Información.es »

Suave placebo

 04:56  

El anuncio del Gobierno de realizar "una reforma suave de la Ley de Libertad Religiosa", debería contentar a todos los que aspiran a vivir en una sociedad efectivamente laica. Sin embargo, los antecedentes hasta la fecha y la inconcreción de la actual propuesta obligan a retomar algunas cuestiones, causa primera de los embrollos más característicos, impresentables y ridículos de nuestro sistema educativo.
No debería ser discutible que la palabra aconfesional (definición del Estado en la Constitución); es sin duda equivalente a laico: Estado aconfesional o laico es, en esencia, Estado neutral ante las diversas confesiones religiosas (y así lo expresa la sentencia del Tribunal Constitucional del año 2001);. Lo segundo, que laico no es necesariamente sinónimo de ateo, puesto que pueden haber, y de hecho las hay, personas que profesando alguna confesión religiosa son, al mismo tiempo, laicos, es decir, creen firmemente en la necesidad de una neutralidad estatal frente a las distintas confesiones.
La Ley Orgánica de Libertad Religiosa de 1980 introduce la confusión matriz a partir de la cual se desarrollan el resto de confusiones en torno a este asunto cuando, después de sancionar (artículo 1.3); que ÷ninguna confesión tendrá carácter estatal", afirma el derecho de toda persona a "recibir e impartir enseñanza e información religiosaÉ; elegir para sí, y para los menores no emancipados e incapacitados, bajo su dependencia, dentro y fuera del ámbito escolar, la educación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones" (artículo 2.c); y remata "para la aplicación real y efectiva de estos derechos, los poderes públicos adoptarán las medidas necesarias paraÉ la formación religiosa en centros docentes públicos".
Los artículos citados vienen dando sustento jurídico a afirmaciones como las del cardenal de Valencia, Agustín García-Gasco, que hace poco expresaba que "todo intento del Estado de invadir los ámbitos soberanos de la familia sólo encontrará la legítima resistencia de las familias", deslizando, en el actual contexto polémico respecto de la asignatura "Educación para la ciudadanía" que las familias no sólo tienen derecho a formar a sus hijos en la religión que ellos profesan, sino que además tienen derecho a determinar desde la cuna a los niños a profesar unas determinadas creencias. Pero, como recuerda Fernando Savater "no se educa a los niños para la armonía familiar sino para la armonía social: por tanto la responsabilidad de la enseñanza corresponde a la sociedad entera. Si el niño o el adolescente cuando crezcan se comportan de acuerdo con lo que sus padres quieren pero de modo que la comunidad democrática resulte lesionada, la educación habrá causado más daño que beneficio". Y en "The God Delusión", Richard Dawkins muestra con toda crudeza el tremendo absurdo que significa darle carácter hereditario a las creencias religiosas: "a veces hablamos de niños judíos, musulmanes, católicos o protestantes pero nunca de niños neoliberales, keynesianos o marxistas, demócratas o republicanos. Sin embargo, tan disparatado es lo uno como lo otroÉ Precisamente para que sean capaces de elegir es para lo que hay que educarles: no se trata tanto de enseñarles "que" pensar sino cómo" (Fernando Savater, "La Vida Eterna", editorial Ariel);. Y en la misma línea se expresa un cristiano confeso como J. A. Marina o el teórico musulmán Tariq Ramadan.
No es cierto, como también afirma García-Gasco "que el creyente tenga que renunciar a una parte capital de sí mismo, su fe, para ser ciudadano activo", porque el ser humano "es un ser social y la fe tiene una dimensión comunitaria", a no ser que confunda a la "sociedad en general" con su "particular" comunidad religiosa.
Pero aún hay más, el artículo 7 establece la necesidad de acuerdo con otras confesiones, incluido el de su presencia en los centros educativos. En las últimas semanas, confesiones como la musulmana o la judía se quejan de discriminación al denunciar que no se está aplicando en las mismas condiciones con las que se aplica a la católica: "Si unos, todos", cuando lo cierto es que "ni unos ni otros". Habría que suprimir los artículos citados, dejar a las distintas confesiones en plano de igualdad y en el ámbito que les es propio: en el de las opciones individuales de cada uno, sin que puedan prevalecer sobre las pautas democráticas cuando existiera alguna colisión entre ellas. Hacer proliferar a las distintas religiones en el sistema educativo genera la paradoja que mezcla un rancio conservadurismo con un progresismo equívoco, contradictorio y falaz.
Lo que parece que va ocurrir con la Filosofía es no sólo una temeridad, sino que es también una irresponsabilidad para el futuro de una sociedad democrática. Que en la Comunidad Valenciana, por ejemplo, la asignatura de Religión tenga dos horas en 1º de Bachillerato, las mismas que la nueva Filosofía y Ciudadanía (que pierde una); o que Educación para la Ciudadanía se vaya a impartir en inglés, sencillamente no tiene nombre (por mucho que la confesionalidad no disimulada del Partido Popular nos tenga con las barbas en remojo desde hace mucho tiempo);. Pero que todo esto esté ocurriendo con un Gobierno socialista es, como mínimo, desolador. ¿Será esa "reforma suave de la Ley de Libertad Religiosa" un suave placebo contra la desolación?

José Hurtado Paredes es profesor de Filosofía en el IES "Maciá Abela" de Crevillent y concejal de Los Verdes en el Ayuntamiento de Torrevieja.

hey there

Enlaces recomendados: Premios Cine