Francisco Etxeberria. Profesor titular de Medicina Legal y Forense de la Universidad Vasca

´Cada fosa que se abre y cada resto que se entrega consolidan la democracia´

 
Francisco Exteberria, instantes antes de la entrevista.
Francisco Exteberria, instantes antes de la entrevista.  FERNANDO BUSTAMANTE

El profesor ha saltado a las portadas por ser el forense que recondujo el caso Bretón con el análisis de los huesos de los niños. Pero es mucho más que eso: lleva años liderando las exhumaciones de las fosas de la Guerra Civil y ha contribuido a esclarecer casos como el de los etarras Lasa y Zabala o las muertes de Víctor Jara.

TERESA DOMÍNGUEZ EL ADN se ha convertido en el nuevo lucero, incluso dios, para la Justicia. ¿Es tan difícil una condena sin su omnipresencia?
No, en absoluto. El ADN es muy poderoso cuando te incrimina, pero en el caso de los niños de Córdoba, por ejemplo, no incrimina más a quien ha cometido el delito. Cuando el autor niega haber estado en el lugar o niega una agresión sexual, si encontramos restos biológicos suyos en la escena o en la víctima, está perdido. Aquí, en caso de que se obtuviera ADN de los restos esqueléticos de los niños, no hay una mayor incriminación del padre, porque él admite que estuvo ese día en la finca y que la hoguera la hizo él. Lo que haría es determinar con expresión matemática que son esos niños, pero ya sabemos que sí lo son: los restos pertenecen a dos homínidos de sus edades, dos y seis años; desaparecieron esa tarde, en la que está documentada la hoguera porque fue vista hasta a 33 kilómetros de distancia de lo grande que era; en esa hoguera hay más elementos, como el botón metálico o el trozo de tela; no había ni un solo hueso de animal entre la cenizas; y obviamente no son restos de un cementerio que alguien ha ido a quemar allí. Así que, ¿de quién van a ser? Para que se entienda, si los niños hubiesen aparecido ahogados en un pozo, podría surgir la duda de si fue un accidente, pero incinerados, porque ese fuego se hizo arder a más de 650 grados durante horas, con mucho acelerante y mucha madera, no cabe la menor dudaÉ
¿Le molesta ser más conocido por el caso Bretón que por sus años al servicio de la recuperación de la memoria colectiva española?
No. Yo era conocido en otro tiempo por otras cuestiones y ahora me toca serlo por el caso Bretón, que tiene un impacto mediático a lo mejor superior. Yo participé en Chile en la investigación de la muerte de Víctor Jara, que puede tener importancia para media Humanidad, no sólo para los españoles, porque era un cantante popular, de una ideología concreta y porque ha dejado para la posteridad un legado que nos puede seguir emocionando. Víctor Jara murió asesinado de varios disparos y le rompieron más de 50 huesos. A lo mejor yo era más conocido por aquello que por esto. Y también puedo volver a ser conocido dentro de tres años porque me equivoque en un caso y eso me lleve a un gran desprestigio profesional. También puede ocurrirÉ
¿Considera sano que un país no sea capaz de sepultar a todos sus muertos? ¿Qué le diría a quienes opinan que poner nombre a los cadáveres de una represión es tener ganas de remover el pasado?
Si se prestan y me dejan quince minutos de su tiempo, estoy preparado para convencer razonablemente a quienes están en contra de las exhumaciones de la Guerra Civil española de que ese asunto encierra tal cantidad de contenidos de derechos humanos y sirve para reforzar la democracia de tal manera, que sus valores pedagógicos superan con creces esa frase hecha de que esto divide a los ciudadanos o reabre heridas; eso es de una simpleza fenomenal. Cada vez tengo más claro que ahí se encierran una serie de valores muy útiles, porque la tragedia de nuestros padres nos sirve hoy para consolidar valores democráticos, para construir más democracia cada día. Cada fosa que se abre, cada resto que se entrega y cada homenaje que se hace consolidan valores democráticos hoy. Esto debería verse con naturalidad. Si hay gente que está en desacuerdo, que se identifique.
Hay quien se aferra a que es una cuestión política...
¿Que hay una reivindicación política detrás? ¡Naturalmente! Hay gente que te dice: "Ustedes están abriendo ahora las fosas por una cuestión política". Y yo les contesto: El no abrirlas durante todo este tiempo fue por una cuestión política, no por falta de infraestructuras o de medios. ¡Claro que detrás de las exhumaciones hay también una razón política, pero nuestro trabajo es objetivo y científico! ¿Cómo puedes pretender investigar las fosas de Libia hoy y decir que no se pueden recuperar los restos de una fosa clandestina en tu pueblo donde está enterrado el padre de tu amigo, con el que has ido al colegio toda la vida, y que fue injustamente asesinado? En esto, de verdad, cada vez tengo las cosas más claras...
¿Alguna vez han rechazado alguna de sus verdades periciales por incómoda?
Sí, en algunos casos de malos tratos y de torturas.
¿En qué casos? ¿En el de Lasa y Zabala, por ejemplo?
No, precisamente en ese caso prosperó porque era también muy contundente, muy demostrativo, tanto que no se podía esconder por más tiempo. Eran otros casos de torturas, en los que yo tengo el convencimiento de que esa persona fue tratada abusivamente. Y yo no tolero que en el siglo XXI y con mis impuestos haya funcionarios públicos que se sobrepasen. Me supera, qué le vamos a hacer... Será porque estoy influido por los jesuitas o será porque me interesa la criminología, pero es intolerable que esto ocurra.
¿Se refiere a casos recientes?
No, son de hace ya unos años, pero a mí me tocaron bastantes casos de estos. Algunos de los asuntos sirvieron para condenar a policías, pero en otros yo no fui suficientemente demostrativo y el tribunal no apreció mi opinión, así que mi verdad pericial no prosperó. Son las reglas del juego.
Usted ha trabajado codo con codo con Baltasar Garzón. ¿Considera justa la justicia que le ha sido aplicada?
No, no ha sido justa, por supuesto que no. A Garzón no le ha querido ayudar nadie, se le ha dicho: "Esta vez, te aguantas". Es un asunto que probablemente en otro contexto se habría resuelto de otra manera. Y le han dejado solo, unos y otros. Además, se produce la paradoja de que en otros lugares del mundo, porque Garzón es muy conocido fuera de España, esto no se entiende, resulta incomprensible lo que le ha sucedido. ¿Cómo puede ser que lo hayan hecho desaparecer por completo de la carrera judicial?
¿Su gran crimen ha sido estar del lado de la memoria histórica?
Su gran crimen ha sido dar amparo a los desamparados, que eran personas que le estaban tocando la puerta y el corazón cuando estaban diciéndole: "Oiga, mire, yo soy víctima de una injusticia. Mi padre está enterrado en una fosa aquí, enfrente del juzgado, y creo que esto se debería estudiar". Cuando Garzón se declara competente, algo que nadie quería hacerlo y que él hace porque cree que tenía alguna responsabilidad, se le echa encima toda la clase política española.

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