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De nuevo lentejas

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BERNAT CAPÓ Ya metidos de lleno en tiempo vacacional no es bueno abrir debates por el acaloramiento que ello pueda suponer, propiciando una mala digestión, pues nadie ignora que, en verano, se suele abusar un poco de la comida con la consecuencia lógica de sufrir flato, si no se tiene la posibilidad de acompañarla de la reparadora siesta. Es momento de tranquilidad, muchas lecturas y escasa actividad física, a no ser que obligue a ello el mandato del médico. A pesar de cuanto llevamos dicho hay gente a la que le gusta debatir, aunque diga lo contrario, en cualquiera de las cuatro estaciones en las que se divide el año. Allá cada quien con sus sofocos que tanto pueden afectar a la buena marcha de la salud, como a la capacidad de meditar empleando el tiempo necesario para llegar a tomar una decisión más o menos acertada. A esta tarea última, la meditación, es a la que, al parecer, se ha dedicado el señor Ábalos, candidato a la Secretaría General del Partido Socialista del País Valenciano, -ésta es la denominación correcta por histórica y por el sufrimiento de cuantos la proclamaron- considerando que la palabra país está caduca y propone Comunidad, como más moderna. Cierto que el Estatuto, por el que se rige nuestra Autonomía, consagra el insustancial nombre de Comunidad, obviando, por razones de indudable debilidad, -estado de carencia de energía y vigor necesarios para tomar resoluciones- el esperanzador preámbulo que se redactó, con escasa ilusión y sin convencimiento, para abrir las páginas de la ley que sanciona nuestro régimen autonómico. Bueno, esa parece ser la realidad y no la discuto y espero que nadie discuta mi derecho a referirme a mi tierra como un país, designación que no se prohíbe en ninguno de los artículos estatutarios. El candidato a dirigir el socialismo valenciano se decanta por cambiar la actual denominación de Partido Socialista del País Valenciano, por la de Partido Socialista de la Comunidad -será Comunitat?- Valenciana. Y advierte que no tiene interés en abrir ningún tipo de debate en torno al tema, pero deja la puerta abierta, de par en par.
Y así lo demuestra el citado señor cuando se reafirma diciendo: "Puesto a apostar por una denominación oficial, debemos hacerlo abiertamente, pues no tiene sentido que tengamos un nombre distinto del de Comunidad Valenciana, ya que si en ninguna comunidad autónoma tienen este problema, no sé por qué tenemos que tenerlo aquí". Sin duda, el aspirante ha querido tomar la delantera a la ponencia que, en torno a las siglas, se presentará en el próximo congreso, un congreso al que no asistiré, entre otras razones, porque no soy compromisario, nadie me ha invitado y como militante soy de los más antiguos y lo viejo, es sabido, en general, molesta, por tanto lo más aconsejable es que me quede en casa, pero mi opinión no se perderá quedando inédita, aunque no se le preste atención, aunque provoque alguna sonrisa despectiva, aquí la expongo y queda escrita. Es muy posible que el cambio de siglas se lleve a término, con ello habremos alcanzado un peldaño más, tal vez el último, en la escalera de rendiciones que se han venido produciendo y que el Partido Socialista valenciano ha ido aceptando, en ocasiones, de buena gana. La moviola nos ayuda a recordar que se cedió en el tema de la denominación del territorio, simplemente por temer a una utopía -siempre causan temor las utopías, especialmente si llegan por el tormentoso norte- aquella de los Països Catalans; se cedió en lo tocante a la bandera con el argumento que no valía discutir por un poco de azul junto a su asta; se cedió en el idioma -por parte de los políticos, claro está, que no por el lado académico que sigue ganando batallas- protagonizando el más sonado ridículo, tanto por parte de los cedentes como por los intransigentes; se cedió en la renovación del Estatuto que constituyó un triunfo absoluto de la derecha, hasta tal punto que, una vez hecha la foto con las sonrisas al uso, la izquierda ya se lamentaba de haber firmado aquella rendición. Estamos tan acostumbrados a ceder que, incluso, cuando no se nos obliga a ello, cedemos voluntariamente por no soliviantar los ánimos del adversario y ello sin consultar con la militancia. De nuevo las lentejas están servidas.

Bernat Capó es escritor.

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