El hombre que estranguló a su tía declara que ella le dijo que no quería vivir más

La juez de guardia de Alicante dicta prisión provisional para el detenido por un homicidio agravado por la vulnerabilidad de la víctima. El arrestado dice que acabó con la vida de la anciana con el cable de una lámpara tras llevarle el desayuno

17.10.2016 | 09:02
El hombre que estranguló a su tía declara que ella le dijo que no quería vivir más

El hombre que estranguló a su tía en Alicante admitió ayer ante la juez que acabó con su vida el miércoles de la semana pasada tras llevarle el desayuno a su habitación. Según su versión, en ese momento, la anciana le dijo que «ya no quería vivir más» y con esta frase entendió que le estaba animando a que pusiera fin a su sufrimiento. Acto seguido, fue a la cocina cogió el cable de una lámpara y con él estranguló a la mujer de 87 años. Dándola por fallecida, llevó el cuerpo al dormitorio de atrás, colocó una bolsa de basura en la cabeza del cadáver, donde lo encerró, y se marchó de la casa. Tras empeñar varias joyas y un televisor, se fue a vivir a un hotel, hasta que el lunes ya no pudo soportar los remordimientos y se entregó en la Comisaría de Alicante.

Aunque el martes se negó a declarar ante la Policía, el detenido admitió todos los hechos ayer en el juzgado de guardia. La magistrada dictó prisión provisional sin fianza por un delito de homicidio agravado por la vulnerabilidad de la víctima. La mujer estaba inválida, medio sorda y ciega y también tenía problemas por hacerse sus necesidades encima. El procesado aseguró que la quería como a una madre pero que ya no soportaba verla sufrir. Dos semanas atrás, la mujer fue hospitalizada tras sufrió una caída en el domicilio de la calle Pintor Aparicio de Alicante y ser rescatada por los Bomberos. Desde entonces, según al arrestado la salud de la mujer se había ido agravando a pasos agigantados.

Aunque el homicida confeso ha manifestado que no sufre ninguna patología psiquiátrica y que no consume no drogas ni alcohol, su abogado, Luis Santamaría, va a plantear al juzgado un reconocimiento psiquiátrico por parte de un forense para determinar si tiene alguna enfermedad mental. El arrestado, de 41 años, tenía antecedentes por delitos de violencia de género y estuvo encarcelado entre los años 2008 y 2013 por haber maltratado a su expareja, una mujer de nacionalidad holandesa. Poco después de salir de prisión se fue al domicilio a vivir con la anciana y compaginaba los cuidados de la mujer con un trabajo de cocinero, hasta que tuvo que dejarlo porque su tía requería cuidados las 24 horas del día. La anciana se negaba a ingresar en una residencia y él tampoco podía pagar a una cuidadora para que estuviera con ella, según explicó.

La mujer era la hermana de la abuela materna del acusado, por lo que era su tía abuela, explicó. El piso era de la madre del presunto homicida y pasó a los tres hermanos cuando ésta falleció; mientras que la tía tenía el inmueble en calidad de usufructo, ya que el abuelo se había casado con ella para poder dejarle su pensión, según explicó.

El arrestado explicó que la anciana requería cuidados constantes y cada mañana le preparaba el desayuno, le cambiaba los pañales y le ponía una palangana para asearla. Al principio, la movilidad de la mujer ya estaba muy reducida, pero todo se incrementó a raíz del accidente en la vivienda, donde se le cayó una olla encima de la pierna, causándole una infección. El hombre aduce que quería a la mujer como a una madre pero ya no soportaba verla sufrir y que había dejado de ser ella misma. En cuanto a la forma de matarla, asegura que eligió el cable porque fue lo primero que vio. Si hubiera encontrado otra arma en la cocina, con total seguridad es lo que habría acabado utilizando.

El hombre ha negado que tuviera frecuentes discusiones con ella y ha asegurado que si hablaba con la mujer a gritos es porque era media sorda y le costaba que le entendiera.

La Fiscalía ha descartado imputarle ningún robo por la venta de las joyas (dos anillos y una cadena), así como de un televisor porque estos bienes eran propiedad del acusado. Con el dinero que obtuvo al empeñarlos, se pagó la estancia en un hotel del centro de Alicante hasta que finalmente acudió a la Comisaría para confesar el crimen.

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