«Cuando me echaron ácido sentí como si el cuerpo y la piel se me deshicieran»

El gestor atacado con un líquido corrosivo en El Albir implica a los dos acusados en su agresión

28.05.2016 | 02:59
El presunto autor material (izda.) y el supuesto inductor (dcha.) ayer en el banquillo.

Los procesados alegan que no se conocían entre sí y sus defensas impugnan la investigación.

«Iba a trabajar a mi oficina y vi alguien sentado en el suelo con un vaso en la mano. A un metro de distancia, me arrojó un líquido encima y yo sentí como si el cuerpo y la piel se me deshicieran». Así relató ayer al tribunal el gestor atacado con ácido en la playa de El Albir cómo fue su agresión ocurrida el 1 de agosto de 2011 a las puertas de su despacho. La víctima apuntó ayer a los dos acusados como las personas responsables de su ataque: uno como autor material y el otro como inductor. Durante todos estos años, se ha sometido a más de veinte intervenciones de cirugía. «Mi vida transcurre entre operación y operación», dijo. La acusación sostiene que el autor intelectual de la agresión fue un exsocio que tuvo en un club de alterne de Petrer que ofreció 10.000 euros a un hombre de nacionalidad búlgara, actualmente en prisión, para que perpetrara el ataque.

El juicio se celebró ayer en la Audiencia Provincial donde la Fiscalía reclama doce años de cárcel para cada uno de los dos implicados por las lesiones sufridas. Las acusaciones incorporaron a la causa el auto judicial de otra investigación por el que se ordenaron unas escuchas en un caso de prostitución en las que se implicaba a los procesados. La falta de ese auto motivó que la vista se suspendiera la semana pasada, ya que de no incorporarse a la causa las escuchas podrían haberse anulado.

El presunto autor intelectual del ataque, que estaba defendido por el letrado José Soler, negó cualquier tipo de implicación en los hechos y aseguró que no conocía de nada al otro acusado. Según señaló, fue socio de negocios con la víctima y una tercera persona en un club de alterne pero hubo diferencias en la gestión del negocio y «todos terminamos peleados». Este acusado, que está en libertad por estos hechos, señaló que sus diferencias con la víctima se están solventando por los juzgados. Según dijo, se enteró de la agresión a través del periódico. «Él tenía diferencias con otras personas», sostuvo.

Por su parte, el presunto agresor, defendido por el abogado Emilio Sánchez Barberán, aseguró que ni siquiera estaba en l'Alfàs cuando ocurrieron los hechos, sino que se encontraba en Madrid. Si la tarjeta de su teléfono le situaba en la localidad el día de la agresión era porque era un terminal que estaba a su nombre pero que no era suyo. Según su versión, la mayor parte de su estancia en España la pasó en Canals recogiendo naranjas.

La víctima, que está personada como acusación particular a través del abogado Agustín Ribera, sostuvo que el presunto inductor le dijo «me las vas a pagar», cuando en el año 2008 le apartaron de la gestión del club. «Yo sospechaba de mi otro socio también, pero con el tiempo me he dado cuenta de que él no tuvo nada que ver con lo que me pasó», dijo.

Las defensas incidieron en el hecho de que en un primer momento la víctima dijera que no podría reconocer a su agresor, para posteriormente más tarde sostener que fue el detenido sin ningún género de duda. «Yo entonces estaba muy afectado por lo ocurrido y no sé ni lo que dije, pero cuando ves una cara a menos de cinco de metros lanzándote ácido eso no lo olvidas nunca», dijo. El gestor aseguró que tras el arresto del sospechoso lo reconoció en sede policial. Hasta ese día nunca le había visto y, según declaró, los meses anteriores ya había recibido varias amenazas de personas búlgaras que su exsocio le envió. Dos testigos aseguraron que el acusado les amenazó con hacerles lo mismo que le ocurrió al gestor atacado con ácido.

Los abogados de la defensa sostuvieron que no hay pruebas contra sus representados y pidieron la libre absolución para ellos. Los letrados cuestionaron también la investigación policial, impugnando tanto las escuchas, como el reconocimiento del principal sospechoso.

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