Cumpleaños feliz

 
Enviar
Imprimir
Aumentar el texto
Reducir el texto

Felicidades es una palabra que tengo asociada a otra: cumpleaños, desde que me reconozco. Una palabra simpática, cercana, cariñosa, llena de buenos deseos para el que celebra el día que nació alegrándose de estar vivito y coleante.
Una palabra que hace pensar en fiesta, en futuro, en bienestar, en crecimiento.
Una palabra que supone salir de uno mismo y mirar a otro para augurarle momentos felices en un plural esperanzador.
Una palabra, en fin, importante y útil, aunque, como algunas otras, en un cierto peligro de extinción.
Digo esto porque vengo observando que en los cumpleaños de ahora, cada vez hay menos lugar para ese «felicidades» sonriente y divertido, y más lugar para otras cuantas cosas, que quizás ten dríamos que pararnos a pensar, o poner en entredicho.
Hay ahora cumpleaños tan numerosos que parecen bodas o manifestaciones. En ellos, encontrar al protagonista es toda una aventura. Puede estar en una sesión de fotografía, rodeado de primos y demás familia, perdido entre los invitados de otros cumpleañosÉ Así que pretender acercarse a él para saludarlo, ponerse a jugar y decirle felicidades, se convierte en una tarea, a veces, difícil de conseguir.
Hay ahora cumpleaños tan activistas y vertiginosos que parecen una carrera de obstáculos. En ellos hay que llegar, depositar el regalo dentro de unas grandes cestas, participar en los juegos organizados, literalmente a golpe de pito, merendar, tomar la tarta cantando el «cumpleaños feliz» y trotar sudando a mares entre pelotas de colores, hasta que llega el momento del reparto de regalos, que van entregándose al festejado entre aspavientos y exclamaciones de las monitoras que valoran a voz en grito cada presente en términos de lo más penosamente actual: ¡qué regalo más «chupi»!, ¡vaya cuento más «guay»!, ¡qué «morro»!, ¡qué «ilu»!
Hay ahora cumpleaños tan exquisitos, eficientes y bien organizados, que parecen congresos. Con su tarjetita con el nombre, con los lugares personalizados, con una bolsa para cada abrigo, o cada par de zapatos. Y, claro está, con un mago, unos payasos, un cuentacuentos, o un grupo completo de teatro, marionetas o animación para entretener a los niños.
Cumpleaños a los que hay que ir disfrazados. Cumpleaños que se celebran en una granja, en un parque, en una piscina climatizada. Cumpleaños en los que se puede subir en pony, en carro o en barca. Cumpleaños en los que se invita a todos los compañeros de clase, e incluso a los de dos clases. Cumpleaños que se celebran varias veces: con la familia, en la escuela, en la urbanizaciónÉ
Y prácticamente en todos ellos, junto a la tarta y las alegrías, el descontrol y la sobreexcitación de los niños, las competitivas y frustradoras piñatas, las bolsas de chucherías a los invitados (¿ );, ¡y una auténtica montaña de regalos!
Conozco familias que compran siete u ocho regalos iguales para evitarse prisas y apuros ante las invitaciones repentinas y van regalándolos indiscriminadamente en los cumpleaños hasta que se les acaban y compran otra tanda. Tanto da si al festejado de turno le gustan los cuentos, los animales, o los coches, porque todos recibirán el mismo bonito puzzle comprado en serie.
Los niños reciben tantos obsequios que muchas veces no saben ni quién les ha regalado cada cosa. Sin embargo, poco a poco se van acostumbrando a esta lluvia de presentes, como si se tratara de un fenómeno natural. Porque esto no pasa sólo en los cumpleaños, hay regalos en Navidad, en Reyes, cuando se acaba el curso, cuando se va de compras, cuando están enfermos, cuando van de viaje, cuando acuden al dentista, cuando se portan bien, etc. etc.
Este curso pasado varias madres de alumnos de mi clase me comentaban que las celebraciones de los cumpleaños de los niños se estaban convirtiendo en un hecho demasiado consumista y exagerado y que el tema las tenía un tanto alarmadas. «Ahora no se ve normal celebrar un cumpleaños en plan casero, invitando a los amigos del hijo a una merienda y un trozo de tarta. Hay que ir a sitios especializados que se encargan de organizarlo todo». Además, decían, «se está extendiendo la idea de que lo correcto es invitar a todos los compañeros de la clase para evitar que ningún niño se sienta rechazado. Así que estamos en un dilema: no queremos defraudar a nuestros hijos que quieren asistir a todos los cumpleaños, e invitar a todos los compañeros al suyo, pero tampoco queremos ceder a la presión de unas celebraciones con las que no estamos de acuerdo por considerarlas despersonalizadas, artificiales, estereotipadas y caras».
Una de las madres señalaba que en su familia «procuraban no abusar de los regalos, porque eso podía confundir a sus hijos haciéndoles pensar que podían tener todo lo que quisieran, y que aceptar esta forma de hacer el cumpleaños, supondría una contradicción, porque los niños podrían llegar a la tremenda conclusión de que todo se lo merecen, o que la vida es Jauja».
Otra proponía pedir a los niños que llevaran regalos confeccionados por ellos en casa: una marioneta, un avión de papel, un dibujo, unas magdalenas, que se hiciera un regalo conjunto del grupo de niños que iban a asistir al cumpleaños, o que el regalo fuera sencillamente estar juntos.
Compartí con ellas reflexiones y preocupación. Hablamos del momento evolutivo de los niños en edades tempranas, caracterizado por el narcisismo más total, la búsqueda del placer, la oposición ante las frustraciones por mínimas que sean y el uso de la insistencia y el llanto para conseguir lo que quieren. Y de cómo convendría no alimentar su natural impulso «insaciable» ofreciéndoles estas desmedidas cantidades de fiestas y de regalos.
Hablamos de la tentación de comprar la inclusión en el grupo a base de que «si tú invitas a todos, todos te invitarán a ti». Es decir, que si tú invitas, formas parte de este grupo, tienes un lugar asegurado, «te quieren».
Hablamos de cuánto nos cuesta a todos pararnos a pensar, decidirnos a buscar alternativas personales y controlar nuestros deseos de consumir en estos tiempos de invasión y bombardeo de la propaganda. Hablamos del engaño ilusorio de la uniformidad, es decir, de imaginar que somos iguales, formales, normales, si hacemos lo que los demás hacen. Nos cuesta atrevernos a ser diferentes, atrevernos a desafiar lo bien visto, atrevernos a no quedar bien, atrevernos a no aceptar la moda.
Hablamos de que a veces es la falta de tiempo para dedicar al cumpleaños de nuestros hijos la que nos hace elegir una manera de celebrar organizada por otros, aunque sea menos personal y aunque pase por nuestro bolsillo. Hablamos de ese querer colmar y saciar cualquier necesidad o deseo de los hijos, y de cómo a veces la extremada abundancia en que los envolvemos no les deja aprender a notar lo que quieren, ni a disfrutar de las pequeñas cosas.
Es como si hubiéramos entrado en una competición de festines faraónicos, en la obligación de acatar lo que marca el momento, en el compromiso ineludible de «devolver» las invitaciones de otros niños, en una rueda «imparable» que nos lleva a hacer lo que parece que «toca», como si fuera imposible sustraerse a ello, hacer otras cosas, o no hacer nada.
Es como si se nos hubiera olvidado el objetivo principal, que es celebrar con cada niño concreto y particular la suerte de cumplir un año más.
Es como si viéramos demasiado poco merendar, jugar, soplar las velas y decir «felicidades».
En la escuela lo tenemos más fácil. Celebramos los cumpleaños poniendo una corona al festejado, regalándole un dibujo o un cartel hecho entre todos, recordándole cuánto ha crecido, mirándolo y cantándole el «Cumpleaños feliz». Algunas veces lo envolvemos también de buenos deseos para que se sienta arropado y contento. Éstos son los que le deseamos a Marc cuando cumplió los cinco años:
-que sea un dinosaurio
-que sea rey
-que tenga corona y anillo
-que sea bello
-que tenga bicicleta
-que se enamore
-que sea millonario
-que tenga una nave espacial de verdad
-que sea siempre mi amigo
-que tenga más amigos aparte de nosotros
-que venga a mi barraca a divertirse
-que sea alegre
-¡que sea feliz!

