18 de diciembre de 2014
18.12.2014

El Tribunal de Marcas prohíbe unas muñecas que imitan a las «Monster High»

La Audiencia de Alicante acuerda que la empresa retire del mercado los juguetes e indemnice a Mattel con 28.730€

18.12.2014 | 04:30
Una «Monster High» auténtica.

El Tribunal de Marca Comunitaria de Alicante ha prohibido a una empresa juguetera que siga comercializando unas muñecas porque suponen una imitación ilegítima de las populares «Monster High». La firma condenada deberá retirarlas del mercado y destruirlas, así como pagar una indemnización de 28.730 euros a Mattel Inc., la multinacional que tiene registrados los modelos de la marca en la Oficina de Armonización del Mercado Interior (Oami).

La sentencia, a la que ha tenido acceso Europa Press, que es firme, según informaron fuentes de la Audiencia Provincial, confirma una anterior dictada el pasado 25 de marzo por el juzgado de Marca Comunitaria, Dibujos y Modelos Comunitarios número 1 de Alicante, que deberá ahora ejecutarla.

Según los magistrados, la venta de las muñecas designadas con el distintivo «Monster Doll» pueden inducir a los consumidores a confusión con las de la marca registrada por Mattel tanto por la coincidencia de los nombres comerciales como por la morfología de las muñecas, lo que implica un acto de imitación y competencia desleal y, por tanto, una infracción de la legislación de la Unión Europea en esta materia. «No estamos en presencia de productos que exijan a los adquirientes una especial atención porque no son especialmente caros ni tampoco requieren unos especiales conocimientos para decidir sobre su adquisición», señala la Sección Octava de la Audiencia, que tiene jurisdicción en toda España para este tipo de pleitos.

Para el tribunal, no hay pruebas de que la palabra «monster» sea un término descriptivo de uso generalizado en el sector juguetero, como sostenía la empresa que importaba las imitaciones, sino que su conocimiento por el consumidor medio proviene de «de películas o series televisivas de gran audiencia» y los compradores no suelen detenerse «a examinar todos los detalles de los signos de los productos, confiando en la imagen imperfecta que conservan en su memoria». La sentencia establece que provoca «riesgo de confusión» al público.

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