Torremendo
La Lotería del Niño deja un pellizco en la pedanía oriolana de Torremendo
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¿Quién quiere parecer millonario?

Pedro Giner convirtió a Jesús Poveda, un camarero, en falso agraciado para deleite de la pedanía - El objetivo era representar la alegría ante los medios de comunicación, y todos los vecinos del pueblo estaban al tanto de la broma

08.01.2016 | 11:46

Más que un número. Era la viva imagen de la suerte, aunque Jesús Poveda, camarero de uno de los bares de la pequeña población oriolana de Torremendo que aparecía en la foto descorchando una botella para celebrar primer premio, no tenía nada que celebrar. La alegría servía igual para la prensa y las teles, pero era Pedro Giner, dueño de otro bar y lotero, el incómodo y único agraciado con uno de los décimos de 200.000 euros del Niño.

«Era para crear ambiente. De alegría y seguir la broma», decía ayer Jesús Poveda, camarero del bar Desiree de Torremendo (Orihuela) para explicar por qué ha aparecido como el único agraciado con un décimo del primer premio de El Niño. Ante las cámaras aseguró que destinaría el dinero, 200.000 euros, a «tapar el agujero de la hipoteca», e hizo mutis por el foro para volver «al trabajo». Hasta ahí nada sospechoso.

Pero ayer este diario quiso hacer una visita al afortunado. El típico día después para ver cómo se ha digerido la noticia, concretar proyectos para hacerlos realidad con el dinero de la suerte, algún crucero, algún coche nuevo, algún pequeño sueño que cumplir, lo normal en estos casos. Y ahí empezó –o terminó– el enredo, porque haciendo bueno aquello de donde dije digo... resultó que quien tenía el décimo premiado, el verdadero agraciado de la lotería de El Niño, era Pedro Giner, propietario del bar D'Aarón, situado también en la principal calle de Torremendo. Ocurre que Pedro no es solo restaurador, sino que también tiene en el mismo emplazamiento un dispensador de apuestas y loterías del que se le ocurrió adquirir un «decimico» del número que salió premiado.

Cantado el primer premio y sabido que un décimo estaba en Torremendo, los medios de comunicación se encontraron con el establecimiento cerrado a cal y canto. Pero Giner y Poveda lo arreglaron bien pronto para crear un ambiente festivo de lo más mediático y media hora después parecía que la suerte había llegado al pueblo entero. La broma, broma de pueblo, estaba servida. Ayer, entre sonrisas, reconocía Pedro que no había nadie más con un décimo agraciado y que todos los vecinos sabían que él, y no Jesús, era el premiado. El único con el 22654 de los setecientos vecinos de esta pedanía de la huerta de secano de la Vega Baja, todo carácter.

En Navidad se vendieron 300 décimos de ese número pero no hubo suerte. Solo el lotero repitió a través de la venta telemática y sabiéndose premiado, recreó para los demás un falso escaparate de la alegría que nos dice que en el fondo, lo importante, es la salud.

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