RUSSELL P. SEBOLD 
Experto en literatura española, doctor honoris causa de la UA

´El romanticismo tiene una influencia enorme en la literatura del siglo XXI´

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´El romanticismo tiene una influencia enorme en la literatura del siglo XXI´
´El romanticismo tiene una influencia enorme en la literatura del siglo XXI´ 
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El prestigioso hispanista estadounidense, doctor honoris causa de la UA desde 1984 y Premio Internacional Elio Antonio de Nebrija de la Universidad de Salamanca en 2001, visitó el campus alicantino la semana pasada para ofrecer una conferencia a los alumnos de Filología Hispánica.

¿Qué le ha traído a Alicante?
He venido a ver a los muy buenos amigos que tengo en la Universidad de Alicante y a ofrecer la conferencia La cosmovisión romántica: siete síntomas y cinco metáforas. Con esta charla pretendo construir poco a poco la personalidad y la psicología del típico autor romántico español.
¿Cuáles son los síntomas de los que habla?
El primer síntoma es el del sentimiento que supera al pensamiento. Un ejemplo muy claro de ello es lo que decía Gertrudis Gómez de Avellaneda: "Siento demasiado para poder pensar mucho". Otro síntoma del alma romántica es su total unión con la naturaleza. O el fastidio universal, termino que inventó el poeta Meléndez Valdés en 1974. Es el estado habitual en el que se siente el gran romántico, interiormente vacío
¿Le gusta la obra de Juan Meléndez Valdés?
Sí, porque fue el primer hombre que habló de estos sentimientos y estados de ánimo en la literatura universal. Los franceses tardaron hasta 1833 en descubrirlo, y los alemanes hasta 1847. En cambio, siempre se ha dicho que España ha estado retrasada en el desarrollo del romanticismo. La primera obra íntegramente romántica de la literatura se compuso en España en 1771: Las noches lúgubres, de José Cadalso. También fue la primera novela dramática del suicidio
¿Qué vínculo mantiene con la UA?
En 1984 me nombraron doctor honoris causa, siempre han sido muy generosos conmigo. Hace muchos años que somos amigos. La relación es continua, aunque no venga por aquí constantemente. Mantengo el contacto desde la distancia, y consulto sobre cuestiones literarias con catedráticos de la UA.
Sus estudios sobre la literatura española de los siglos XVIII y XIX se caracterizan por su carácter rupturista, ¿dónde se encuentra el aporte novedoso?
Nunca he estado contento con el estado actual de las opiniones literarias, me inclino por desafiar lo existente. Así he logrado probar que hay mucha originalidad en el neoclásico español. No creaban modelos fijos desde la antigüedad, sino que creaban obras originales.
¿Qué es lo que no le gustaba de las teorías existentes?
Siempre se ha dicho que el romanticismo español empezaba en 1834 y terminaba en 1844. Eso es absurdo. Cualquier movimiento literario tarda más de 10 años en asentar sus bases. Desarrollarse y concluir en una década es imposible. He logrado probar que el romanticismo español se ha ido desarrollando desde 1770 hasta 1870. ¡Un siglo! Y ahí influencias románticas más allá de 1870. El romanticismo tiene una gran influencia en la literatura del siglo XXI.
¿Cómo ha extraído esas conclusiones, cómo ha llegado a ellas?
Estudiando la nueva crítica que se compuso en aquella época, los diarios íntimos, las obras de creación. En todo eso aparecen, de modo indirecto, las confesiones sobre el proceso creativo de los autores y sus creencias personales.
Y la influencia en la literatura del siglo XXI, ¿dónde la ve?
En que los jóvenes, y los que no lo son tanto, como yo, seguimos leyendo obras románticas. Eso desempeña un papel en nuestras existencias.
¿Cómo empezó a interesarse por la literatura española del XVIII y el XIX?
Cuando era joven, nos prohibían leer a los poetas del neoclásico. Un profesor mío muy famoso, Américo Castro, nos decía que leer la obra de Meléndez Valdés era como mascar corcho.
¿Qué problema había con los autores románticos?
Los románticos se dieron cuenta que muchos poetas importantes se les habían anticipado y que lo que hacían ellos no era tan nuevo. Querían criticar a los poetas anteriores para subrayar su originalidad. Durante muchos años, hasta los primeros decenios del siglo XX, seguíamos haciendo una cosa muy poco lícita, creer a los críticos del romanticismo. No eran críticos, eran propagandistas injustos.
¿Cuánto duró esta inercia?
Hasta 1960. A partir de esa fecha, muchos hispanistas volvimos a examinar la poesía y la prosa del XVIII. La prosa no tenía mala fama. A Cadalso siempre se le leía. Sobre todo Las cartas marruecas, no tanto Las noches lúgubres, que era poesía en prosa.








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