20 de abril de 2018
20.04.2018

Crimen Novelda: La Policía halla un nuevo amante de Maje al que recurrió el día del crimen

Un compañero de trabajo de la presunta asesina del ingeniero de Novelda revela que inició una relación con él previa a la boda tras hacerle creer que Antonio la había dejado para irse a Abu Dabi

21.04.2018 | 15:47

Aunque los dos presuntos asesinos del ingeniero noveldense Antonio Navarro Cerdán, muerto a los 36 años de ocho cuchilladas en el garaje de su casa, en la calle Calamocha de València, el 16 de agosto de 2016, están en prisión desde el pasado 12 de enero, el grupo de Homicidios de la Policía Nacional no ha dado en absoluto el caso por cerrado. El juez de Instrucción número 14 de València, responsable del caso, tiene en su poder una nueva batería de declaraciones entre las que destaca la de un compañero de María Jesús M. C., Maje, a quien recurrió el día del crimen de su marido y que también fue amante de ella, algo que se desconocía hasta ahora.

Ese hombre ha explicado a los investigadores que mantuvo una relación esencialmente sexual -afirma que no hacían vida de pareja ni hablaban de proyectos de futuro- entre abril de 2016 y marzo de 2017, con un largo periodo sin encuentros físicos ya que él sufrió un accidente de tráfico en agosto de 2016 que lo mantuvo alejado hasta diciembre del hospital donde trabajaban tanto él, como Maje y el otro presunto asesino, el auxiliar de Enfermería Salvador R. L., Salva.

Uno de los puntos que más chocan a los investigadores es que ese hombre fue a quien recurrió Maje el día del asesinato de Antonio, y quien le sirvió de consuelo en la primera hora que transcurrió desde el descubrimiento del cadáver y la llegada de sus familiares. El enfermero ha declarado ante la policía que aquel día recibió una llamada de la enfermera del SAMU que atendía a Maje de una aparente crisis nerviosa a la puerta de su domicilio, en la calle Calamocha, mientras decenas de policías habían tomado la calle y el garaje, e iban y venían en esos primeros momentos de la investigación criminal.

El entonces ya examante de Maje -el último encuentro había sido en marzo- relata que la compañera del SAMU le llamó desde el teléfono de la viuda y, tras informarle del asesinato del marido, le preguntó si podía quedarse con ella hasta la llegada de su familia, ya que así se lo había pedido la propia Maje. Eran casi las 16.00 horas. «Cuando llegué, la vi llorando, desesperada, con los mocos colgando, despeinada, muy demacrada, muy afectada y compungida. No dejaba de abrazarme y de apretarme muy fuerte. También me decía: 'Que me lo han quitado, que me lo han quitado'. Y que acababa de llegar de trabajar y se había encontrado con la policía y la ambulancia».

Más tarde, después de su detención, tanto ella como Salva confesaron que se habían encontrado a las tres en el piso de la hermana de ella, cita en la que él le contó que había matado a Antonio. Tras el encuentro, reconocieron haber convenido que ella se fuera a su casa, a la calle Calamocha, para aparentar normalidad. En ese momento, hacía apenas unos minutos que un vecino había encontrado el cadáver.

El enfermero había iniciado una relación con Maje tras coincidir en el servicio de urgencias del hospital. En ese momento, él estaba especialmente hundido, ya que su novia le había dejado a 10 días de la boda «y todo el hospital se había enterado». Maje, afirma, logró iniciar con él la relación diciéndole que tenían muchas cosas en común: «A ti te ha dejado tu novia y a mí el mío para irse a trabajar a Abu Dabi». Mintió, ya que Antonio seguía trabajando como ingeniero en Requena, trabajo que nunca dejó hasta el día de su muerte.

En ese momento, abril de 2016, faltaban cinco meses para la boda de Maje y Antonio. Cuando la fecha se acercaba, le dijo que Antonio «había vuelto de repente un jueves de Abu Dabi para arreglar los papeles de la boda» y que iba a casarse. Esa circunstancia enfrió de golpe la relación, «que nunca fue de pareja», admite el testigo, ya que «no había planes de futuro ni proyectos en común» y en la que los encuentros sexuales, que cifra en una decena, fueron en el domicilio de ella, en la calle Calamocha, y en el de él.

En cuanto a si sufrió en algún momento malos tratos, tanto psicológicos como físicos, la respuesta es tajante: «No, nunca».

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