio de Cruz Roja, pero quería hacer algo más y como tengo tiempo de sobra al ser prejubilado solicité ser voluntario. Al cabo de unos días tuve la fortuna de que me aceptaran mi ofrecimiento y me hablaron de poder ser útil en varias cosas pero al final me decanté por un programa nuevo o por lo menos poco conocido para mí: Cedimo. Confieso que me costó un poco hacerme con el nombre, hasta que me aclararon que significaba CE de centro, DI de día y MO de móvil.


Comencé a ser el ayudante que acompañaba a Víctor el encargado del vehículo, y una vez hecha la presentación del vehículo a autoridades, donantes y Prensa, allá por marzo, nos pusimos a funcionar, primero en Guardamar y más tarde en Callosa de Segura. También comencé a acompañar a mi amigo Víctor a Orihuela, aunque allí encontramos menos usuarios y dejé de ir. En Guardamar, donde conseguimos tener más de 40 usuarios, ayudando a esas personas, en su mayoría por no decir todas a asentamientos, no solo con alimentos, ropas y calzados; también resolviéndolas problemas y dudas burocráticas y de otra índole. Por su puesto darles el servicio de duchas para su aseo dado que en sus precarias viviendas carecen de él.


Nuestras compras de alimentos en supermercados eran, como se puede suponer, grandiosas, llenando carros y luego repartiéndolos en bolsas para su entrega individual, lo que nos llevaba buena parte de las mañanas de los lunes.


Los martes nos dedicábamos a «plantar» la Cedimo en la zona habilitada por el Ayuntamiento, donde disponíamos de toma de agua y luz, pues aunque el vehículo es autónomo no lo es tanto en cuanto al agua, pues el depósito se vacía después de cuatro o seis duchas.


En alguna ocasión hacíamos «in situ» un pequeño taller sobre alguna materia que les pudiera ser de utilidad. También es importante el acompañamiento, pues no hay que desdeñar que algunas personas están a falta de un rato de conversación y de contar sus cuitas. En nuestro caso teníamos un problema añadido que era el entenderse con los usuarios en su inmensa mayoría inmigrantes, pero este obstáculo se salvaba con la buena predisposición de otros que se prestaban de intérpretes.


También hacíamos de punto de encuentro de familias que se veían poco al pertenecer a distintos asentamientos. Este problema del idioma genera muchas veces la no integración de los individuos, por lo que se comenzaron a impartir clases de español en la Asamblea.


El hilo conductor de estas personas con el asistente social o con la resolución de sus problemas era el servicio que les da la Cedimo. De esta forma conocíamos problemas y necesidades, tratando de darles solución o encauzándolas.


Luego venía un parte más ardua o menos bonita consistente en llevar todos los «recibís» de ayuda entregada al día, justificando hasta el último céntimo, con sus copias y sellos de rigor, sin olvidarnos de grabar todas esas ayudas y actividades en su programa, lo que no es poco esfuerzo. El tiempo relacionado con nuestra salida de los viernes a Callosa de Segura era menos burocrático, dado que las ayudas que se daba a los usuarios eran llevados por los voluntarios de esa asamblea.


En esta localidad la mayoría son personas sin hogar, muchos con problemas de adicciones, sobresaliendo el alcoholismo, mientras en Guardamar los usuarios son familias que viven en asentamientos. En cuanto a Orihuela fui en dos ocasiones, porque no teníamos tantos usuarios. Creo que actualmente hay más.


Cuando se resuelvan mis problemas familiares me gustaría volver a mi voluntariado. De todas formas quiero decir que si he podido ayudar y hemos sido útiles en el servicio prestado es algo que justifica el funcionamiento de Cruz Roja.

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