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La educación valenciana, de espaldas a la sociedad del conocimiento

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Resultará una obviedad decir que los cambios en el contexto social y económico han conllevado la revalorización del conocimiento y de la información, convertidos ya en un recurso fundamental. Pero, en la cumbre de Lisboa de marzo de 2000, los dirigentes comunitarios reconocieron ese fenómeno y acordaron, para el horizonte del 2010, un ambicioso objetivo: "hacer de la UE la economía basada en el conocimiento más competitiva y dinámica del mundo". Para lograr tan plausible meta propusieron la modernización de los sistemas de educación y formación, reconociendo, de paso, el papel fundamental que éstos desempeñan en la estrategia económica y social y en el futuro de la UE. Por tanto, la modernización de los sistemas educativos constituye la respuesta a las demandas que una economía y una sociedad basadas en el conocimiento trasladan a aquéllos (López Rupérez);. Una de las demandas es un mayor poder cualificador. Necesitamos que los sistemas educativos, en todas sus etapas, proporcionen a cada ciudadano las competencias para desenvolverse con seguridad en la etapa educativa o laboral posterior. Otra demanda, una mayor inclusividad. La inclusividad entendida como la capacidad efectiva de los sistemas educativos de atender en su seno a muy amplias capas de la población con edades, condiciones e intereses diferentes. La tercera demanda, una mayor equidad. Sabemos que hoy la educación y la formación iniciales son cada vez menos suficientes resultando, por ello, cada vez más imprescindibles.

Por tanto, demandar hoy más equidad en los sistemas educativos implica procurar estándares educativos más elevados y mejores escuelas para todos. Finalmente, una demanda imprescindible para satisfacer las anteriores, hacer de la propia educación una profesión rica en conocimiento. Es decir, lograr que los sistemas educativos sean permeables a la gestión del conocimiento, a la cultura de la evidencia. Al respecto, decía el profesor López Rupérez: "un sistema educativo pilotado de espaldas a la gestión del conocimiento tiene la misma probabilidad de alcanzar metas de calidad que tiene un conductor con los ojos vendados de llegar a su punto de destino".
Pasemos ahora a comprobar en qué medida la educación valenciana está siendo pilotada hacia la sociedad del conocimiento, a partir de diversos indicadores oficiales elaborados por el MEC y varios informes de la Fundación Jaume Bofill.
1. Indicadores de inclusividad: La tasa valenciana de escolarización (c. 06-07); en Ed. Infantil de 0-3 años era de un 11,4%, y la media de España es de un 18%. Nuestra tasa neta de escolarización a los 17 años (c. 05-06); era del 69,8%, y la de España era del 75,7%.
2. Indicadores de cualificación: La tasa de fracaso escolar (c. 04-05); en la CV se eleva al 35,9%, y la media de España asciende al 29,6%. En 2006, el abandono educativo prematuro en nuestra Comunidad era del 30,3%, y la media española del 29,9%. También en 2006, el nivel de formación de la población joven era del 61,8%, 2 décimas por encima de la media española. Tal vez, si nos comparamos con los objetivos europeos para el 2010 (situar el abandono educativo prematuro, como máximo, en el 10%, y garantizar que, como mínimo, el 85% de las personas de 22 años acaben alguna enseñanza postobligatoria);, comprenderemos mejor nuestra situación y el largo camino que nos queda por recorrer.
3. Indicadores de financiación: En 2005, el gasto público por alumno de centros públicos ascendía en la CV a 4.840 euros, y en España a 5.299. El mismo año, el gasto público por alumno en centros privados concertados ascendió en la CV a 2.721,2 euros, y en España a 2.446.
4. Otros indicadores: En cuanto al grado de permeabilidad del sistema educativo valenciano a la gestión del conocimiento, basta con constatar el olvido reiterado de "la cultura de la evidencia" a la hora del pilotaje de la educación valenciana. Veamos algunas muestras de ello. La inexistencia de un sistema autonómico de indicadores que permitan observar cómo evoluciona nuestro sistema educativo. La negativa a participar en la evaluación internacional PISA, lo cual nos sitúa al lado de Extremadura y de Castilla-La Mancha, y alejados del resto de CC AA. La inconsistencia e incoherencia de las pruebas de evaluación diagnóstica realizadas, tan alejadas de las pruebas tipo PISA como poco orientadas a las "competencias clave" para la sociedad del conocimiento. El desconocimiento de políticas dirigidas a mejorar los resultados proporcionados por dichas evaluaciones diagnósticas, salvo una: el conocido plan Exit para la ESO. ¡Por no hablar de esa ingeniosa (¿arbitrista?); medida encaminada a mejorar las competencias en inglés de nuestros estudiantes, so pretexto de la EpC! O, ¿era al revés?
Para concluir quiero recordar las oportunas palabras del urbanista alicantino A. Vegara, en este mismo medio: "la gran apuesta de las ciudades (y regiones); que están compitiendo hoy en día no es por atraer turistas, ni tan siquiera atraer industrias, ni inversiones, ni eventosÉ la gran batalla va a ser atraer talento, formar a nuestra gente, retenerla, que encuentre trabajo aquí para que las personas más valiosas no se vayan a otros territorios y que venga gente de fueraÉ La gran batalla de la competición entre ciudades y regiones es la batalla por el talento y por impulsar la economía creativa". ¿Habrá que ir pensando, pues, en reivindicar un nuevo trasvase, un trasvase urgente de talento; para pilotar la educación valenciana hacia la sociedad del conocimiento?

Vicente Díaz Rodríguez es inspector de Educación.

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