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El almendro asesinado

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El poeta Antonio Machado en uno de sus cantares, quizás el más conocido, popularizó el pareado "La primavera ha venido/ nadie sabe cómo ha sido". Sin duda ninguna los versos fueron escritos mucho antes del final de una cruenta guerra entre hermanos, porque, de haberlo hecho en ese tiempo, el segundo de los versos no se hubiese referido a la feliz ignorancia, a la placentera sorpresa, generalmente provocada por la aparición del verde en la arboleda y los trinos en la enramada. Otro era el horizonte. La primavera había venido, pero nadie podía ignorar cómo lo había hecho. Con ropaje distinto al habitual, llegó blanca de nieves, roja de sangre y negra de intenciones, en algunas mentes habituadas a la oscuridad. La nieve dejó los campos y las ciudades cubiertos con el suave color del armiño, pero falsamente tranquilizador, pues en los primeros deshielos se pudo comprobar que, bajo el delicado manto, apareció la suciedad que engendra el odio y la venganza, que iba a permanecer décadas -en algunos lugares la costra se resiste a desaparecer, tan cierto como inexplicable- dominando el paisaje de las relaciones humanas.
Para el poeta llegó, además, como un vendaval que le lanzó fuera de las fronteras, con tanta intensidad que ya no fue posible el regreso. Lo profetizó con la genialidad de sus versos: "Murió el poeta lejos del hogar / le cubre el polvo de un país vecino". Para mí, personalmente, lo hizo con frío y dolor, tan intensos que jamás podré olvidar aquella primavera de aquel año, triunfal para muchos, infausto para tantos. Cumplí once años con la ausencia del padre, cuya presencia fue recobrada seis años más tarde, cuando ya su tutela -tuve la suerte de una madre heroica- poco podía influir en el horizonte del arbolillo ya desarrollado. Un sexenio sin abrazos, sin besos, sin el recurso fácil ante la adversidad infantil, preguntando y recibiendo respuestas evasivas. El padre había intentado la aventura mejicana y se había quedado en el puerto de Alicante, viendo cómo un navío se alejaba y otro tomaba posiciones, mientras la brigada italiana "Littorio" ametrallaba la dársena, para matar o para asustar, -quién sabe- y llevaba -con la ayuda inestimable de falangistas y rebeldes- a los que intentaron el camino de la libertad hacia el campo de Los Almendros, ese lugar al que, según Max Aub, "llegaron deshechos, maltrechos, furiosos, aplanados, sin afeitar, sin lavar, cochinos, sucios, cansados, mordiéndose, hechos un asco, son, sin embargo, no lo olvides hijo, no olvides nunca, pase lo que pase, son lo mejor de España". Desde tan inhóspito lugar, pese al mágico espectáculo de la floración de la arboleda, se inició la larga marcha del padre hacia las prisiones, los encuentros esporádicos, siempre entre rejas, sin posibilidad del contacto físico con el ser querido. De los alrededores de la capital, nuevo destino, también en campo abierto, ahora en Albatera, "un campamento que sólo permaneció en funcionamiento unos meses, tiempo más que suficiente para que se produjesen numerosos fusilamientos". Regreso al pueblo, que no al hogar al que ni tan sólo se le permite acceder. Vuelta a la capital, destino Reformatorio de Adultos, en Benalúa, donde, años más tarde, estableceré mi hogar con vistas al presidio. Él ya no estaba allí. El turismo carcelario se extiende hasta Santoña, en cuyo Penal del Dueso, hasta el que sólo pueden llegar los paquetes que la esposa confeccionaba y el hijo se limitaba a contemplar, el condenado, sin más delito que su adscripción política, soporta carencias y espera soluciones, que irán llegando con nuevos traslados hasta completar seis largos años que culminaran con otro más, soportando el destierro en la capital del país.
Desde hace unos años la Comisión Cívica de Alicante para la Recuperación de la Memoria ha proyectado la construcción de un memorial, junto a un apacible jardín para el recuerdo de lo que fue el lugar de tanto sufrimiento y horror, por lo que supone para miles de alicantinos y para sus herederos y amantes de la libertad en conjunto. Para tal fin se ha obtenido una importante subvención por parte del Gobierno central, pero el equipo popular que, en teoría, administra a todos los alicantinos, sin excepción, no considera oportuno recordar el tiempo pasado que afecte a los derrotados de una guerra ilegal. Los ediles populares han tomado el camino más cómodo, no contestar a las solicitudes. Personalmente el señor alcalde no cede ni un palmo de terreno, no le interesa el tema. Dando largas al asunto, espera y, al parecer, desea que la subvención estatal prescriba y los comisionados desistan. Craso error. Nadie va a renunciar, porque el recuerdo sigue allí, lo ocupa todo. No quieran extender el horizonte, alejándolo de la realidad, porque no hay más. Los fantasmas se crean en mentes propicias a la elucubración y al miedo. Los abanderados de causas injustas crean "espontáneamente" conjuntos de seguidores entre los que suelen destacar voluntarios para el despropósito que lo es, y enorme, el asesinato de un almendro en flor, insensata y torpemente llevado a cabo para oprobio de sus autores que, en su delirio, osan llamar asesinos a quienes dieron vida al árbolillo con amor.

Bernat Capó es escritor.

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