La voz reivindicativa que el machismo silenció

Dolores había decidido divorciarse, pero no tuvo tiempo

20.12.2015 | 02:43
La voz reivindicativa que el machismo silenció

Su energía a la hora de denunciar injusticias era minada día a día, de puertas para dentro, por su marido. Harta de esta situación, Dolores había decidido divorciarse, pero no tuvo tiempo. Marcos Cabo, que posteriormente se suicidaría en prisión, cumplió su amenaza de quemar la casa con ella dentro y le prendió fuego tras rociar el sofá donde dormía la siesta.

Pese a que para muchos vecinos de Serra (Valencia) proyectaba la imagen de una mujer fuerte, reivindicativa y que no se amilanaba ante nada ni nadie con tal de defender sus ideales progresistas, Dolores Moya era, quizás sin saberlo todavía, una víctima más de la violencia machista. Su marido, concejal de su mismo partido, Esquerra Unida, ejercía sobre ella un control que la oprimía día a día. «Era muy posesivo, no le gustaba que saliera con gente si él no estaba presente. Y si se ponía una falda o vestidos de tirantes, no le dejaba y le hacía quitárselos. Mi hermana hacía lo que él decía, era como una marioneta», asegura el hermano de la fallecida.

Esta actitud machista y controladora de Marcos Cabo le impedía aceptar una separación que Loli llevaba tiempo reclamándole. Así, la tarde del pasado 29 de julio, roció con acelerante el sofá donde se encontraba durmiendo la siesta su esposa y madre de sus cuatro hijos y le prendió fuego con la clara intención de acabar con su vida, como así lo entendió, a tenor de los «indicios suficientes», la jueza de Instrucción número cuatro de Llíria, encargada del caso, quien acordó el ingreso en prisión provisional del presunto asesino.

Acorralado por las pruebas recabadas por la Guardia Civil contra él y antes de rendir cuentas ante la Justicia, Marcos Cabo acabaría ahorcándose apenas dos noches después en su celda del Centro Penitenciario de Picassent, pese a encontrarse bajo el programa de prevención de suicidios. Para entonces, el daño ya estaba hecho. «A mi hermana ya no nos las va a devolver nadie. Ahora lo único que quiero es que se siga oyendo su voz y que el pueblo no tape lo que realmente ocurrió ese día», reclama Francisco Moya.

Una amenaza muy real

«Desde el primer momento, nada más enterarme de que había muerto, supe que él la había matado», confiesa el hermano de la víctima. De hecho, unos veinte días antes de ser asesinada, Dolores le contó a su hermano que su marido la había amenazado con quemar la casa con ella dentro. Sin embargo, como ocurre en la mayoría de casos machistas, la víctima no le creyó capaz de llevar a cabo sus amenazas y no lo denunció. «Ese no se atreve a ponerme la mano encima», le decía a su hermano quitándole importancia a las graves amenazas que finalmente cumpliría al pie de la letra su verdugo.

«Las últimas semanas hablaba bastante con ella porque lo estaba pasando mal. Ella se quería separar, le había dicho que se fuera de casa, pero él se negaba», explica este familiar. Loli, que no quería una separación conflictiva por el bien de sus hijos, dos de ellos de apenas cinco y siete años, había contactado ya con un abogado para iniciar los trámites del divorcio, que únicamente pospuso hasta después de las elecciones municipales, para que ello no repercutiera en el partido, ya que Marcos Cabo se presentaba como portavoz de EU.

Dolores había sido concejala de este mismo partido en la última legislatura. «Para ella la política era muy importante. Fue la fundadora de Esquerra Unida en Serra y era una luchadora incansable en pro de aquellos más desfavorecidos y la defensa del medioambiente y los derechos sociales», aseguraba un compañero de partido tras su muerte.

Sin embargo, lo que en un primer momento fueron muestras de apoyo por parte de la corporación municipal, se tornó en silencio y total falta de consideración hacia la víctima cuando la Guardia Civil arrestó días después a su marido como presunto autor de su asesinato. El punto de mayor crispación llegó cuando el alcalde del municipio se negó a condenar el crimen machista y posteriormente, tras el suicidio del acusado, decretó luto oficial por ambas muertes, equiparando así a víctima y verdugo.

Aunque su asesino, que utilizó como coartada a su hija mayor, trató de ocultar su crimen con un supuesto origen fortuito del fuego e incluso con la posibilidad de que su esposa se hubiera quitado la vida, la jueza de Llíria descartó ambas posibilidades y llegó a la «convicción» de que Marcos Cabo acabó con la vida de Dolores tras entrar en la casa, argumentando que había olvidado las llaves. La primera porque los informes de criminalística determinaron que el incendio había sido intencionado y que éste se había iniciado en el sofá donde se encontraba durmiendo la víctima. De hecho, aunque Dolores murió por la inhalación de humo, su cuerpo presentaba fuerte olor a gasolina. Respecto al hipotético suicidio, se desechó tal posibilidad ya que la víctima, que trató de sofocar el fuego con el agua de la bañera, tenía planes inmediatos, según consta en dos conversaciones telefónicas previas a la siesta de la que nunca llegó a despertar.

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