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El año de Arcadi Blasco

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EMILIO SOLER El artista mutxamelero, por si no lo sabían, nació de pie hace casi ochenta y un años. El difícil parto estuvo a punto de dejarle impedido de sus brazos ya que resultaron rotos en el acontecimiento. Merced a los cuidados recibidos, las extremidades volvieron a su buen estado original y Arcadi, mucho tiempo después, pudo utilizarlas sabiamente en sus trabajos cerámicos. Y, también, para interpretar a Mozart y Beethoven al piano, uno de sus hobbies favoritos y con el que, de tanto en tanto, alegra la tarde a sus amigos.
Arcadi, buen aficionado al cine, guarda entre sus preferencias una espléndida película de William Wyler, "Los mejores años de nuestra vida". Por si no la recuerdan, trata del regreso de tres soldados en la Guerra Mundial a sus hogares. Aunque al principio todo son homenajes y sonrisas, bien pronto la gente se olvida de ellos y de sus circunstancias. El film, de un director norteamericano, judío nacido en Alemania y que estudió violín en París, fue aclamado por la crítica del momento y recibió siete oscars.
Como en el cine, este 2008 puede ser, también, uno de los mejores años en la vida del artista de Bonalba. Han sido los meses en que ha redondeado su idea del "Aprisco", un cercado provisional que hacen los pastores para el ganado y que Arcadi ha transformado en un redil donde se guarece permanentemente el hombre actual, el que se considera en el centro del universo sin percatarse que está encerrado por sus propias limitaciones, las que nunca podrá saltar. Múltiples leyendas en todos los idiomas recuerdan las palabras que sonsonean los allí cercados, los radicales nacionalistas, los religiosos a ultranza, los neo-cons, los intolerantes: Yo amo mi aprisco, tú amas tu aprisco, él ama su apriscoÉ
Este cercado formará parte de la Antológica que para el próximo miércoles se inaugura en el Museo de la Universidad de Alicante dirigido por Mauro Hernández. La muestra, sabiamente coordinada por Mateo y Piqueras y en la que colabora la CAM, nos traerá la obra de antes y de ahora de un artista genial que, como los protagonistas del film de Wyler, a veces, cuando la morriña de su soledad en Bonalba le invade, se considera un poco en fuera de juego y echa de menos la vida intensa en sus Madriles de antaño.
Dos días después, el viernes de la siguiente semana, el Club INFORMACION, atento a nuestra vida cultural, abrirá una exposición con los dibujos y grabados que durante este año ha preparado el artista sobre los apriscos. Por si faltara algo, se aprovechará la clausura en el MUA para presentar unas conversaciones de Pere Miquel Campos con Arcadi, que prometen jugosas revelaciones sobre su carácter y personalidad.
Este pasado verano, el artista marchó a Chile recogiendo una invitación personal de Michelle Bachelet, presidenta del país. Allí le aguardaba una grata sorpresa: no sólo estuvo presente en la reinauguración del Museo Internacional de la Resistencia Salvador Allende en la plaza frente al Palacio de la Moneda, abarrotada por una ingente multitud, sino que una de sus obras, perteneciente a la "Arquitectura del miedo", se mostraba entre las piezas seleccionadas para figurar en forma permanente junto a las de Antonio Saura, Antoni Tàpies, Joan Miró, Chillida, Millares, Andreu Alfaro, Manolo Valdés o Eusebio Sempere. En el acto estuvo presente, aunque con una salud muy mermada, la viuda de Allende, Hortensia Bussi. Al día siguiente, el artista alicantino fue invitado a tomar el té en el domicilio particular de Isabel Allende, hija del presidente y diputada en el Congreso chileno. Y es que Arcadi tuvo mucho que ver con la solidaridad artística internacional hacia el régimen de Salvador Allende. Él, como presidente de la Asociación de Artistas Plásticos de España, recibió con entusiasmo la idea de Moreno Galván y de inmediato los principales artistas del mundo comenzaron a donar una pieza para la ocasión. Arcadi recuerda con amargura que cuando llegaron a Santiago parte de esas obras ya se había producido el golpe de Pinochet y, como por ensalmo, muchas de ellas desaparecieron: destruidas por la barbarie o en las mansiones de la oligarquíaÉ
En este año inolvidable, Arcadi ha inaugurado exposiciones en Madrid y Cataluña, dado conferencias e impartido cursos. Por ejemplo, en el Pazo de Cultura de Pontevedra, junto a la ceramista griega Teodora Chorafras. Allí, además, recordó viejos tiempos con su amigo Isaac Díaz Pardo, alma máter de la fábrica de porcelana en Sargadelos. Pero lo que de verdad sigue entusiasmando al artista mutxamelero son sus clases de los jueves a los chavales y chavalas del colegio Manuel Antón, en su pueblo. Una vez a la semana, Arcadi comparte arroz con los profes del centro, se echa una partida de dominó mientras se debate sobre lo divino (menos) y lo humano (más) y, a las tres en punto de la tarde, a trabajar con los más jóvenes. Les desvela los secretos de la cerámica y de la importancia del barro, sobre su conexión cultural con la historia y costumbres de las civilizaciones. Conjuga realización de mural, "Los Músicos" de Picasso, por ejemplo, con la enseñanza de que sin la cerámica el hombre no hubiera podido volver del espacio: Cuando la nave entra en la atmósfera terrestre, les explica, se produce una fricción de más de 2.000º, una temperatura que ningún metal aguanta sin fundirse. Tan sólo, insiste, la cerámica manipulada, con carburo de silicio y titanio como base, puede resistir.
En este año que languidece, Arcadi Blasco ha recibido y recibirá muchas alegrías, todas ellas la mar de justas, pero, seguro estoy, su mayor satisfacción será la de haber obtenido un título bien merecido: profesor honorario del colegio público Manuel Antón de Mutxamel. Lo dicho, este hombre nació de pie.

Emilio Soler es profesor de Historia Moderna de la UA.

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