Una veintena de crímenes machistas y domésticos, crónica negra del verano

El asesinato de Laura y Marina en Cuenca es el último de una larga lista de muertes violentas en las que destacan el ensañamiento con niños de corta edad

17.08.2015 | 02:02
Concentración el viernes contra el asesinato de Cuenca.

La muerte de Laura y Marina, las dos chicas que habían desaparecido en Cuenca y cuyos cadáveres fueron hallados el pasado miércoles, ha cerrado un nuevo capítulo de horror en uno de los veranos más negros que se recuerdan. Eran las nueve de la noche del 12 de agosto cuando saltó la noticia: los cadáveres de las dos chicas desaparecidas en la provincia de Cuenca desde hacía una semana aparecían cerca del río Huécar cubiertos de cal viva y con signos de haber sido quemados.

La aparición de los cuerpos de Laura y Marina vino precedida este miércoles de otra historia de terror: una madre trastornada degollaba a su bebé recién nacido en el altar de un cementerio en un pueblo de Toledo.

Julio salta las estadísticas
Son sólo dos ejemplos de los más de veinte casos de violencia machista y doméstica acaecidos desde que comenzara junio, una sucesión de cruentos asesinatos que ha disparado los niveles de violencia de género en julio hasta alcanzar el máximo anual.

La crónica de sucesos que han conmocionado a la opinión pública se inició a principios de julio, cuando Beatriz R.M. y Sergio R., que se encontraban en el interior de un vehículo en una zona de monte en la localidad de Arbo en Pontevedra, donde fueron sorprendidos por el exnovio de Beatriz, quien les asesinó a sangre fría con una escopeta de caza.

No es el único caso de violencia machista de julio, mes en el que se han acumulado más de un cuarto de todas las víctimas desde que comenzó 2015; en Asturias, en la localidad de Pravia, un hombre asesinó a su mujer momentos después de agredir a la anciana a la que cuidaba y poco antes de acabar con su propia vida.

Arrojó a su bebé al contenedor
Otro de los casos que conmocionó a la opinión pública se conoció el 15 de julio, cuando la Guardia Civil detuvo a una mujer de 37 años acusada de arrojar a un contenedor de Mejorada del Campo en Madrid a su bebé de quince días, que finalmente fue rescatado en buen estado por un vecino que escuchó su llanto.

Pocos días después, en Zaragoza, un matrimonio, ambos de origen marroquí, fue detenido y enviado a la cárcel sin fianza por intentar asesinar a su bebé de dos meses.

El 23 de julio, de una vivienda incendiada en la localidad castellonenses de Vinaròs, los bomberos sacaron el cuerpo inerte de una mujer de 45 años, asesinada presuntamente por su propio hijo, quien le atacó con un arma blanca hasta causarle la muerte en un homicidio en el que no está clara la implicación de la pareja de la víctima.

Machetes, gas o fuego
Los asesinatos cometidos durante este verano no solo han sido llamativos por el número, sino, sobre todo, por la violencia exhibida por sus perpetradores en muchos de ellos. Los agresores han manchado de sangre su odio con el uso de machetes, gas pimienta o quemando previamente a sus víctimas.

Es el caso de la mujer asesinada en la isla de La Palma, en Canarias, el pasado 10 de julio, o el de la anciana de 60 años que vio cómo su pareja le rociaba con gas pimienta antes de asesinarla en su residencia temporal de Molilla, en Málaga.

Uno de los relatos más crudos de este mes lleva el nombre de David O. El pasado 31 de julio debía entregar a sus dos hijas de 4 y 9 años de edad a su mujer, de la que estaba separado, cuando decidió acabar con la vida de las dos pequeñas en su domicilio en Moraña y luego intentar, sin éxito, quitarse la vida.

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