Mari Carmen Diez Navarro es maestra y psicopedagoga. Coordinadora pedagógica de la Escuela Infantil Aire Libre de Alicante

COMPARTIR
 
  HEMEROTECA
  CONÓZCANOS:  CONTACTO |  INFORMACION |  LOCALIZACIÓN |  CLUB INFORMACION |  PROMOCIONES     PUBLICIDAD:  TARIFAS |  CONTRATAR PRENSA   CONTRATAR WEB  
INFORMACION.es es un producto de Editorial Prensa Ibérica
Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de INFORMACION.es. Así mismo, queda prohibida toda reproducción a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, Ley 23/2006 de la Propiedad intelectual.
 


  Aviso legal
  
Otros medios del grupo Editorial Prensa Ibérica
Diari de Girona  | Diario de Ibiza  | Diario de Mallorca  | Empordà  | Faro de Vigo  | La Opinión A Coruña  |  La Opinión de Granada  |  La Opinión de Málaga  | La Opinión de Murcia  | La Opinión de Tenerife  | La Opinión de Zamora  | La Provincia  |  La Nueva España  | Levante-EMV  | Mallorca Zeitung  | Regió 7  | Superdeporte  | The Adelaide Review  | 97.7 La Radio  | Blog Mis-Recetas  | Euroresidentes  | Lotería de Navidad