ELISA G. BROTONS
Además de haberse quedado encerrada en el centro y atascada en los problemas del tráfico urbano, la estación de autobuses de Torrevieja (calle del Mar) también ha experimentado con el paso de los años un notable deterioro que sólo puede combatirse con una gran inversión. La primera imagen que se hacen de la ciudad turistas y visitantes es la de una terminal sucia en muchos de sus rincones, con desconchones en las paredes y desperfectos por arreglar. Hace unos días el propietario de la estación y el concejal de Transportes coincidían en estas páginas en que la ciudad necesita una nueva estación ubicada fuera del casco urbano, porque el actual edificio ya no da mucho más de sí tras 22 años.
No en vano, del espejo del baño sólo queda el tablón posterior, la ventana no tiene cristal, el suelo está encharcado, los depósitos de jabón y los dispensadores de papel higiénico vacíos, el cable del secador de manos inutilizado y el interruptor de la luz desaparecido.
La aventura de comprar un billete comienza en el descubrimiento de que la máquina expendedora está hueca y no funciona, y las prisas de coger un autobús en el último minuto tropiezan con los baches en la acera que rodea la manzana y con el hecho de que el reloj digital que preside la estación no funciona. A las pintadas en las paredes se suman los ceniceros rotos, las papeleras municipales estropeadas y a veces quemadas, o los cristales de las ventanillas de atención al público resquebrajados. Hasta el teléfono público está enganchado al cable con simple cinta aislante.
Algunos usuarios se mueven con evidente pudor en el interior de la estación o lanzan exclamaciones cuando se asoman al baño, otros se encuentran como en su casa en el quiosco o en el bar que están integrados en el edificio. Precisamente del arrendamiento de estos locales extrae los beneficios la propietaria de la estación ("Grupo Costa Azul"), que también tiene alquilado un espacio a "Alsa" y "Bilman Bus". El empresario Félix Cerdán, de "Costa Azul", explicó a este respecto que el mantenimiento es complicado porque los beneficios son limitados: "Como estación privada no podemos cobrarle al viajero ningún importe por servicio. Al contrario que las públicas, que sí gravan el billete con un canon por entrar y salir de la estación, e incluso por pasar aunque no te bajes".
Cerdán excusó el estado en que se encuentra la terminal explicando que la inversión que necesita es importante y la tiene que afrontar una empresa privada cuando el momento económico no es el mejor. "Ojalá pudiéramos tenerla más digna, todo lo digna que era cuando la inauguramos hace ya más de 20 años", manifestó.
Vandalismo
Al parecer, uno de los lastres que impiden el mejor mantenimiento de las instalaciones es "el vandalismo. Hemos llegado a encontrar los techos del aseo rotos y la instalación eléctrica estropeada por alguien que quería cargar el móvil", aseguró Cerdán. Aunque la estación está cerrada por la noche, una vez clausuradas las oficinas casi todo depende del comportamiento de los usuarios.
Las puertas de los baños, por poner un ejemplo, eran inicialmente de madera pero se tuvieron que instalar "de hierro y cortadas por arriba y por abajo, porque se encerraba gente". Cerdán aseguró que "cada cierto tiempo pintamos, pero es que el fontanero tiene que estar aquí día sí, día no".
A los conflictos que se generan en ocasiones con algunos usuarios "sólo les pondría fin la presencia constante de guardias jurados. Al ser una terminal privada no hay vigilancia de Policía Local ni de Guardia Civil, aunque siempre que requerimos su presencia vienen", concluyó el propietario.
Pese a todo, la puerta por la que acceden tres mil personas diarias de media a Torrevieja es la estación de autobuses, que habla de cómo es una ciudad que se supone turística. Una carta de presentación que el Ayuntamiento se planea ahora cómo resolver.