Información.es »

La oración del filósofo

 05:01  

o son tiempos propicios para encontrar fácilmente el espacio interior adecuado y abrirnos a nuestras expresiones más íntimas, como la lírica, la filosofía o la religión. Sólo hay que ojear los planes de estudio para comprobar cómo la tecnología se ha convertido en otra ideología, en un sistema y hasta en una forma de vida que trasciende el papel instrumental de la técnica. Más aún, la tecnología se ha convertido en sustituta de la formación humanística de los saberes en aras a la inmediatez. Este imperio de la racionalidad instrumental nos conecta mejor, pero a costa de comunicarnos mucho peor: nos vemos extraños y como competidores insolidarios.
En este contexto, quiero compartir una reflexión del "Fedro" de Platón; cuando al final del libro, Sócrates propone a Fedro elevar una oración a los dioses, antes de retomar el camino. Dice así: "É concededme que me torne bello en mi interior y que todas las cosas que existen fuera se encuentren en armonía con las de dentro. Que pueda considerar rico al sabio y que pueda tener una cantidad de oro tal, que nadie pueda tomar ni llevarse, a menos que sea temperante". Cuatro peticiones en una, y muy actual, cuando tantos se afanan en convertir la tecnología en un dios sin alma. Veamos:
La primera petición se refiere a la mejor belleza (que para Platón y Sócrates era la interior);, en el sentido de que hay que esforzarse por conocer el bien y ponerlo en práctica en la medida de lo posible.
La segunda petición es una plegaria que pone por delante al "ser" respecto al "tener" y al "aparentar". Al revés que a Nietschze, a Sócrates le importa la Verdad, lo que en verdad somos cada uno sin subordinación a otros intereses, como el afanarnos en que otros crean cosa distinta de lo que somos y tenemos.
La tercera petición es característica de la cultura clásica griega: la sabiduría es mucho más valiosa que las riquezas. Rico es el sabio; si no sabemos utilizar las riquezas, no podremos sacarles el provecho que nos brindan. Suena muy actual.
La cuarta y última petición explica la anterior en forma de una metáfora del oro: no debemos pedir todo el saber, propio de los dioses, pero sí pedir la mayor participación en la sabiduría que el ser humano pueda alcanzar. Esto es cosa imposible para el que no tiene autodominio ni moderación (intemperante);. En palabras del filósofo especialista en Platón, Konrad Gaiser, el temperante, que conoce los límites humanos, mediante el conocimiento de sí mismo alcanza en el más alto grado de la sabiduría que puede alcanzar el ser humano. Quien no tiene la presunción de ser un verdadero sabio, logra más que nadie la posibilidad de obtener lo necesario de la inagotable sabiduría divina.
Una oración racional y clásica donde las haya, para cualquier tiempo y lugar sobre todo para quienes gustan alimentar su espíritu de cultura pero son alérgicos a cualquier tipo de expresión religiosa.

Gabriel M.ª Otalora es escritor.

hey there

Enlaces recomendados: Premios Cine