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Josefina Blanco Díaz. La torrevejense de mayor edad, con 104 años.

´He querido mucho y no le he hecho mal a nadie. En justo pago, la vida me ha regalado estos años´

En la calle Caballero de Rodas, Doña Josefina Blanco, a sus 104 años, se aparece como torrevejense de esencia y presencia

 19:02  
Josefina Blanco, en un momento de la entrevista en su casa de Caballero de Rodas, en Torevieja.
Josefina Blanco, en un momento de la entrevista en su casa de Caballero de Rodas, en Torevieja.  loino

"Nací un 19 de mayo de 1906 tocando a Misa Mayor. Viví en una casa de planta baja, hermosa, con un patio amplio y un aljibe generoso". En la calle Caballero de Rodas, Doña Josefina Blanco, a sus 104 años, se aparece como torrevejense de esencia y presencia. Serena, furtivamente pensativa, se maneja con ancestral dulzura y sabia sonrisa que la delatan como pura mediterránea.

gustavo m. vallejos La fuerza de sus recuerdos delata que la vida la puso en el lugar exacto. En su Torrevieja salpicada de barcos y gentes marineras. Posee ese exquisito resabio de haber disfrutado, de saberse en un rincón privilegiado alumbrado de luz de mar, "su Torrevieja preciosa".

¿Qué ha sido lo mejor y lo peor de su larga vida?
Lo mejor, mi familia y este mar que me ha dado tanta vida. Lo peor no lo tengo presente, no ayuda.
¿Algún recuerdo amargo?
Muchos. Cuándo perdí a mi madre y a mi hermana con la gripe española (en 1918), cuándo jugando se disparó una escopeta y murió mi amiga Conchica Sala, las malas navegaciones de mi padre, el drama de la guerraÉ
¿Cómo era aquella Torrevieja de principios del siglo XX?
Muy preciosa. Luminosa, ancha, alegreÉ Aunque la mayor parte de mi vida no subí de la calle Caballero de Rodas. Siempre "tiraba" al mar y por eso mi padre me llamaba "la gaviota".
¿Y la vida cotidiana?
Tranquila. Había mucha armonía y cariño entre los vecinos. También problemas, pero con respeto.
¿Qué le gustaba del pueblo?
El Paseo. Pasear junto al mar con los barcos en la bahía. Cuando era jovencita nos pintábamos los ojos y nos poníamos polvos en la cara. Y sin pensarlo, al paseo.
¿Se entretenía con otras cosas?
El cine. En aquella época era mudo. Íbamos al "Teatro Guerrero-Mendoza" (El Teatro Viejo, en la calle Ramón Gallud). Las películas las explicaba el Santonja, que subía y bajaba el pasillo. Era muy "parlanchín", hacía los efectos especiales. Como yo era muy habladora mi padre me llamaba "santonja" (ríe).
¿Tiene recuerdos irrepetibles?
Muchos. Ver los barcos a medio hacer en la Playa del Arenal (Paseo de La Libertad). Eran gigantescos esqueletos y un sinfín de calafates dándoles forma. Aún huelo aquel fuerte olor a madera y la playa llena de virutas. Recuerdo cuando varaban un barco, cientos de hombres sacando aquellos cascos. Iba todo el pueblo a ver el espectáculo.
Sería una mujer coquetaÉ
(Ríe). Como cualquier chica joven. Usaba perfumes y trajes que traía mi padre de Francia. Era patrón y armador, me inundaba de regalos. Me rizaba el pelo con unas tenacillas calientes, pero al llegar al mar perdía el "moldeado".
Volviendo a Torrevieja. ¿Qué actividad había en esa época?
El pueblo tenía mucho "empuje". Una parte vivía de las salinas, pero la mayoría del mar, que tenía mucho negocio. Había barcos que traían mucha mercancía. La flota daba empleo: El calafateo (construcción artesanal de barcos) necesitaba muchos hombres. Por el Muelle del Turbio (frente al Casino) había mucho movimiento.
Y a los 18 conoce a un joven...
Sí. Un chico que sabía hablar, sabía cantar y era muy elegante. El mejor del pueblo (ríe). Antonio Barceló Moscardó, hijo del dueño de la fábrica de cerillas Barceló (en la calle Bazán). Fue la pasión de mi vida.
Su padre navegando y usted con un hermano a su cargoÉ
En ausencia de mi padre nos cuidó mi abuelo, Nicolás Blanco Inglada. Teníamos a Evarista, que nos la "regaló" la familia Rebagliato. Cuando mi padre dejó de navegar, en los años 20, se trasladó a Alicante. Mi novio no quería que me fuese y me pidió matrimonio.
Su boda sería el momento más importante en su vidaÉ
Maravilloso. Fue en San Nicolás (Alicante), el 18 de diciembre de 1929. De viaje fuimos a Cartagena.
Vinieron los tiempos de la Bodega Moscardó y el "Cortals'".
Mi marido puso una bodega en la calle Orihuela. Distribuía el licor "Cortals'". Entonces se tomaba mucho el "café ruso" (leche con "Cortals'"). También el "blanco y negro" en "Las 4 puertas" (ríe).
Era muy importante el suministro de agua potable...
Sí. Antes el agua se sacaba de los pozos: El Pozo Dulce (Alto de la Casilla), el Pozo del Torrejón (playa de Los Locos), El Molino del Agua (La Mata). Se cargaban carros y se vendía por las casas, las familias almacenaban en orzas y otras, las más afortunadas, tenían aljibe. Se recogía el agua de lluvia filtrada con "gabillos" y paños blancos para limpiar las impurezas de los tejados.
Lo más famoso de Torrevieja eran sus veranos.
Sí, muy agradables. Se disfrutaba mucho en los balnearios La Rosa, Vista Alegre, La UniónÉ En "La Pura" teníamos caseta y en "la tina" nos dábamos baños calientes.
Con más ropa que ahoraÉ
Sí, sí. Trajes completos. Había mucho pudor. Los hombres llevaban pantalón a la rodilla y una chaqueta de manga corta. Las mujeres pieza completa con falda y bombacho. El traje feo era esa pieza entera con los tirantes.
¿Y la playa de Los Locos?
Muy amplia. Bajaban a bañar atados a los locos del manicomio (el Palmeral). Me daban miedo y los enfermeros nos marcaban los límites. Nosotros les llamábamos "maniáticos pacíficos".
Y las habaneras, ¿han cambiado mucho?
Para mí, mucho. Las habaneras de ahora no las entiendo, tan complicadas, con tanto arreglo. En mi época (los años 20 y 30) se cantaban de otra manera. En la puerta de las casas, cuando las familias salían a tomar el fresco con sus mecedoras, "angrunsón va" y "angrunsón viene". Alguien acompañaba con la guitarra, pero muy lánguidas, muy melancólicas. Eran muy populares "Rosita de un verde palmar" o "Se va el marinero".
¿Le gusta la Torrevieja actual?
No mucho. Hay demasiado bullicio. Creo que ha perdido unión y vecindad. Se ha hecho demasiado grande, la gente se mira extrañada.
Es inevitable preguntarle por el secreto de sus 104 añosÉ
Todas las tardes meriendo un plato de arroz con leche y una copa de vino dulce. Y no me olvido de un bombón de vez en cuando.
¿Cuál fue la norma en su vida?
He querido mucho, me han querido mucho y no le he hecho mal a nadie. Y en justo pago, creo que la vida me ha regalado estos años.

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