15 de julio de 2015
15.07.2015
Sentencia
Prisión provisional para la madrastra de la niña fallecida en San Gabriel
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Condenan por homicidio y maltrato habitual a la acusada de matar a la niña que cuidaba

La Audiencia impone penas que suman 14 años y medio de cárcel a la mujer y le obliga a indemnizar con 60.000 euros a la madre de la pequeña - El tribunal descarta que los golpes en la cabeza que tenía se debieran a una caída accidental

16.07.2015 | 12:04

La Audiencia de Alicante ha impuesto penas que suman catorce años y seis meses de prisión a la acusada de matar a golpes a la niña de cinco años a quien cuidaba en el barrio de San Gabriel en febrero de 2014, según la sentencia a la que ha tenido acceso este diario. El fallo considera a María Laura Amaya Santiago culpable de un delito de homicidio, por el que la condena a doce años y medio, y de otro de malos tratos habituales, por el que imponen otros dos, casi la misma pena que solicitó la Fiscalía durante el juicio al considerar probados todos los extremos de la acusación. Asimismo, la procesada deberá indemnizar con 60.000 euros a la madre biológica de la niña de cinco años de edad. María Laura permanecía en prisión provisional desde que ocurrieron los hechos y durante el juicio se acogió a su derecho a no declarar.

Los hechos ocurrieron la madrugada del 4 de febrero del año pasado cuando la acusada llamó a los servicios de Emergencia solicitando una ambulancia en su casa porque la niña había sufrido una caída en el cuarto de baño. Los servicios médicos descartaron que las lesiones se debieran a una caída accidental en la ducha. La pequeña murió a la mañana siguiente en el Hospital General de Alicante y fueron tres fuertes golpes en la cabeza los que determinaron su fallecimiento. El fallo considera probado que la menor murió como consecuencia de «una agresión brutal» y que sufría malos tratos habituales, tal como desvelaban los hematomas que presentaba en todo el cuerpo y que fueron causados en días diferentes. Para algunas de estas agresiones, la acusada habría empleado una percha o un objeto alargado. Hasta 17 hematomas diferentes tenía la menor en todo el cuerpo cuando fue examinada por los forenses, señala el fallo.

La sala considera que se trata de un homicidio con la agravante «innegable» de abuso de superioridad. «Se trata de una niña de cinco años, incluso mal nutrida(...) frente a la corpulencia y mayoría de edad de la acusada, lo que determina a una absoluta desproporción de fuerzas».

Con el padre biológico en la cárcel y la madre sin recursos para poder hacerse cargo de la pequeña , la acusada «era el único referente adulto de la menor», dice el fallo. «Se trataba de una niña de corta edad, en manos de una persona ajena a su familia, de quien dependía absolutamente si quería disponer de un hogar y en el seno de éste ocurrieron episodios de agresión y violencia hacia la menor de una gravedad innegable, que en una especie de escalada determinaron finalmente su muerte», relatan los magistrados en la resolución.

La Audiencia descarta que fueran otras personas distintas a la acusada los causantes de las lesiones de la pequeña y no han encontrado prueba alguna que apuntara a que el hijo de ésta, de once años y que convivía con ellos en la casa, tuviera algo que ver con las lesiones, tal y como dejó entrever la defensa a lo largo de la vista. Para ello, la sentencia se apoya en el hecho de que ésta negó haber visto lesiones relevantes en el cuerpo de la menor «a la que vio desnuda cuando ésta se duchó» cuando «era ostensible que la menor había recibido numerosísimos golpes por todo el cuerpo». «Niega lo evidente y ello es un indicio más de que fue ella misma la causante de la agresión», argumentan los jueces. En este sentido, inciden en cómo la procesada trataba de minimizar en sus anteriores declaraciones judiciales los supuestos malos tratos.

Para condenarla, la sala se apoya también en la llamada que la propia procesada hizo a Emergencias, en la que daba a entender que una tercera persona, «una inexistente compañera de piso», era la responsable de lo ocurrido. Los mensajes de Whatsapp de un amigo de la acusada con el hijo de ésta han sido otra de los indicios en los que se apoya la condena. En uno de estos mensajes, el niño reconocía que «si decía la verdad a la Policía condenarían a su madre».

La sala recuerda que la acusada tiene antecedentes de «reacciones violentas ante situaciones estresantes y tiene tendencia a resolver los conflictos de una manera violenta», según establecen los informes psiquiátricos de los forenses que la examinaron.

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